Quiero compartir algunas reflexiones que planteé en la asamblea de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) en Santiago de Cuba el pasado 12 de junio del año en curso. Hay dos versiones que recorren los sitios: una en audio, y otra en video. Aquí dejo una tercera donde se resumen algunas ideas.

El hecho de que no me haya dirigido a la presidencia, no significa que pretendiera anularlos, sino que preferí dirigirme a a mis colegas, a los artistas, a los delegados para pensar y sensibilizar.

La primera idea que expuse, nada nueva, es que el mundo cambió. Todos estamos conscientes de eso, pero muchas veces no sabemos cómo actuar, cómo colocarnos. El acelerado desarrollo de las comunicaciones y el efecto de la globalización lo han transformado todo. También el contexto cubano. Nuestra gente y nuestro entorno cambiaron.

El joven intelectual no puede, no debe vivir con apatía e indiferencia ante su realidad. Forma parte de quienes deciden. Son, deben saberlo y estar conscientes, de que también son decisores. Tienen opinión. Influyen en nuestras comunidades.

No se deben ahuecar las palabras ni construir discursos con frases hechas ni dicharachos inapropiados. Repetir, por ejemplo, sentencias como "la cultura es lo primero que hay que salvar", "sin cultura no hay libertad posible" y festinar el concepto de Revolución nos hace poco creíbles. Hagamos todos los días, desde la práctica, el pensamiento de Fidel, hagamos todos los días cultura y Revolución. Tengamos claro que el arte de la oratoria forma parte del arte de la política.

Debemos tener claro quiénes son nuestros paradigmas hoy en la vida, en el trabajo, en la rutina. Qué representan.

Es importante la formación y superación constante, la inquietud profesional. Ellos harán de nosotros al verdadero intelectual, sin perder la sencillez, la humildad y la persistencia.

Debemos aprender a dialogar. El debate no puede ser en silencio; pero tampoco un espectáculo sin sentido.

Hoy no existe nada más transformador en nuestras comunidades que la comunicación y la cultura. Ellas juntas ejercen tiranías.

La lectura sigue siendo un ejercicio obligatorio. No se concibe a un artista, y mucho menos a un dirigente político que no lea, que no se informe. Los grandes artistas y líderes políticos han llevado hasta sus últimos días sus libros de cabecera.

Quiero recordar a dos personas inolvidables. No están físicamente, pero no voy a pedir para ellos un minuto de silencio. Ellos están presentes con su pensamiento, convocando con sus ideas: Fernando Martínez Heredia, Premio Maestro de Juventudes y el hermano mambí, de Baire, Eduard Encina.

 Fernando Martínez Heredia, presente con su pensamiento, convocando con sus ideas. Foto: Internet
 

Fernando nos dejó escrito un texto que me gustaría leyeran: Siete retos para los jóvenes de América Latina, Eduard nos dejó el espíritu.

Ser líderes implica responsabilidad, ética. Tu opinión deja de ser tuya para abrir y cerrar caminos; a veces, de algunos que nunca conoces; a veces, de quienes estuvieron más cerca en tu vida. Debes saber cómo andas, te vistes, cómo masticas los alimentos, que foto cuelgas y a qué le das Me Gusta en las redes sociales. Tu público sabe leerte, descodificarte. Sabe cuando mientes.

El péndulo comienza el retorno. Nos corresponde a nosotros refundar, sensibilizar, transformar y conectar con el arte, encender con la palabra, avivar las almas y la esperanza.

Quiero cerrar con una aseveración y quiero seguir creyendo en ella: en Cuba es posible fundar, construir y permanecer.