Cuando supe que Dayramir González anunciaba conciertos en La Habana, me propuse conocerle, y no solo ya desde la butaca paciente del público sino más cerca, de una manera más jovial y fuera de marcos formales.

Fue muy fácil porque Dayramir no se mantiene sentado en el piano, con una cara estirada y abusando de un reconocimiento internacional bien merecido. Es el músico grande del disco Habana en Trance, su primer álbum, de hace unos años atrás, pero ante todo es el muchacho de un barrio del Cerro que encontró en su familia el mejor ejemplo a seguir en tenacidad y dedicación.

foto del musico cubano Dayramir Gonzalez
Dayramir González, el músico es el único cubano residente en
Cuba que estudió en el Berkley College of Music en Boston

 

“Mis padres me enseñaron a soñar, a hacer todo lo posible por ese sueño y a enfrentar cualquier obstáculo que pudiera surgir en la vida. Les agradezco esas enseñanzas que hicieron de mí el hombre que soy, que además tuvo la suerte de estudiar música en Cuba.

“Soy un egresado de la enseñanza artística cubana y eso me ha permitido ser y hacer todo hasta hoy. Tuve unos maestros de lujo… Huberal Herrera, Miriam Valdés, Rosalía Capote, entre otros. Me decían, “¡Olvídate del papel! Cierra los ojos y siente la música. Del do al re no vayas rápido, deja que el sonido caiga”. Imagínate, dos horas para dos notas, pensaba yo, pero increíblemente me ayudaron a desarrollar una sensibilidad extraordinaria en esas clases magistrales.

“Esa manera de enseñar es la que yo repito con los 260 estudiantes en mi escuela en Estados Unidos, con los grupos de 7 a 10 y de 13 a 18 años. Allá los maestros mantienen distancia, no se puede tocar a los estudiantes, pero yo soy el resultado de las escuelas cubanas… Yo enseño piano, composición, teoría de la música y apreciación musical, pero con los métodos que yo conocí en Cuba. Firmo los documentos precisos y pido que coloquen cámaras, si es necesario, pero yo les coloco los dedos en el teclado, les indico cómo hacer y sentir la música… Así muestro los resultados de la enseñanza cubana”.

Eres el primer cubano residente en Cuba que llegó a la Berkley College of Music en Boston…

Sí, yo fui el cubano del Cerro que llego allí. En el 2007 yo estaba de gira con Karamba en España y viajé con 100 discos en una caja de mi disco Habana en Trance, que me abrió tantas puertas. Fue mi plataforma para saber quién soy yo, desde el punto de vista musical y hacer varias cosas a la vez.

“Estuve en una presentación en Zaragoza y allí estaba Liudmila Mercerón, que organizaba el concierto de Chucho, Bebo Valdés y Diego Edcigala en la plaza de toros de Zaragoza. Me dijo: “Negrito, te voy a invitar para que toques con nosotros”. Mi visión era hacer mi gira con Karamba, pero fui. Chucho accedió y fue emocionante tocar para 15 000 personas.

“Después la ESGAE en Madrid decide incluirme como uno de los pianistas y compositores que formarían parte de ella. Toque en España, hice mi lanzamiento del disco en varias plazas. Me pidieron que me quedara, pero no acepté, yo quise regresar a mi Cuba y fue la mejor decisión.

“En el 2008 tuve mi solidez musical aquí. Chucho me invitó a varias presentaciones. En el 2009 estuve con Habana de Primera, con Klimax y a finales de ese año supe de la convocatoria de esta escuela en Estados Unidos para todo el que quisiera postularse. No pensé que podía optar por ello exitosamente. Pero no se perdía nada con probar, solo bastaba con enviar la música.

“Supe luego que estaba en la preselección para las audiciones que se hacían en Madrid, México y Argentina. Fuimos Rember Duarte, Diana Fuentes, Denis Peralta y otros a México y después de la audición, que la hice muy bien estudiada, tuve mucha tensión porque solo se daban 7 becas. Luego recibí la buena noticia en mayo.

“La escuela es un terreno muy fértil. Me hicieron un examen del nivel de idioma, una audición de piano para saber mis habilidades y ha sido una experiencia exquisita porque muchos de mis héroes musicales me han dado clases allí.

“Oímos a Marc Anthony, Chic Corea,  Esperanza Spalding, y de momento cualquiera de ellos está en la escuela dando una conferencia. No tienes tiempo para perderlo, hay que concentrarse, estudiar y crea la propia marca. El reto no es estar ahí, es saber quién eres y que vas a hacer.

“Después estuve entre los 5 pianistas de la escuela en el 2012 y el 2013 porque los cubanos tenemos una forma un poco agresiva de tocar el piano, pero también tenemos la herencia de Lilí Martínez, es una fórmula que no hay quien la pare”.

Tienes un estilo abierto en tus conciertos, tienes mucha energía…

Me interesa siempre pensar cómo acercar al público a mi mundo musical. Uno siente una separación de energía entre el escenario y el público cuando las personas están con caras largas en sus asientos y el músico en lo suyo, distante. Lo ideal es atrapar al público y crear ese ambiente cálido entre todos para que la comunicación entre el artista y el público fluya.

Es que también se disfruta tu versatilidad…

Yo soy un músico con formación clásica que tiene la oportunidad de escribir para orquesta sinfónica y bailable, no soy solo músico de jazz. Tengo un espectro musical grande y tengo entre mis ambiciones demostrarle al mundo todo lo que tengo dentro. Anhelo que no me encasillen. Tengo un diapasón de la pluma, de la composición que puedo hacer desde pop hasta jazz.

¿Cuáles son tus proyecciones inmediatas?

Iré a tocar en octubre con la orquesta sinfónica de Praga y saldrá el 20 de octubre bajo la discográfica Sony mi próximo disco. Hay cinco temas que ya se están dando a conocer como estrategia de promoción. Es un recorrido por la Habana en Trance, es Dayramir, como siempre, pero con otros ingredientes.