Daniele Santana es actriz del grupo brasileño Contadores de Mentiras. Llegó a Santa Clara acompañada de su director, colega y pareja Cleiton Pereira. Este es el primer Magdalena sin fronteras al que asisten y también su primera visita a Cuba. En la sede del Estudio Teatral presentó Rito de partida, una muestra de varios fragmentos de obras del grupo.

Un texto publicado en el boletín que envía la revista Conjunto, mencionaba la presencia de tu grupo en un festival en Brasil donde estaba invitado Eugenio Barba.

Es un encuentro que organizamos a partir de estudios concebidos para nuestro propio grupo; se llama Oficio y raíces, y tiene la característica de no ser abierto para el público, solo las presentaciones de obras. En Contadores… estamos al pendiente de lo que sucede en el mundo con otros teatristas y grupos. Nos interesa intercambiar con maestros y maestras con los que sentimos que tenemos cosas en común, o que nuestro grupo quiere conocer mejor. El objetivo es encontrarnos con personas que son referentes sólidos para nuestra historia, nuestros estudios, y que son próximos de alguna forma a lo que hacemos.

El primer festival lo hicimos con una agrupación de Río Grande do Soul, del propio Brasil; a continuación llevamos a Eugenio Barba y Julia Varley a nuestra sede en Suzano; luego viajamos a Ecuador y estuvimos en el espacio del grupo Contraelviento Teatro; después nos trasladamos a Lima, Perú, para intercabiar con el maestro Lucho Ramirez.

Oficio y raíces tiene la tradición de ser una investigación profunda sobre alguien o un asunto en particular. Es una manera que tiene nuestro grupo de alimentarse también.

Oficio y raíces tiene la tradición de ser una investigación profunda sobre alguien o un asunto en particular. Es una manera que tiene nuestro grupo de alimentarse también. Nosotros desarrollamos muchos proyectos de formación: para chicos que están comenzando en el mundo del teatro y la actuación, o bien para chicos que ya tienen experiencia en el escenario. Siempre nos alimentamos con este trueque.

Para nosotros, este encuentro es un momento en el que nos devolvemos el conocimiento, nos dejamos ser conducidos, porque el resto del tiempo estamos guiando a otras personas y otros grupos.

¿Cómo llegas a Cuba?

Cuando fuimos a Ecuador para participar en el encuentro Oficio y raíces, estaban Verónica Falconni y Patricia Ariza; ellas nos invitaron a volver para un festival que se llama Encuentro de los hermanos, donde Cleiton y yo llevamos la demostración que presentamos aquí, porque no teníamos recursos para viajar con todo el grupo. En ese encuentro estaba participando también Roxana (Pineda), ahí nos conocimos y empezamos a conversar sobre el teatro, la mujer en la escena, las inquietudes que tenemos en común, y las artes escénicas en Brasil. Ella vio mi demostración y me invitó a participar en esta edición del Magdalena en Cuba, que es una patria de fuerza para nosotros.


Daniele Santana, actriz de Contadores de Mentira; y Roxana Pineda, directora de Magdalena sin Fronteras.
Foto: Perfil de Facebook de Contadores de Mentiras.


¿Quiénes son los Contadores de Mentiras?

Somos un grupo de personas que hacemos arte público, y estamos al frente de muchos movimientos sociales y luchas. Compartimos el sueño de tener al teatro como guía e instrumento para intervenir la sociedad. No es un espacio de vanidad, de mostrar: “miren qué buen actor soy o qué buena es mi técnica!”.

Tal vez no podemos cambiar la sociedad toda, pero al menos una parte, y si esto no fuera posible, todavía podemos cambiarnos a nosotros mismos. Ese cambio nos transforma a diario, quizá no podremos hacer una revolución, mas podemos hacer pequeñas revueltas diarias.

El contacto humano es cada día más distante. La televisión, y sobre todo Internet, atentan contra la cercanía y la comunicación entre los seres humanos. Todavía hoy el teatro es una de las pocas vías y expresiones artísticas que necesitan presencia en vivo para que suceda, entonces, es sobre todo un encuentro humano; para nosotros ese es el motivo de nuestro trabajo. Tal vez no podemos cambiar la sociedad toda, pero al menos una parte, y si esto no fuera posible, todavía podemos cambiarnos a nosotros mismos. Ese cambio nos transforma a diario, quizá no podremos hacer una revolución, mas podemos hacer pequeñas revueltas diarias.

¿Cuántos actores integran el grupo?

Somos 11 personas en total, pero trabajamos siete frecuentemente. Tenemos actividades todos los días. Realizamos proyectos de formación para alumnos, pero tratamos de garantizar un horario para entrenar en nuestro espacio al menos tres veces por semana. Si estamos en la etapa de montaje, de búsqueda y construcción de una obra, entonces dedicamos más tiempo a la investigación; estudiamos y ensayamos en paralelo con el entrenamiento diario.

La obra entonces se contamina con el entrenamiento habitual, porque este no es solo físico, también es un ejercicio para los músculos de la imaginación. A veces llegamos y el entrenamiento consiste en hablar sobre nuestra vida cotidiana y nuestros problemas económicos, que son muchos; a quién del grupo tenemos que ayudar para que no se vaya, eso pasa con muchos grupos de teatro, los actores se van por problemas económicos.

Si alguno de nosotros está haciendo una investigación individual, sobre clown, por ejemplo, lo debatimos en colectivo. Ese actor o actriz lo incorpora al entrenamiento y discutimos si puede servirnos para una obra o nos quedamos con ese aprendizaje como conocimiento; de modo que la preparación no es la misma siempre.

foto de la actriz brasileña Daniele Santana
Daniele Santana en Espacio de pensamiento Vidas: Grupos, Teatro y Realidad.
Foto: Perfil de Facebook de Contadores de Mentiras.

 

En la demostración que hiciste, había mucha base de la cultura afrobarasileña. ¿Es una práctica habitual en el grupo o lo has elegido como un camino individual?

Todo el grupo ha estudiado este tema. Yo me quedé con una orisha, Iansã, que es la deidad Oyá acá en Cuba, porque me servía para mi personaje Medea. Cuando empezamos a estudiar este tema y conocer con mayor profundidad esta religión, nos dimos cuenta de las desigualdades y prejuicios que pesan sobre las personas que profesan estas creencias religiosas. Sus credos y luchas son nuestros también.

Pensamos que con nuestro trabajo desde el teatro podemos ayudar en esa lucha. Si bien no somos políticos ni tenemos dinero, nuestro aporte es a través del arte.

En Brasil se tiene la percepción de que la cultura y religión afrobrasileña son diabólicas. Pensamos que con nuestro trabajo desde el teatro podemos ayudar en esa lucha. Si bien no somos políticos ni tenemos dinero, nuestro aporte es a través del arte.

Esta creación no solo es una obra artística sostenida por fundamentos técnicos, una búsqueda estética y una investigación documental, es una manera de defender esta cultura. Con esta puesta sufrimos agresiones y ofensas. Varias veces tuvimos que parar en medio de la función porque la gente comenzó a gritar que éramos diablos y eso no era teatro, sino macumba, un término peyorativo que se usa en Brasil. Si a nosotros, que somos artistas y nos hallábamos en un lugar donde teóricamente no existen esos prejuicios, nos dijeron eso, imagina lo que le harán a los creyentes de esa fe, en sus espacios, en sus templos.

Por eso utilizamos nuestro arte, para dar voz a ese pueblo y esa cultura que está siendo masacrada, cercenada. Aunque haya una parte de la sociedad que no quiere que hablemos de eso, seguiremos haciendo la obra hasta que seamos ancianos y ya no tengamos fuerza; entonces se la enseñaré a otra actriz.

foto de Rito de partida, Daniele Santana
Rito de partida, Daniele Santana. Foto: Jorge L. Baños

 

¿Cómo te desempeñas dentro de la rutina cotidiana del grupo?

Soy actriz y profesora; en el grupo tenemos un espacio pedagógico. Antes de la carrera actoral yo me dedicaba al magisterio. Luego dejé de dar clases, pero como actriz imparto talleres en las escuelas a niños de hasta 11 años. Me gusta dar clases y siempre me he mantenido cercana a los niños. Imparto clases con los tambores, mezclamos música y danza. Por lo que te explicaba antes con respecto a la cultura afro, los tambores en mi país están marcados por el cliché. Hay escuelas donde me ven y dicen: “Ahí viene la defensora de los afro”. Yo me peleo con ellos, pero luego vuelvo. Dentro del grupo tenemos líneas de investigación sobre el teatro antropológico. Particularmente yo estudio la técnica de la precisión, que la interpretación no sea algo automático, sino orgánico, que llegue al público de forma natural.

Me interesa que la gente participe en la obra, porque ellos están dedicando tiempo de su vida a ir al teatro y vernos. Tenemos que estar agradecidos por eso. Cleiton siempre dice que el público es un coproductor de la obra, porque les damos imágenes y metáforas, y ellos nos las devuelven con su interpretación; cada uno crea a la vez su propia obra mediante sus referentes y sentimientos.

Hay más hombres que mujeres trabajando en la escena en mi país. Tampoco es una disputa de espacio, pero queremos entender por qué son menos las mujeres en este oficio. No tengo respuestas ahora mismo para esas interrogantes, me hago las preguntas para encontrarlas y por eso vengo también a estos festivales, para exponer mis dudas y encontrar respuestas.

Además, en Brasil los negros tienen muchas dificultades para trabajar, y el teatro no es la excepción. A la mujer, y más la mujer negra, es muy difícil verla, presentarla y representarla. Por ahí van mis preguntas, llegué a Cuba con muchas, y así me voy, sin respuestas. Regresaré a mi país para reflexionar sobre esto y creo que puedo llevar eso a mi trabajo. Estoy segura de que la demostración que hice aquí ya no será la misma, porque me voy cambiada después del contacto con la gente en este festival.


Rito de partida, Daniele Santana. Foto: Jorge L. Baños

 

¿Ese compromiso social es igual para todo el grupo?

Es una lucha en común, por eso creo que hemos permanecido juntos durante tanto tiempo. La lucha de uno es la de todos. El teatro es nuestra herramienta para asumir una crítica, una posición de reflexión. Claro que tenemos diferencias, pero tratamos de llegar a un consenso; la búsqueda de transformar la sociedad es un deseo de todos nosotros, porque miramos hacia un mismo lugar.

¿Existe un Magdalena en Brasil?

No con este nombre. Sé que hay tres festivales parecidos a este: hay uno al sur del país, otros dos en Brasilia y Río de Janeiro. En Sao Paulo va a empezar a celebrarse uno.

¿Cuál es su opinión sobre esta red que se agrupa para discutir sus problemáticas como mujeres del teatro?

Para mí es imprescindible esta cita presencial; tiene una fuerza, un aura, una energía que se siente aunque no participes. Este encuentro fortalece a las mujeres en este espacio, en su oficio; estimula a otras que no han venido aquí todavía. Tenemos un legado muy pequeño de mujeres que escriben y piensan el teatro; los dramaturgos e historiadores son mayormente hombres.

De aquí a 50 años ya existirán libros de mujeres, entrevistas sobre teatristas que piensan de otra manera, no con la estructura patriarcal. Conocía de estos encuentros antes de llegar aquí y me sentía muy orgullosa del Magdalena. Otras mujeres en el mundo siguen estos encuentros y están muy pendientes de lo que sucede en festivales como estos. Mi sueño es que cada vez más mujeres negras se integren a estos espacios y sean visibles.