En Caracas, la autoproclamada Mesa de la Unidad Democrática (que por sus siglas se anuncia como MUD, que suena a MUDA, pero que sobre todo parece ser CIEGA) sigue confundiendo sus deseos con la realidad, y queriendo confundir a los demás.

Así, y desde ya, sueñan sus miembros con un “acuerdo de gobernabilidad” para un supuesto “gobierno de unión nacional”, toda vez que hayan conseguido “el cambio y superado el actual régimen”, en palabras del diputado Henry Ramos Allup. A todas luces, Allup es un hombre de fe, una fe tan pero tan grande que le impide ver la verdad reluciente, aunque esté a cuatro dedos de sus narices.

Según él, ese gobierno centraría su atención en un “un plan de acción inmediata a la crisis humanitaria con énfasis en alimentación, abastecimiento, precios, salud, medicamentos y atención”.


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Curiosamente, ese enunciado puede ser tomado como una lista muy completa de todos los palos que dicha oposición ha ido metiendo entre las ruedas del gobierno para impedirle avanzar. Es casi una confesión, un mea culpa disfrazado de plan salvador, un reconocimiento de todo lo que no les ha funcionado para quitar a Maduro de en medio y que solo ha servido para entorpecer la vida del venezolano de a pie.

Y asciende en su hipocresía al grado sumo cuando afirma que: “Todas nuestras acciones y políticas, tanto desde el gobierno como en la lucha por alcanzarlo, tendrán a los venezolanos más desfavorecidos y vulnerables como objeto central y permanente de su gestión”. Hasta ahora esos “venezolanos más desfavorecidos y vulnerables” solo han sido tenidos en cuenta por la oposición como carne de cañón, que ya casi llega al centenar la cifra de muertos generada por la violencia opositora, casi un muerto por día, y ninguno de los que han perdido la vida proviene de las clases altas.

Habría que preguntarle al señor Allup de qué manera pretende “superar la pobreza”. No hay que ser adivinos para adelantar que el suyo sería un plan muy a lo Macri en la Argentina, que prometió el oro y el moro durante su campaña y que en la práctica no ha hecho otra cosa que desmantelar todos los planes de beneficios sociales y protección de los trabajadores que encontró al asumir el poder.

Sueña Allup, y con él la oposición sueña, y sueña la pulga con comprarse un perro. Soñar no cuesta, lo que cuesta es despertarse y confrontar la realidad, y eso ha de suceder el 30/J, durante las elecciones para la Constituyente, en que otra vez el pueblo venezolano, el pueblo de verdad, como otras tantas veces, dirá la última palabra.