Andrea Hermoso, Viceministra de Planificación Comunicacional del Ministerio del Poder Popular para la Comunicación y la Información. Conferencia “Periodismo, fake news e intoxicación digital”.
 

El avance que queremos dar es la búsqueda de la verdad en la comunicación digital.

Tenemos como reto que esa brecha generacional que se ha abierto con estas nuevas tecnologías digitales, que está siendo utilizada para el consumo, se consiga trabajar para no dejar morir la ética periodística, la veracidad, el criterio editorial.

Todos somos comunicadores en potencia y debemos prepararnos para participar de un nuevo espacio de comunicación que debe ser tomado por la verdad, la conciencia y el empoderamiento de nuestro pueblo.


Foto: Internet


Se necesitan periodistas que vean en los medios digitales una oportunidad de seguir difundiendo la verdad, depurar y publicar información de calidad para nuestro pueblo y para el exterior, limpiar los prejuicios.

Las fake news son todas esas noticias que nos presentan como realidad cuando aún no tienen ningún tipo de basamento objetivo, verificación, criterio editorial; y la postverdad es la circunstancia en la que el discurso emotivo y las creencias personales tienen más valor que la veracidad de un hecho. Ambas naturalizan la mentira ante un usuario desprovisto de herramientas para enfrentarse a todo ese maremágnum de información falsa y no verificada al que está sometido diariamente.

De Venezuela se difundieron noticias falsas sobre represión policial a manifestantes y, rápidamente, se evidenció que era un montaje de una foto de una manifestación en Egipto.

Las noticias falsas nunca antes habían tenido tanta repercusión como ahora. Recibimos, a diario, gran cantidad de información, y en nosotros está la responsabilidad de creerla o no.

Este fenómeno ocurre por la posibilidad de generar dividendos. Más allá de la imposición de matrices, las noticias falsas son más visitadas y generan más dinero.

En el periodismo digital, ha surgido el fenómeno de los ‘medio periodistas’, personas que fabrican noticias —sin importar si son falsas o no— con un lineamiento específico; no manejan un código ético y su prioridad no es el reporterismo de calle; tampoco verifican fuentes ni contrastan, y eso genera noticias repetitivas o informaciones hechas por terceros.

No hay reporterismo ni la visión propia del medio sobre el hecho, y se da la pérdida de profundidad y contexto.

Se supone que ahora el conocimiento es libre y todos somos capaces de generar información. Estamos en la era de la libertad y el conocimiento, pero todo es una farsa, la realidad es que estos mismos espacios y redes sociales nos mantienen como tribus virtuales.

Vivimos en un efecto burbuja, generada y controlada por ellos mismos, pero publicitada como libertad.

Creemos que tenemos acceso a una gran cantidad de información, visiones, opiniones; sin embargo, la realidad es que solo vemos diariamente las mismas opiniones, las mismas informaciones de las mismas personas, y esto es utilizado por las mismas redes para darnos la información que ellos saben que queremos tener.

Es un reto, nos apoyamos en el legado que nos dejó Chávez y en la Constitución Bolivariana de la República de Venezuela que, en su artículo 28, expresa que toda persona tiene derecho de acceder a la información y datos que sobre sí misma o sobre sus bienes consten en registros públicos, comerciales o privados.

El Estado venezolano tiene el deber y el derecho de informarle, advertirle a cada persona que tenga acceso a una red social, que está entregando sus datos y privacidad —información de cómo actúa, qué le gusta, qué comenta— a corporaciones trasnacionales.

Tenemos leyes que protegen a nuestros ciudadanos, nuestro deber es asumir esas leyes para proteger nuestro derecho.

Es necesario convertir a nuestros jóvenes en usuarios digitales responsables; y enseñarles el valor de la fuente, de conocer la fecha exacta y cotejar la información.