A inicios de mayo el ensayista Ernesto Limia y el músico Raúl Paz comenzaron un singular proyecto que pretendía, a través de las artes, integrar a las generaciones más jóvenes al proceso de construcción de la cultura cubana. Partiendo del concepto de hacer cultura en Revolución, ambos creadores organizaron una serie de conversatorios y conciertos en todas las provincias del país, orientando sus encuentros hacia estudiantes de las universidades pedagógicas y miembros de la Asociación Hermanos Saíz.

Luego de 13 presentaciones bajo el título de Diálogos itinerantes… Pa´ conectar los sentimientos, solo resta a este dúo tres sitios por visitar. El primero de ellos, Pinar del Río, los días 5 y 6 de junio; mientras que para el 8, 9 y 14 se reservó espacio en la capital, primero en el Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona, luego en la escalinata de la Universidad de La Habana, y más tarde en la Universidad de Ciencias Informáticas (UCI).


Infografías Dariagna Steyners


Las sesiones, que han incluido la presentación del texto de ensayos Cuba, ¿fin de la historia? y los propios conciertos —acompañados por estudiantes de las escuelas de arte y representantes de otras instituciones—, han demostrado el valor de combinar experiencias y propiciar un diálogo intergeneracional más flexible y cercano a los referentes de la juventud cubana.

Según Ernesto Limia, ha sido un aprendizaje en ambas direcciones: “Nos hemos encontrado preguntas muy inteligentes que nos han obligado a dar respuestas agudas. Se demostró que nuestros jóvenes tienen un gran compromiso con la Revolución y con los desafíos que tiene; pero que nos falta creatividad para acercarnos a ellos”.

¿Cuál ha sido tu mayor sorpresa durante toda esta primera etapa de la gira con Raúl Paz?

En los últimos tres años he realizado 78 presentaciones de mis libros en casi todo el país. Solo me falta ir al municipio especial Isla de la Juventud, Mayabeque y Artemisa; estas dos últimas las visitaré en los próximos días. La gran mayoría de los encuentros se han desarrollado en instituciones universitarias, de la enseñanza media y la cultura. De ese total, como parte de los Diálogos itinerantes… hemos tenido 18 intercambios. Es difícil que algo pueda sorprenderte después de tanto debate. Quienes piensan que los jóvenes cubanos están perdidos y desde esa errada percepción ven con pesimismo el futuro, solo muestran su incapacidad para descubrir la esencia de nuestros hijos y nietos. En toda Cuba se respira un patriotismo impresionante y, sobre todo, confianza en nuestras posibilidades de construir un país mejor.

Ese compromiso está signado por el interés de un mayor protagonismo en la vida nacional, lo que resulta legítimo porque el socialismo se sustenta en la democracia participativa; de hecho, no hay mayor antídoto contra la apatía a la que nos pretende arrastrar la seudocultura vendida por la ideología neoliberal con no pocos consumidores ya dentro de la Isla, que el interés apreciado entre nuestros universitarios —y su claustro de profesores, también muy jóvenes—, por tomar las riendas de un proceso del que ya son indiscutibles protagonistas. Presentarlos como el “relevo” solo conduce a autodestructivas brechas generacionales y a fomentar la indiferencia ante los desafíos sociales que tenemos por delante. Ellos quieren misiones, quieren sentirse convocados a encontrar las soluciones transformadoras desde su universo creativo. Están ávidos de sentirse parte activa de esta avalancha indetenible que es la Revolución. 

¿Cuánto hay de cierto en el mito de que a los jóvenes solo les interesa el reguetón o, cuando más, la música comercial?

Sería ingenuo desconocer el alcance reduccionista del reguetón y de la música comercial entre segmentos considerables de nuestro pueblo, sobre todo porque en esta gran pelea en la que estamos inmersos faltan propuestas que sirvan de contrapeso. Pese a ello, es falsa la afirmación de que los jóvenes estudiantes solo aspiran a esa producción seudocultural; por el contrario, se quejan de que lo recibido los deja insatisfechos. Se constata falta de coherencia entre la política cultural de la Revolución y su instrumentación en la vida cotidiana. Nuestras instituciones están llamadas a desempeñar un rol más activo en la formación de los públicos y en la promoción de la vanguardia artística.

Los jóvenes y profesores universitarios con los que intercambiamos reciben con interés a artistas que no gozan de la atrayente y activa promoción de los reguetoneros —favorecidos, incluso, por la producción audiovisual. No pocos se quejaron en los debates, tanto en las universidades como en las sedes provinciales de la Asociación Hermanos Saiz, de la tiranía del mercado musical en manos de personas vulgares e inescrupulosas. Se aprecian diversas condicionantes: desde falta de intención entre quienes se encargan de animar espacios bajo formas de gestión no estatal y en muchos adscritos a empresas del Estado, que no se percatan del riesgo de preterir nuestros valores más genuinos y estimulan el consumo de un supuesto arte caracterizado por expresiones misóginas, homofóbicas y racistas —inconsecuentes con los valores defendidos por la Revolución—, hasta casos en los que media el dinero para planificar la programación. Frente a tal retroceso ético tenemos el desafío de combatir las conductas conducentes al neoliberalismo, a partir de la formación de un sujeto culto y sensible que abogue por un arte emancipador. Es por ello que se reclama una mayor articulación y coherencia en el trabajo de las instituciones educativas y culturales.     


¿Qué nuevos espacios podrían abrirse con propuestas como esta que ustedes han venido desarrollando?

Decir que la escuela tiene que convertirse en la principal institución cultural de la comunidad, lleva un programa que ponga el arte y la literatura al servicio de la docencia y la formación humanista de niños y jóvenes. Se impone avanzar con compromiso social y conciencia de los retos que enfrentamos; la cultura está en peligro y trabajar por un arte de elites a la larga nos desintegra como nación. Urge acercar nuestra vanguardia intelectual a las bases populares, único modo de contrarrestar los efectos adversos de la denominada cultura de masas —esa de los enlatados recibidos por el paquete semanal y hasta en la televisión nacional—, y ello implica encontrar los códigos necesarios para comunicarnos. Todo lo que hagamos en esa dirección es poco. Con los Diálogos itinerantes mostramos apenas un modesto camino; no tengo dudas de que hay muchos más, que saldrán de la maravillosa reserva de creatividad de nuestros escritores y artistas.

¿Qué significa, en términos de comunicación, que el presentador de tu libro, que no es un texto ligero, sea Raúl Paz?

Significa que la Revolución emancipó al ser humano y le permitió conseguir sus metas sin importar el origen social. Raúl Paz, un humilde pinareño beneficiado por el programa de Casas de Cultura y el sistema nacional de enseñanza artística —estudió Canto Lírico en el Instituto Superior de Arte—, no es solo un artista querido por nuestro pueblo por su acreditado talento y sencillez. Es, sobre todo, un intelectual culto y sensible que siente la responsabilidad de aportar a su país. En el orden simbólico ello tiene un doble significado: en primer lugar, nuestros “famosos” pueden ser muy diferentes a esos paradigmas banales que nos venden a diario los hacedores de marcas de la multimillonaria industria de la publicidad; en segundo lugar, si todos nos unimos y concertamos intereses para poner de moda el pensamiento y la inteligencia, le habremos asestado un golpe mortal a la ideología neoliberal que intenta exacerbar el individualismo extremo, la ley de la jungla, para imponer los designios de las transnacionales.    

¿Despierta verdadero interés por el libro o no pasa de ser un acto meramente ritual?

Al parecer existe interés. Hubo hasta empujones para alcanzar un ejemplar en varias de las presentaciones, pues como se trata de una donación de la casa editora australiana Ocean Sur, la entrega es limitada; no obstante, eso no significa necesariamente que luego la gente se lea el texto, a veces responde a una motivación circunstancial. Hemos hecho un gran esfuerzo por sacar las ideas del libro para ponerlas a dialogar, dormir cada dos noches en una cama diferente durante todo un mes es una verdadera pesadilla. Considero que ha valido la pena y Raúl también está muy contento, de esos intercambios aprendimos y aprehendimos mucho, pero hay que esperar por los resultados en la práctica. Tendremos que encontrar fórmulas para retroalimentarnos de lo que sucedió tras su lectura, si es que realmente se lee; aunque yo creo que sí. 

¿Qué expectativas tienen con el concierto en la Escalinata de la Universidad de La Habana, el venidero 9 de junio? ¿Hablarán sobre el libro allí?

El 9 de junio tendremos una fiesta del arte como colofón de nuestros Diálogos itinerantes…, que en cada lugar visitado han culminado con un emotivo concierto de Raúl con participación de la vanguardia artística juvenil de cada provincia. En la Escalinata habrá poesía, décima, repentismo, música clásica, danza, teatro, canción, artes visuales. También debates a partir de la concertación de varios espacios habituales en la capital. Los jóvenes de nuestras escuelas de arte tomarán La Rampa, el entorno de la Escalinata, y hasta los ómnibus urbanos. Será un día memorable. Algo se dirá del libro, como en todas partes, pero no será lo más importante. Ese día la vanguardia artística cubana hará suya una vez más la máxima de Fernando Ortiz: “La cultura es la Patria”.