Este texto es una entrevista, y como tal debe leerse… y el propio Andrés Machado Conte, al encontrarse con estas palabras sonreirá, porque de seguro recordará a Guillermo Vidal, ese excelso narrador coterráneo suyo, sí, de Las Tunas, que publicó su Matarile para que el loco Toño tomara las riendas de la palabra.

Y no, no me malinterprete ni usted, ni Machado Conte. No es él un Toño enloquecido en medio del periodismo, o tal vez sí, si puede algún día perder la cordura quien decide dedicar su vida a salvar una nación. “No es cosa de juego”, me dice. “El periodismo cultural no es publicidad ni promoción…es ejercicio del criterio, es un compromiso con la obra de arte. No, mejor dicho, el periodismo cultural, viéndolo así, como una vertiente en sí mismo, es una actitud ante el talento, el pensamiento y la creación”.

 Abel Prieto, Ministro de Cultura, entrega el Premio de Periodismo Cultural a Andrès Machado Conte.
Foto: Cubadebate

 

Entonces él, Machado Conte, insiste en que se trata de instruir y de facilitar que las personas interactúen con la creación. “La mayor y más fuerte de las batallas, la que sea, se gana en la frontera del espíritu y no olvido a Fidel cuando dijo en aquel congreso de la UNEAC en 1998 que lo primero que hay que salvar es la cultura, para con ella salvar la nación. Eso es lo que intento hacer, eso es lo que debe hacer un periodista cultural, a partir de la obra de los creadores”.

No era su idea, no. Treinta años atrás este Toño del periodismo trabajaba en Radio Victoria, en Las Tunas, en el área de la propaganda. Inició un vínculo fecundo con la Asociación Hermanos Saíz del territorio, ocupó la vicepresidencia allí, y cuando llegó al Periódico 26, tal vez fue esta la credencial que esgrimieron quienes lo conocieron bien. Se dedicó a otras actividades, pero al poco tiempo, cuando el matancero Mauricio Castillo decidió regresar a su ciudad natal y quedó vacante, por tanto, su lugar de crítico acérrimo en el ámbito cultural, fue a él, a Machado Conte, a quien le cambiaron la vida.

Conflictos, problemas, malinterpretaciones…de todo hubo como era de esperar si de verdad era coherente con sus criterios y seguía la línea creada ya de velar por ese compromiso fiel con el arte. “Fue una especie de castigo regresar a la radio, nadie sabe. Los tiempos del Periodo Especial fueron muy duros para los periódicos y la radio estaba ahí, ávida. Entonces volví, y fue un lunes inolvidable aquel 4 de marzo de 1991. Seguí la guerra, ya no quise desprenderme del periodismo cultural y podría mencionarte a muchas personas que desde entonces marcaron mi vida, hasta la fecha, como Danilo Orozco, el poeta Carlos Téllez (director en aquel entonces del programa radial Atrapando espacios), Alberto Garrido, Andrés Carmona, Carlos Tamayo, entre otros”.

No imagino cuantas veces Machado Conte, o el Toño desenfrenado que habita en él, llegó hasta la tumba del general Vicente García en los días de aquel año, entre 1994 y 1995. “Fue un periodo difícil, muy difícil de mi vida desde lo profesional”. Y esa relación estrecha que mantiene con quien descansa en paz muy cerca de la tumba de su padre, quizá, le propició calma, serenidad, esperanza. “Como la mayoría de los tuneros yo admiro y defiendo a Vicente García, pero además le hablo, le pido luz en mi camino, le pongo flores, y hasta él siempre voy”.

Después, fue el asilo necesario. La capital fue el destino, y no olvida él, Machado Conte, el apoyo incondicional de Antonio Moltó y Tubal Páez. “Moltó me dijo que solo podía ofrecerme una trinchera, y lo acepté.  Llegué a Radio Rebelde como el último que llega a un lugar, a hacer lo que me tocara. Pero a Heydi González le agradezco que regresara a mis andanzas en el periodismo cultural desde esa emisora, y en publicaciones como las revistas Cine Cubano, el periódico del Festival de Cine, el portal Cubarte, entre otras”.

Recuerda que no fue hasta 1998, después de aquel mencionado congreso de la UNEAC, que se instauró el equipo de periodistas dedicados a la cultura en la emisora, y que después, Luis Morlote incentivó la redacción cultural en el gigante informativo Haciendo Radio.

 De izquierda a derecha: Antonio Moltó, Andrés Machado Conte y Tubal Paéz Hernández
 

Entonces revolotea nuevamente ese Toño escondido, ese músico frustrado que hace de Machado Conte un curioso desmedido de todas las artes. “Mi padre, trovador, nunca quiso que me regodeara en este ambiente de la cultura. Quería que fuera ingeniero. Yo lo desobedecí hasta el cansancio. Si, fíjate que fui tenor en la Universidad de Oriente y canto, todavía canto de vez en cuando. Pero estudié, sí, y sigo estudiando mucho. ¿De qué otra manera puedo saber que decir si de algo quiero escribir, y ante todo, opinar?”

Opinar está bien, es necesario. Ofrecer elementos razonables para que un criterio sea apoyado o no es también imperioso. Hacerlo desde los escasos minutos que se le otorgan al periodismo radial es, sin dudas, otra guerra.

“Y lo es, claro que lo es. Mucho aprendí de Franco Carbó y Alberto Fernández. Tal vez ahora, por los años, por la vejez que despierta respeto, puedo darme la licencia de hacer un comentario de hasta 3 minutos. ¡Pero eso nunca antes fue así! No podía pasarme de 1.40 minutos, posiblemente del minuto y medio, y todo debía quedar dicho en ese tiempo. Hoy puedo negociar más ese tiempo, pero creo que me lo he ganado”.

Reconoce él, Machado Conte, que ahora existen más espacios en los medios de comunicación para ejercer el periodismo cultural. “Y me alegra. Nos hacía falta”.

Crear. Es otra polémica. ¿Crea o no el periodista cultural? A Toño le brillan los ojos, a este loco por plasmar sus ideas con lenguaje radial en el papel o con vocablos de prensa escrita en la radio. A él, a quien le obsesiona la intervinculación artística, esa impureza de las artes que no permite que a cada una se le disfrute por separado, sin que la transposición artística se vislumbre.

“Si creamos, pienso que sí. Lo que tenemos que hacerlo cada vez más como escribiera Martí en una carta a Gonzalo de Quesada y Benjamín J. Guerra. Habría que precisar la fecha pero estoy casi seguro de que fue el 26 de febrero, dos días después del alzamiento. Embellezcan a Patria, sugería el Apóstol, y no es menos cierto que el periódico era una obra de arte. Escribamos con amenidad revolucionaria, convidaba. Y hay que seguir ese consejo, si en definitiva Martí sigue siendo el camino”.

No quiere él, Machado Conte, ser “ladrilloso, retórico y correr el riesgo de botar razones cuando se saca la hojarasca del lenguaje”. Admira en el periodismo del Apóstol el estilo, la altura lírica, el alcance estético, la obra de arte…Ese es el periodismo que yo quiero siempre hacer”.