Hace poco más de una semana, publicamos en La Jiribilla el artículo Descemer Bueno: el problema es que el sirope se vende, de la joven periodista cubana Gisselle Morales Rodríguez. Entre los comentarios recibidos, nos llegó una carta de Javier Otero, manager de Descemer en Miami, donde se le pedía a Anneris Ivette Leiva, quien cesó en sus funciones de directora en octubre de 2016, explicaciones por la publicación del mencionado artículo. En breve ofrecimos respuesta a la misiva de Otero y la ubicamos como un comentario más. Sin embargo, en la tarde del pasado miércoles 21 de febrero, CiberCuba dedicó dos artículos al tema, uno para glosar el texto de Gisselle y otro para dar a conocer la molestia de Otero ante el mismo, censurando de paso nuestra respuesta al atribulado lector, accesible en nuestra web desde el pasado 14 de febrero. En aras de enmendar este acto de censura practicado por CiberCuba, compartimos con nuestros lectores la carta en cuestión:


Lo que oculta Cibercuba 

 

De: Fernando León Jacomino, director de La Jiribilla

Para: Javier Otero y su equipo 

Fecha: 14 de febrero de 2018.

 

Estimados lectores,

Estoy en el cargo desde octubre de 2016, a partir de que Anneris tomó su debida licencia y comenzó el proceso de maternidad que le propician nuestras prestaciones laborales. Conozco a Descemer, he dialogado más de una vez con él y tengo, como ustedes, una valoración muy alta de su persona y de su talento; pero, al parecer, hasta aquí llegan nuestras coincidencias al respeto. Opino que reaccionar a una crítica de manera abrupta y mediante descalificaciones, ni ayuda al criticado ni facilita el diálogo. Gisselle Morales ha escrito lo que piensa, sin ofensas personales, derecho que le he escuchado defender (y le he respaldado) a Descemer mismo en más de una ocasión y a varios de los miembros de su equipo, cuando de apostar por sus canciones y criterios se trata. Solo que ella no piensa igual que quienes le colaboran al cantautor, correspondencia que, por otra parte, encuentro lógica, ya que todo empleo supone un determinado grado de identificación con la filosofía de trabajo y de vida del empleador. Por lo tanto, a Giselle le asiste el mismo derecho que a ustedes de pensar y actuar de modo coherente con su profesión y labor, y le asiste además el derecho de publicar su parecer en una revista que le abra sus puertas, como hemos hecho nosotros. No percibo falta de respeto personal en lo que escribe, leo solo opiniones sobre la proyección artística del cantautor, de modo que no habría por qué alarmarse. Si profundizan ustedes un poco más en el verdadero origen de esta ágil y efectiva crítica, verán que fue publicada antes (31 de enero de 2018), en el blog Cuba Profunda: https://cubaprofunda.wordpress.com/2018/01/31/el-problema-es-que-el-sirope-vende/ y reproducida inmediatamente por más de una publicación, lo cual nos hace preguntarnos por qué se aferran a nuestra versión y no a alguna de las anteriores, a pesar de que matizamos el título en portada y graficamos con una foto de Descemer y Kelvis, dialogando intencionalmente con la zona que a ustedes le interesa destacar dentro de la trayectoria de su representado. Prefiero culpar al azar de esta decisión, desechando de antemano cualquier otra posible hipótesis.

Relativo al texto, es claro que la autora no niega el prestigio de Descemer, sino que se refiere a una zona muy específica de su trabajo, con la cual ha decidido no comulgar. Hablando de reglas de mercado (en este caso del periodístico, y aquí me traslado a su misiva), no hace falta que usted ponga en circulación todos los temas de un disco para que la crítica se pronuncie sobre los que ya dio a conocer (¿o acaso hemos de aguardar la orden del compositor para emitir nuestros criterios?), ni es pecado aventurar una opinión sobre el todo, a partir de lo que nos enseñan algunas de sus partes, sobre todo si estas han sido escogidas como cartas del presentación del fonograma. El más elemental razonamiento indica que si usted salta al ruedo con una propuesta artística, sea cual fuere su intención o efectividad, abre un abanico de opciones interactivas que van desde las avalanchas de fans hasta los críticos, pasando por las más diversas mediaciones promocionales, empresariales y de todo tipo y carácter. De cualquier modo, se trata exclusivamente de una opinión, tan falible y legítima como cualquier otra.

El argumento de que la crónica pudo (o debió) haber incluido determinados antecedentes de la carrera del criticado puede ser válido, pero su inclusión o exclusión será siempre decisión privada del cronista, así como es decisión del receptor formarse una opinión sobre la crítica misma y expresarla, de una manera u otra, como ha ocurrido en este propio caso. Es un hecho probado que no podemos exigir a otros los textos que nos gustaría leer. En tal caso tendríamos que escribirlos, o cuando menos encargarlos, transacción mediante. Tocante a la revista, si bien no encargamos ese texto, suscribimos su perspectiva y nos pareció pertinente su publicación, sin ver en ello esa lápida infalible que resulta de su amplificación del problema. Es solo una opinión, Javier y demás colegas, un criterio pensado para su circulación online (de ahí su brevedad, su título y su tono), pero adecuado al perfil de nuestra publicación, en la cual, como puede constatar, ofrecemos derecho a réplica y cumplimos con nuestro deber de acusar recibo y responder a la correspondencia recibida. Esta “recomendación” desconoce además que la cronista parte justo del prestigio acumulado por Descemer para lamentar lo que ella percibe como negativo en la más reciente etapa de su creación, males que, efectivamente, critica también en otros autores dentro del mismo artículo, tomando siempre como referente a ese modelo de banalización en que ha devenido Shakira.

Pero no veo que tal operación convierta a la cronista en alguien que no está “muy orgullosa de su cubanía, de lo logros de nuestros músicos cubanos por el mundo, ni muy conforme con nuestra cultura o parte de ella (SIC)”. ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra? No hay que exagerar ni arribar a conclusiones descalificadoras, sin haber analizado previamente el asunto, por más que nos interese defender a un artista que, según su propio alegato (aquí volvemos a coincidir, momentáneamente), no necesita ser defendido, sobre todo si nos atenemos a lo mejor de su trayectoria artística.

En casos como este conviene saber, además, que el primer indicador de efectividad de una crítica es la respuesta que produce y que, de todas las reacciones posibles, las airadas y descalificadoras constituyen el sueño de todo polemista, ya que hablan mejor del crítico que de sus interlocutores.

Espero no haberles ofendido, aun cuando no coincida ni con sus puntos de vista ni con sus maneras de expresarlos.

Ha sido un placer dialogar con ustedes.