Hermano:
 

Hace tres años de tu partida y nos parece que fue ayer. El vacío que has dejado no hay quien lo cubra. No me refiero solo al dolor por tu ausencia. Ese es inevitable. Por suerte, mis colegas y yo escribimos mucho sobre ti a tiempo, pero, a la vez, siempre hay algo nuevo que decirte. No te imaginas lo que significa el hecho de haber logrado ser fiel a ti mismo, de ser tú. Nos dejaste un legado que no tiene precio.

foto de un concierto de Santiago Feliú
Teatro Nacional Sala Covarrubias. Foto: Kike


En tiempos como estos, donde los dueños del mercado persisten en corromper al arte desde el poder del dinero, nada más la posibilidad de mencionar tu nombre debiera bastar para sumir en la vergüenza a impostores de todo tipo: a músicos que, en medio del regodeo de una fama coyuntural, ni se imaginan el impacto de tu presencia como un medio para descubrir la falsedad que lleva implícita la mediocridad de sus lamentables propuestas.

Nada más la posibilidad de mencionar tu nombre debiera bastar para sumir en la vergüenza a impostores de todo tipo

En tiempos como estos, donde hay quienes, al vulgarizar sin medida el mensaje de las canciones, se empeñan en denegar el poder revitalizador del lirismo de la poesía, la escucha de cualquiera de tus discos les puede resultar muy desconcertante por el resplandor purificador de la belleza que acompaña a la virtud en tus canciones.

No todo en la vida tiene una explicación lógica y, en tal sentido, todavía no puedo comprender cómo logras trasmitirnos sentimientos enaltecedores con  la construcción de frases aparentemente incoherentes, textos que al ser por ti interpretados, es como si nos develaras el origen de la poesía misma. 

Para quienes insisten en jugar a ser músicos, les recomiendo que si nunca fueron a un concierto tuyo, traten entonces de acercarse a algún video de tus presentaciones para que, al menos, sientan el asombro que conlleva enfrentar el misterio de la creación artística. Si escucharte cantar desde tus discos implica un llamado para quienes necesitamos enriquecer nuestro espíritu, disfrutar de tu actuación es la confirmación de que somos testigos de la expansión infinita del Arte como componente esencial de la naturaleza.

Desde el instante en que te encaramas en la banqueta y haces sonar el primer acorde entre las cuerdas, nos percatamos de energías que, como corrientes incontenibles, se desprenden de un talento capaz de convertir a la Música en otra manifestación de la Verdad a través de la emotiva hondura del canto.

Asistir a tus conciertos es una experiencia vital que llega mucho más allá de la rutina de compartir cualquier espectáculo semejante. Es la posibilidad de aceptar, aunque nunca te diste cuenta, que eres uno de los elegidos por los dioses para sembrar en cada uno de nosotros la certeza de lo hermoso de vivir la vida hasta sus últimas consecuencias.

Un fuerte abrazo.