He leído cierto alegato de jóvenes cineastas cubanos, titulado “Palabras del cardumen”, donde estos afirman apostar por la desactivación de lenguajes viciados y miméticos, pero, en vez de un texto que justifique tamaña declaración, se aparecen con una soflama repleta de eslóganes, frases hechas y lugares comunes.

Por ejemplo, dicen oponerse a las “falsas esperanzas”, “al cine complaciente”, a “los idearios desgastados” y, ante esa andanada de tan pobre minería semántica, perplejo yo me pregunto cuáles serían entonces las esperanzas verdaderas, el cine arisco, o los idearios lozanos y relucientes.

También afirman apostar por un cine que dude —“porque fe que no duda es fe muerta”—, pero en parte alguna les percibo titubeo, empezando por la propia frase que citan; más bien dicho, el texto ensambla un rosario de adjetivos que excluyen cualquier matiz o trámite inteligente, tales como: desgastados, desconectados, falsos, burda, viciados, penoso, repudiable, lesivo, etc.

Caramba, me pregunto qué nación pretenderán reimaginar estos chicos con tan limitado patrimonio conceptual.

Y a ver, ¿por casualidad alguien creería en la buena voluntad de quien propone diálogo de iguales, pero poco antes estereotipa y tacha a su contraparte de impolítico, difamador, falto de ética, censor, y una larga lista de etiquetas vejatorias?

¿Para qué lectores va dirigido este texto? No, y ¿qué clase de cine haría quien se muestra tan falto de creatividad y estilo, y sobre todo, pretende convencer empleando un lenguaje de clara inspiración demagógica? Pero bueno, no seamos categóricos y démonos el beneficio de la duda: a lo mejor es que piensan hacer una película sobre la vida de Goebbels.


Luego de la polémica en torno a la pasada Muestra Joven, se convocó a cineastas y cinéfilos para la firma
del  manifiesto, con la etiqueta: #FirmoSoyCardumen. Foto: Captura del muro de Facebook de Cardumen