Sucedió días atrás, así que ya no es noticia ni necesito apresurarme. El más reciente Premio Pablo ha sido conferido a Ambrosio Fornet y las casualidades de la vida me han permitido ser testigo del momento, estar sentado al lado de don Ambrosio y felicitarlo escuetamente. No le he dicho (por pena y porque las circunstancias no eran propicias, pues si bien el acto resultó sencillo, estaba cargado de emoción), lo mucho que lo admiro y respeto por su dignidad literaria.

A la altura de sus 85 años, Ambrosio Fornet, con “el perfil quijotesco, la barba rala, estirpe de hombre bueno, ojitos pequeños y centellantes como el de un adolescente” −así lo describe admirablemente una crónica firmada por María Fernanda Ferrer–, recibió la loza diseñada por Alfredo Sosabravo, símbolo del premio, con sencillez, y sobre todo, con sinceridad: “El vínculo Pablo-Roa —que une al mismo tiempo mi vínculo muy modesto con Víctor, María y el Centro Pablo— parece justificar este Premio y hace que no me ruborice por el hecho de recibirlo, sino que lo agradezca y levante la cabeza, y con convicción diga: ¡tengo el Premio Pablo y estoy muy orgulloso! De eso, me puedo jactar”. Así dijo. Y como escribo desde una óptica muy personal me gustaron mucho sus palabras, por su significado y porque las acompañó el sentimiento. Para colmo de felicitad de Ambrosio, subió al estrado Silvia Gil, su esposa, amiga y compañera. Y como sucede en las películas de amor, que las hay muchísimas muy buenas, un beso selló el momento.
 

Ambrosio Fornet
Ambrosio Fornet agradece el Premio, junto a su esposa Silvia Gil y Víctor Casaus, director del centro Pablo
Foto: Cortesía Centro Pablo

 

Por suerte y por justicia, hoy día abundan los premios en Cuba. Premios para todas las disciplinas. El Pablo se otorga a personalidades e instituciones cubanas y de otros países que se hayan destacado en investigaciones, obras de creación y acciones encaminadas a promover y defender los valores de la identidad cubana y la solidaridad. Si el Centro Pablo ya sobrepasó sus 20, si Ediciones La Memoria llegó a las dos décadas, el Premio Pablo anda por las mismas cifras.

No es anual, ni bienal, se entrega cuando viene al caso. Entre quienes lo han recibido aparecen los siguientes: Alicia Alonso, Eusebio Leal, Teresita Fernández, Silvio Rodríguez, Sara González, Vicente Feliú, Omara Portuondo, Lino Betancourt, el grupo Moncada y un formidable etcétera.

Esto es prueba de que el Premio Pablo honra al galardonado, pero al mismo tiempo se honra por la selección de sus entregas. Tiene una argumentación breve, que Víctor Casaus, quien lo entrega, nos hace saber. Ambrosio Fornet lo recibe por “la agudeza de su pensamiento crítico que nos ha ayudado a pensar con cabeza propia los problemas de nuestro tiempo, por la consecuencia de su práctica intelectual a lo largo de estos años, por su sostenido e intenso aporte a la cultura revolucionaria de la Isla”.

Premio Nacional de Edición y Premio Nacional de Literatura, Ambrosio Fornet escribió el guión de la película Retrato de Teresa, un clásico de nuestra cinematografía. Víctor Casaus, director fundador del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, es coguionista de El hombre de Maisinicú y de Río Negro, también clásicos de nuestra cinematografía. Así pues, en esta ocasión el Premio Pablo quedó entre gente del cine, y tomando las cosas con un poco de humor, pienso que don Ambrosio puede considerar que el Pablo es un Coral Honorífico a la obra de toda su vida. No es un Oscar, tampoco un Globo de Oro. No va por ahí el Premio Pablo. Y es mejor que así sea, porque la justicia y la complacencia no suelen andar juntas de la mano.