Entre los acontecimientos teatrales más importantes del año 2016, se encuentra la gira del Odin Teatret por Cuba. Luego de su primera visita en 1986, el colectivo dirigido por Eugenio Barba regresó a la Isla con un exquisito programa que incluyó talleres, seminarios, demostraciones y espectáculos. Con más de 50 años de creado, el Odin, desde Dinamarca, ha representado para los teatristas cubanos una fuente inagotable de sabiduría y magisterio.

Son numerosas las influencias de este paradigmático grupo, único de su tipo en el mundo. Los teatristas cubanos han sabido absorber la sabia milagrosa del Odin, algunas experiencias con más resultados que otras, pero sin dudas, muchos se han mostrado fascinados por la antropología teatral, por los cuerpos de los actores, por sus cantos y sus rituales.

Las grandes ciudades bajo la luna
Las grandes ciudades bajo la luna. Fotos: Tomadas del sitio web del grupo


Esta gira incluyó a Santiago de Cuba, Bayamo, Las Tunas, Camagüey, Sancti Spíritus, Santa Clara, Matanzas, Pinar del Río y La Habana. Un intenso viaje a lo largo de la Isla que ha dejado una estela de asombros y memorias compartidas. En los seis espectáculos que nos trajo el grupo, están condensadas las búsquedas de muchos años y los alumbramientos de una experiencia teatral y de vida multicultural, antropológica y raigal. Ese camino transitado está presente en cada espectáculo; sin embargo, el más conmovedor a mi juicio fue Las grandes ciudades bajo la Luna, un espectáculo musical del Odin Teatret en el espíritu de Bertolt Brecht.

Las grandes ciudades bajo la luna del Odin Teatret
 

El espectador siente una conexión especial que Eugenio Barba va creando desde la selección musical, la relación entre los intérpretes y la composición del espacio. Los actores están sentados en una especie de semicírculo, de frente al público, acompañados por instrumentos musicales y algunos pocos elementos. Los actores no interpretan personajes, en primera instancia, se trata de una suerte de concierto de voces y de historias pequeñas. Las canciones inyectan una energía vital al espectáculo, son otra manera de sentir y trasmitir esos pasajes escurridizos de la memoria y las visiones fugaces de alegrías y tristezas de cualquier parte del mundo.

Las grandes ciudades bajo la luna de Odin Teatret
 

En el recital los músicos actores prestan sus voces y dicen pequeños parlamentos acompañando a la luna en ese deambular por la memoria. La fuerza y hondura de los textos interpretados en varios idiomas conducen el espectáculo, y nos remiten también a la historia del mundo, visto desde las consideraciones políticas y éticas del Odin. El director, con su encanto teatral, logra matizar ese discurso fuerte, agudo, y hacerlo cálido, apresable, íntimo.

Los actores de Las grandes ciudades bajo la luna poseen un vasto entrenamiento corporal y habilidades musicales para transitar por estados solo desde la melodía, mezclada con diversos referentes culturales y teatrales. Son poseedores de una especial sensibilidad artística y humana, que les permite develar las historias personales y también las historias de grandes ciudades, a través de un gesto, una canción, un silencio. La mezcla armónica entre música y texto se alza como una forma de comunicación en la que el alma está conjugada con la mente.

Las grandes ciudades bajo la luna y el Odin Teatret en La Habana
 

La austeridad es una marca en este espectáculo, se traslada la acción a la palabra y es ella quien conduce al espectador. Sin embargo, también aparecen imágenes inolvidables como la mujer que teje sin parar y arrastra bolas de hilo, mientras las bombas sorprenden al día, como la hija muda de madre Coraje, o la mujer hermosa que compone una suástica con las cenizas de algún sueño no cumplido.   

En Las grandes ciudades bajo la luna está la magia del Odin, está el encuentro misterioso entre los hombres y la metáfora barbiana del árbol con las raíces al viento.