A Félix Salas “Pindi”, como no podía ser de otra manera, ante su sorpresiva y prematura muerte en Guantánamo.

 

En la sombra, con cierto sufrimiento por no poder asistir tampoco este año, me muevo desde el teclado a favor de la Cruzada Teatral Guantánamo-Baracoa. No porque escriba ahora o calce alguna promoción. Ya eso no es necesario. No son los tiempos fundacionales de la arrancada, allá en los 90, como cuando llegamos la periodista Maité Hernández-Lorenzo, el maestro titiritero Armando Morales o este crítico.

Entonces escribimos los tres para distintos medios divulgando aquella experiencia maravillosa, que se conocía poco o nada fuera de las zonas que comprendían el recorrido por las montañas más al oriente de la Isla. Hoy la Cruzada es. Hace ya tiempo, como no podía ser de otra manera. Se dice La Cruzada y basta. Muchos saben que parte cada 28 de enero desde 1991 y desanda pueblos y lomeríos hacia el este de Guantánamo. Permanecen por 35 días en acción. Esta será la edición 27.
 


De iniciativa casi desesperada, se convirtió en núcleo de acción teatral. De ella, en abarcador evento cultural. Y del mismo, en hecho social. Eso es la Cruzada en la actualidad: un rico tejido de interacción entre arte y público, entre creadores y habitantes.

Para las zonas de tránsito habitual de la Cruzada, no se concibe un año sin su presencia. ¡Y menos este! Todavía, y por un tiempo, el territorio restaña las heridas causadas por el huracán Mathew. Aunque es probable que la logística sea aún más complicada, no puede faltar el estímulo de los días y las noches de la Cruzada allí. La mitad de la pelea se echa con la motivación, con la moral, con la compañía de no saberse solos.

Al respecto, tan temprano como el 9 de octubre de 2016, al tomarnos el ciclón en pleno Festival de Camagüey, “el conjunto del teatro cubano —sus actrices y actores, autores y diseñadores, directores y críticos, técnicos y trabajadores todos—”, expresó, a través de la Declaración de los Participantes en el 16 Festival Nacional de Teatro, Camagüey 2016, su solidaridad “con los hermanos del este de Guantánamo, afectados por dicho fenómeno natural, justamente con los pobladores de los cinco municipios por donde transita, desde hace 25 años, la Cruzada Teatral Guantánamo-Baracoa, cuya próxima edición ratificamos la voluntad de hacer y de participar junto a ellos, a pesar de estas difíciles condiciones”.

Y ahí está la Cruzada a punto de partir. Leo este enero en el periódico Venceremos, editado en la capital de la provincia, una entrevista en línea con dos de sus protagonistas. Justo al respecto de las derivas de Matthew, apunta el titiritero Emilio Vizcaíno, director de la Cruzada:

“Pensamos abordar estos municipios, que son los más afectados, desde una estrategia diseñada con base en campamentos de varios días, y de ahí movernos hacia las comunidades que usualmente nos reciben, porque el evento va a llegar a las zonas habituales.

“El proyecto se rediseñó a partir de este huracán, teniendo en cuenta que nunca habíamos pasado por estos municipios después de un evento meteorológico de esa magnitud, por eso hemos hecho extensivo a otras manifestaciones del arte la posibilidad de insertarse con nosotros. Nos acompañarán trovadores, poetas, músicos, promotores culturales, entre otros, para permitir que llegue el arte a estas localidades.

“Tenemos informaciones que nos aseguran que las escuelas y campamentos que utilizamos para pernoctar tienen un avance en la recuperación, así que podemos tener las dos modalidades. Nos ponemos a disposición del Consejo de Defensa Municipal para lograr un recorrido con éxito y hemos asegurado la logística necesaria para tener una mayor autonomía”.

Nadie quiere perderse la Cruzada. Ante reclamos de los internautas, Yosmel López, joven actor y director artístico del Teatro Guiñol Guantánamo, aclara las presentaciones previas de los grupos participantes en zonas periféricas y del circuito cultural de la ciudad de Guantánamo. Pero otro insiste: “¿Por qué solo van a los municipios del noreste y el este? ¿Podrán extender su periplo o realizar otra versión que beneficie a El Salvador y Niceto Pérez, municipios con Plan Turquino a los que casi nada llega, como a Hatibonico en Caimanera?”.

Son tareas pendientes para saciar el hambre cultural sembrada por la propia Cruzada. Emilio Vizcaíno confiesa más adelante: “Mis sueños más ambiciosos con la Cruzada aún no los cumplo. Todavía falta disponibilidad y logística para tener mayor autonomía, condiciones técnicas que permitan que muchas obras de la vanguardia teatral cubana puedan estar en el periplo de la Cruzada. Que se puedan apreciar las principales obras del teatro cubano. Y con respecto a la promoción, aunque tenemos sitios digitales, creo que se puede hacer más para dar a conocer todo lo que sucede”.

Yosmel López especifica que la Cruzada se financia por el Consejo Provincial de las Artes Escénicas y el Sectorial Provincial de Cultura, aunque es un evento que, por su importancia, han coauspiciado varias instituciones, como la Asociación Hermanos Saíz y la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, así como los propios gobiernos municipales. Y reafirma: “Siempre he dicho que la Cruzada es un evento de todos; más allá de que sea organizado por un pequeño ejecutivo, en el compromiso de cada compañía, está también la sostenibilidad del propio evento”.

Con respecto a las proyecciones para esta 27 edición, Vizcaíno explica: “Pensamos asumir estéticas teatrales que respondan a los intereses apreciativos del público en cuanto a temas y recursos técnicos y artísticos. La serranía, durante 26 años, ha recibido teatro muy diverso y debemos ir creando espectáculos que satisfagan ese conocimiento. Este año llevamos un repertorio que va a marcar el inicio de esta nueva etapa. Por ejemplo, el teatro musical con títeres, el teatro de luz negra, teatro de títeres para adultos, entre otros”.

Y apuntala ese desarrollo estético en obras como Una luna entre dos casas, del Teatro Guiñol Guantánamo. Que una puesta con base en un texto de Suzanne Lebeau suba a las montañas, es síntoma (otro más, pues no es el primero), del necesario interés de un evento por actualizarse y crecer. Yo he visto la interesante apuesta de la gran autora quebequense en las manos de Yosmel López y sus jóvenes compañeras, un cambio de perspectivas bastante radical con respecto a las dominantes en el teatro para niños y de títeres en Cuba. En ese sentido, Vizcaíno la caracteriza: “Trata temas como la soledad de los niños y la falta de socialización. Escénicamente, es resuelta con la luz negra. Se trata de una propuesta que ampliará el horizonte apreciativo del público infantil. Esta técnica de luz negra es privativa de la sala de teatro, pero la oscuridad de la noche en el campo se confabula para permitirla”.

En la larga entrevista en Venceremos, se informa sobre participantes de todas partes. Los cuatro grupos guantanameros: Teatro Ríos, Teatro Dramático, La Barca y el Guiñol Guantánamo. Una presentación especial de La Colmenita guantanamera. Trovadores y poetas de la AHS, además de El Guajiro y su Changüí. Del Teatro Nacional de Guiñol, la presencia del infaltable Armando Morales, el grupo Tropatrapo, de La Habana y Palabras al viento, de Holguín. Teatro de los Elementos, de Cienfuegos, y Teatro Callejero Andante, de Bayamo. Además de teatrólogos y fotógrafos (he ahí donde he ayudado yo con la coordinación para que no falten en las revistas culturales y especializadas testimonios, valoraciones e imágenes de esta edición).

De fuera de Cuba vendrá el Colectivo Itinerancia, de Brasil, que trabaja los talleres en la comunidad, principalmente desde el enfoque de género, y va a presentar diez historias de vida de mujeres. Además, asistirá el grupo Lona Preta, también de Brazil; Kalipatos Teatro, de México, y Mish-Mash, de Dinamarca.

Ellos abarcarán este año —de las 300 comunidades que ha visitado la Cruzada, todas de difícil acceso— unas 220 en 30 días de trabajo, con un recorrido de aproximadamente 1700 km.

Sobre las características de la vida en campaña,  Yosmel apunta que “es un evento que exige desaprender algunas prácticas y formas de convivencia. Profesionalmente, expones tu trabajo de todas las formas posibles: ante los cambios del clima, los espacios que no están diseñados para el consumo artístico propiamente, los diferentes gustos estéticos de la población que vive en las montañas; pero todas esas adversidades permiten un mayor crecimiento de las propuestas artísticas y de nosotros como creadores y formadores de ese gusto estético, de formas de vida y conciencia cultural.

“La vida es totalmente en campaña, cada artista lleva su colchón, y algunos prefieren las casas de campaña. Tenemos previsto en cada lugar espacios donde montamos campamentos (escuelas, casas de cultura, salas de video y otros). Nos trasladamos en un camión, junto a la escenografía, y llevamos los alimentos ahí también. Cada día tenemos un equipo de cocina organizado entre los mismos artistas, y la colaboración indispensable de personas de la comunidad que nos brindan su fogón, su colador de café y su sazón...”.

Mientras, Emilio ratifica:

“Lo que siempre llevamos es nuestro arte, y la disposición de ayudar. Nuestro proyecto siempre ha sido altruista, solidario y humanista. Nuestros grupos llevan lo mejor de sus propuestas teatrales y se presentan en condiciones para las cuales no se realizaron, lejos de los escenarios y condiciones técnicas para las que fueron diseñadas. Son perfectamente adecuadas para que se puedan apreciar en los escenarios naturales de la Cruzada. Este evento se aleja de ser un proyecto con fines de lucro, y se alimenta del contacto directo con el público y de trazar lazos que van mucho más allá de lo estético y lo artístico”.

Eso es la Cruzada, ese diálogo rico y profundo, amparado por una naturaleza celestial entre el mar y la montaña. Es el evento que más quiero en el mundo. ¡Buena suerte, cruzados!