Hay dos revoluciones estacionarias en los últimos años.

Una es tecnológica. La otra tiene que ver con la concentración de mecanismos mediáticos.

Una está marcada por la irrupción de los medios digitales. Y abre para nosotros un montón de oportunidades (permite, por ejemplo, que nos convirtamos en productores de la noticia, esto es, nos saca de la posición de consumidores pasivos); y abre también un montón de acechanzas. De peligros tremendos…

La marca expresa de la segunda es la concentración de los medios por la derecha del mundo.

Luego hablamos con Atilio Borón.

foto de Atilio Borón
Atilio Borón. Foto: Internet


Dice que la derecha latinoamericana nunca se planteó llegar al poder constitucionalmente; que, sin embargo, el control de los medios ha constituido (constituye) el núcleo duro de la resistencia de la derecha en nuestro continente. Los medios, ante la ausencia de partidos consolidados, pasan a ser el factor organizativo de ese sector político.

Esto se debe a su capacidad de crear opinión pública; de construir, incluso, candidatos a la presidencia (el mandatario mexicano Enrique Peña Nieto es, por ejemplo —o eso dice Atilio—, un producto de Televisa).

También a los sectores populares se les hace difícil contratar personal para sustentar sus propios organismos de prensa; se vuelven susceptibles ante la capacidad monetaria de la derecha; muchos acaban cediendo.

Así que en las condiciones actuales las políticas sociales de izquierda, al haber sido desautorizadas mediáticamente, aparecen como limosnas humillantes que no deben ser aceptadas por los pueblos. Generan desconfianza.

Sin embargo, es importante no absolutizar.

La gran sorpresa de Trump —dice Atilio— es que ganó las elecciones presidenciales en Estados Unidos aun cuando tenía a casi toda la prensa en contra suya. Este hecho hace que nos cuestionemos la magnitud del poder de la prensa...

Trump —dice— ha producido un terremoto en la política global.

De su campaña —dice— es destacable el uso que dio a las redes sociales.

La gente está dejando de ver televisión. Ya no se elige tanto lo que este medio brinda, sino lo que dan las redes sociales. Y hay que adaptarse a eso, manifiesta.

“Pero los izquierdistas comunicamos mal. Nuestros gobiernos aún utilizan estilos antiguos; formatos antiguos, cargados con consignas abstractas”.

“La izquierda sigue haciendo política al estilo de Gutenberg. Pero la gente lee cada vez menos”.

“Entonces, hay que aprender a hablar claro. Aprender a escribir para la gente corriente. Y, además, meternos en la pelea audiovisual; en la pelea de los smartphones; hablar como la gente, e incluirla en la agenda de los medios”.

“No puede haber democracia genuina en países donde el espacio mediático no es democrático. Si en ese espacio no tiene voz la gente, la democracia queda girando en el vacío”, dice Atilio. 

Entonces le pregunto si ha consumido la prensa cubana.

Dice que le parece muy local.