Atenas Brass Ensemble
Foto: La Jiribilla
 

La primera vez que supe algo de Atenas Brass Ensemble fue en un artículo publicado en el sitio web de TV Yumurí en el que definían como “un lujazo” asistir a un concierto de este quinteto de viento matancero. Un lujo del que muchos desconocen —decía la periodista— por las carencias en las esferas de la promoción, la propaganda o del periodismo cultural cubano [1].

La agrupación, liderada por Rodolfo Horta Hernández, cumple cuatro años este 26 de febrero y cuenta con más de 400 arreglos a temas de diversos géneros de la música clásica, popular y bailable. Para suerte de este medio, Atenas Brass Ensemble aceptó que su primer concierto en La Habana fuese en “El patio de Baldovina”, espacio que rescata La Jiribilla luego de unos meses de ausencia —ahora en la Casa del Alba—.

Inspirados en estilos norteamericanos y europeos a la hora de interpretar su música, el quinteto no solo regala a la audiencia un repertorio que abarca el mambo de Pérez Prado lo mismo que el Lago de los Cisnes de Chaikovski; sino que, con la misma cubanía que caracteriza sus arreglos, actúa las piezas mientras toca.

Los integrantes, formados en academias cubanas, confesaron no haber recibido nunca clases de actuación. No obstante, es imposible dejar el asiento una vez que comienza la música, como también lo es no estar al tanto de la “ocurrencia” que realizarán en el próximo tema. Porque es así, Atenas Brass Ensemble interpreta la música, la baila, la actúa, crea personajes, interactúa con el público; rompe, en fin, el esquema tradicional de agrupación de viento de pequeño formato en un escenario, inmóvil, con la vista solo en la partitura.

Lo cierto es que con este conjunto sucede lo mismo que con otras agrupaciones del país, igualmente encomiables, que carecen de espacios atractivos para su presentación y —coincidiendo con la colega matancera— de una oportuna promoción cultural. Incluso, grupos y artistas (re)conocidos como la Orquesta Riverside, Eliades Ochoa, Bobby Carcassés, Iván “Melón” Lewis… han visto salas de teatro a media capacidad, en el mejor de los casos porque no se publicitaron sus presentaciones; y en el peor, porque no llegaron a interesar lo suficiente.

Habría que preguntarse por qué el público, en lugar de flexibilizar o ampliar sus gustos, de estar dispuesto —al menos— a escuchar nuevas melodías (aunque solo sean nuevas para él), retrotrae cada vez más sus expectativas y permanece en una suerte de “zona de confort musical”. Qué se necesita, en fin, para el “descubrimiento” de nuevos horizontes musicales; interrogante que puede aplicarse a cualquier esfera de la cultura.

¿Mejor “educación”? Debo confesar que no soy de las que creen en ese concepto; considero que no se educa en un gusto estético, aunque sí la capacidad de no “pre-indisponerse” a otros gustos estéticos.

Recuerdo que en mi sexto grado aún existían círculos de interés para enseñar danzón. Era una profesora que rozaba los 80 años, pero con las energías de una jovencita. Con ella descubrí el género, su historia y, lo mejor, la sensación de felicidad que era capaz de transmitirle. Recuerdo también que fueron unas amigas las que me introdujeron a la música latinoamericana; los cassetes de mi abuelo y de mis padres los que me llevaron a Silvio, Pablito, Ana Belén, Sabina, Nat King Cole, Los Zafiros, el Trío Matamoros, Los Platters… y en cada ocasión fui sorprendida por una sonoridad que me hacía viajar y vivir-soñar-interpretar otras historias.

Por eso, cuando vi a Atenas Brass Ensemble en su primer concierto en La Habana, no pude más que darle la razón a la colega yumurina y coincidir en que es un lujazo escuchar a los matanceros, recibir su energía, trasladarse a otras épocas con cada interpretación sabiendo que son cubanos, que están cerca, totalmente accesibles, y que continuarán haciendo su música. Solo resta dejar abierto nuestro portal para un nuevo encuentro.


Notas:
 
[1] Un verdadero lujazo, el Atenas Brass Ensemble. Disponible en: http://www.tvyumuri.icrt.cu/matanzas/verdadero-lujazo-atenas-brass-ensemble/