Quería hablar con Rodolfo Rensoli porque fue de los principales causantes del boom en el rap en Cuba o, por lo menos, de poner explosivos al final de la llamita incipiente.

Con Rensoli, para saber del rap porque lo estudia; porque está adentro y siempre estuvo adentro; porque ayudó a levantarlo bastante y lo vio caer.


Rodolfo Rensoli. Foto: Internet
 

Así que lo interpelo en un cuartico de La Madriguera, en medio del Simposio, y le pregunto por Grupo uno; por aquello mítico que es, todavía, para los raperos el Festival de Rap.

—La idea surgió —dice— porque yo leí un artículo de prensa, que se estaba reuniendo en Diez de Octubre el último reducto de los bailadores de breakdance con algunos raperos que estaban llevando sus propios textos, y eso fue lo que me despertó la atención. Recuerda que el movimiento de breakdance fue un movimiento anterior al rap, que lo que había era raperos dispersos; porque lo primero que llegó, obviamente, por las imágenes que venían del exterior, fue el baile, y el rap se fue insertando dentro de esos espacios.

Estamos hablando del ochenta y tanto, cuando estaba la cosa de… cierta crisis, y ya los movimientos alternativos habían tenido determinada presencia en determinados espacios televisuales, y algunos grupos habían insertado algunas formas de rap en un momento en que el rap, cuando se hacía aquello que llamaban el cotorreo, llegó a ser muy popular, y los chamacos lo repetían mucho.

También el grupo Alcanar había hecho el primer video de rap, que se llamaba Ataque de fuego. Era una especie de rap fusión, con elementos del jazz, que en aquel momento, fue lo más reconocido en el ambiente que hoy llamamos alternativo. Chucho (Valdés) había hecho su Rap de los gordos, el Rap de la bicicleta; Edesio Alejandro había hecho algunas cosas con el tema En la calle, donde él había metido gente del breakdance a que bailara ahí… O sea, ya la identidad, la identificación esa con los raperos se estaba produciendo, y en ese contexto es que yo propongo eso.

Ahora, el Festival no se realiza de golpe. Encontrar un auspiciador llevó tiempo. Porque la gente le tenía mucho miedo a eso, o lo encontraban como una idea muy extraña. Para mí que subestimaban, quizás, la fuerza, o la importancia que podía tener.

Yo se lo presenté a varios directores de casas de cultura del barrio mío, del Guiteras, que era lo que yo tenía a mi alcance. Y hubo alguna gente que sí, pero después soltaban la idea, hasta que Magdalena Valdés, que venía de la Dirección Provincial de Cultura, dijo que sí, le pareció bien.

También existió desde siempre una idea literaria; me interesó que existiera alguna influencia para mejorar la calidad de los textos que estuvieran en el Festival. Y nos preocupamos desde el inicio porque hubiera un premio al mejor texto, para crear una pauta. Y logramos hacer un taller integral, donde se le enseñó a muchos raperos que después nos manifestaban el agradecimiento por haber tenido clases que les moldearan el histrionismo. Les dieron lecciones de voz y dicción, de poesía…

Entonces yo recluté a un montón de gentes, que, en ciernes, éramos artistas. Ya yo era un artista de determinada relevancia en el municipio, y por ende, por la fuerza que tenía el arte en ese momento desde Alamar, yo tenía cierta repercusión del lado de acá (del túnel) también. Llamé a gentes que se estaban formando, que tenían la dualidad, en un por cierto mayor o menor, de ser promotores y al mismo tiempo artistas.

A ver, hay una pila de invisibles en esta historia, muchos héroes anónimos que nosotros, los fundadores de Grupo uno, conocemos sus nombres. Y fueron gentes que ayudaron mucho no solamente en la cuestión operativa del Festival, sino en sugerir ideas, en pensar cómo se podía hacer la dirección artística, la escenografía, la cuestión de la conformación del jurado; gente muy creativa. Me ayudaron también a chapear el Anfiteatro de Alamar, que estaba en ruinas.

El primer Festival lo hicimos en el reparto Guiteras, en plena calle. Cuando eso no existía la disposición policial de no cerrar avenidas principales, por eso lo pudimos hacer en la Avenida 15. Y parecía que estaban inaugurando el barrio. Eso fue una cosa que está todavía en la memoria de mucha gente, ¿para qué te voy a decir mentiras? Y, en aquel momento, una directora municipal nos conminó a que nos moviéramos para Alamar, porque era la capital del municipio, la de más condiciones.

Yo me negué, al inicio, pero después me di cuenta de que nada más por condiciones técnicas… porque existía el Anfiteatro; y porque existía sobre todo un movimiento inicial juvenil que podía servir de calzo para eso que sucedió. La poesía de Alamar, que se justifica por la propia naturaleza de la ciudad, siempre fue muy vanguardista; entonces acogieron muy bien la estética del hip hop, y eso nos sirvió de base.

—Antes del Festival, ¿qué hacían los raperos? ¿Dónde se presentaban?

—Íbamos a los bonches. Por eso yo declaro, sin vanidad alguna, que fui fundador del primer Festival de Rap organizado. Nosotros organizamos el proceso.

Antes de eso, había pocas agrupaciones estables: Amenza, Primera Base… Y el break dance y el grafiti no eran parte de un movimiento en sí. Eran pertenecer a la moña. Ni siquiera se usaba el término hip hop. El término hip hop yo pienso que lo descubre para nosotros Ariel Fernández (DJ Asho), que se basa sobre todo en la historia norteamericana; porque aquí, hasta el momento en que aparece Ariel con esa denominación, todo el mundo le llamaba la moña.

Fíjate que muchos de los viejos bailadores aún se autoreconocen como moñeros, aunque algunos trascendieron al rap y otros se mantienen desde la expectación. Algunos como Miguel la Peste preparan todavía a muchachos que van a eventos, ahora que ha resurgido el break dance y eso, pero no se sienten parte de eso que se llama hip hop. No tienen la pertenencia al hip hop como la tienen los chamacos de ahora.

—Entonces, ¿el objetivo de Grupo uno siempre fue organizar los Festivales?

—No. Nos proponíamos también hacer materiales audiovisuales, desde un clip hasta un documental… Con decirte que la Agencia de Rap no ha llegado todavía a esos propósitos… Ni siquiera ha vuelto a hacer el Festival…

—El primer Festival lo organizamos en dos meses. Fue del 27 al 29 de julio de 1995, y nosotros comenzamos a organizar aquello como en mayo.

Yo creo que nos favoreció la crisis. Recuerda que muchos festivales se invisibilizaron, se anularon, se recortaron los presupuestos; y nosotros vinimos con una idea nueva que era conveniente, porque era tener a la juventud en algo positivo.

También empezamos a nuclear más gente: de diseño, de la plástica, de la AHS… Entonces la proyección artística sobre el escenario, en cada evento era superior. En los eventos teóricos también cada vez era mayor la participación de académicos, y la diversidad de público. Y desde el punto de vista popular yo no te puedo explicar. Nosotros metíamos más de 3 000 personas en un anfiteatro que está pensado para 1 500. Balesy (Rivero) y yo nos reunimos con el gobierno de la Habana del Este y les dije: cierren la calle de al frente del Anfiteatro. Porque lo vi. Porque era predecible. Porque metimos a la juventud de La Habana ahí, cuando todo estaba apagado. Y hubo que cerrar la calle, porque el camello no podía circular.

Tuvimos la fortuna además de en el primer Festival de Rap, como siempre quisimos, tener una parte teórica. Pablo Herrera me pusiera en contacto con una periodista norteamericana que logró publicar un artículo en Vibe, y eso catapultó el Festival, y fue lo que provocó como reacción que muchos norteamericanos vinieran a encontrarse con nosotros, al punto de que tuvimos la colaboración del grupo afroamericano Black August, que llegó a traernos hasta un estudio de grabación pa’ acá, y lograron que grandes grupos de rap norteamericano se presentaran aquí. Dead Prez, Common, TalibKweli…  todas estas personas vinieron con Black August.

—De alguna manera, ¿el Festival ayudó a formar un Movimiento de Rap en Cuba?

—Yo pienso que no hay Movimiento sin el Festival. Yotuel lo dijo en una entrevista: había muchas balas perdidas, pero hacía falta un fusil.O sea, no hay una constancia de ningún rapero que haya antecedido al Festival en ningún escenario de alguna visibilidad.

Nosotros llegamos hasta el 2000. Después, cuando ya se agotó el Festival, cuando la institución no pudo más con el evento, yo hice como tres o seis festivales más: Capital de la Moña. Y de ahí salieron muchos tipos que hoy son personajes.

— ¿Se agotó el Festival?

—No pudieron con eso. O no había interés, o la propia factura fue aniquilando la energía. El propio modo de hacer el evento. Muchos raperos después lo reconocían: no era la misma intención lo que se ponía en escena; la cuestión de la censura…

Nosotros siempre tuvimos un tamiz. Pero reconocemos la estética de la calle, los intereses de la gente que viene de la calle, las preocupaciones, los discursos. Cuando la gente que entiende eso no participa, es lógico que el Movimiento pierda el interés. Quizás hubo también el temor sobredimensionado de que nosotros fuéramos una especie de agentes soliviantadores de alguna energía contestataria. Sin embargo, había un diálogo entre nosotros y la gente de la calle, y sabíamos que eso no podía pasar.

También Black August se retiró, cuando reconocieron que ya Grupo uno no estaba. No sé si habrán surgido divergencias que no existían cuando nosotros…

—Que se dejara de hacer el Festival, ¿contribuyó al declive del rap?

—Sí, claro, claro, absolutamente. El hip hop no es el mismo. Fíjate que el ejemplo de eso son las provincias. Ahí te das cuenta de que se mantiene esa efervescencia porque los festivales, los eventos, se mantienen con vitalidad. Este género necesita eso todavía. Por eso la Agencia sigue haciendo Simposios. Y los necesita más profundos. 

Ahora mismo sí existe un Movimiento de hip hop cubano, lo que está disperso. Y lo que sí te puedo asegurar es que el centro no está en La Habana. El rap en La Habana no existe. Después del fenómeno de Los Aldeanos, que revisibilizó el rap de alguna manera, hay como una resistencia en el mismo camino, que intenta recuperar la imagen de que el rap existe para cierto público juvenil y qué sé yo. Pero el Movimiento real está desarticulado.

—La Agencia surgió después que ya se había disuelto el evento. Se le dio prioridad porque el rap era el boom de los 90. El libro El rock en Cuba, de Humberto Manduley, dice: los 90 es el decenio del rap. Para que tengas una idea.

Y para ser honesto y justo, hubo intentos de que yo fuera parte de la Agencia Cubana de Rap. Incluso me dieron una plaza en el Centro de Música Popular, me parece que con la intención de que yo fuera como la piedra angular. Pero aquello era una locura para mí, porque yo había creado un grupo para el desarrollo comunitario, con la intención que tuvo Bob Marley con el Festival de Kingston, que era atraer recursos sobre la comunidad, ¿me entiendes? Era eso, más que crear una agencia comercial. Aunque el aspecto comercial, obviamente, tiene que estar presente.

Entonces me buscaron para que fuera parte de la Agencia, pero yo me sentí como que iban a absorber un poco mi experiencia, y no iba a ser útil. Y yo me siento más útil en las comunidades, de verdad. Yo creo que si hay un reverdecer (del rap cubano) debe ser desde las comunidades desfavorecidas, que es donde está el sustrato del hip hop, aquí y donde quiera.

En Cuba no se puede pensar el hip hop desde el mercado. Sería como estratificar las cosas de arriba hacia abajo; una plataforma comercial, en algo que no ha llegado a concretarse. Es lo que pasa. Entonces el hip hop tiene que volver a las comunidades. Tiene que haber una perspectiva desde abajo, que atraiga todo eso como suyo.

El hip hop tiene que tener un centro integral. Algo como la Fábrica de Arte, pero que tenga esa cosmovisión reinterpretada a la manera cubana, y expresada en todos los modos posibles, y que alcance la comercialidad, además. Tiene que existir algo como eso, que pertenezca al hip hop, a ver si el hip hop (se) vuelve a levantar.