“La danza hoy no se deja encerrar bajo ningún concepto definitivo”. Es una frase de la investigadora argentina Susana Tambutti que resume la imposibilidad de encasillar el arte danzario, una disciplina que exige el pluralismo metodológico para pensarla. Pero para pensar la danza hay que registrarla, y ahí también son numerosas las dificultades dado su carácter efímero, por tanto, ese acto se convierte en un reto apasionante.

A lo largo de su historia la danza se ha registrado de diferentes formas.  Grabados, dibujos, guiones, argumentos, partituras, comentarios, filmaciones, biografías. Recuérdese la Autobiografía de Isadora Duncan, las partituras de Chaikovsky, los argumentos de los ballets clásicos, el documental de Wim Wenders sobre Pina Bausch, las grabaciones de las funciones de Martha Graham o las de Maurice Béjart. Ahora se han incorporado la llamada video-danza y los móviles de los espectadores que suben a las redes sociales, de inmediato, sus impresiones.

 Ballet Nacional de Cuba interpretando Don Quijote. Foto: Cubaescena
 

Danza en Cuba: los registros por venir

La historia de la danza en Cuba está marcada por el triunfo de la Revolución. El Ballet Nacional de Cuba (BNC) recibió apoyo estatal y se convirtió en una compañía de referencia mundial, signada por la trayectoria de esa leyenda que es Alicia Alonso, por el magisterio de Fernando, por la creatividad de Alberto.

Por otro lado, el maestro Ramiro Guerra encontró en el Teatro Nacional, bajo la dirección de Isabel Monal, el espacio ideal para sentar las bases del movimiento de danza moderna en la Isla, que hoy cuenta con numerosas agrupaciones de alto nivel artístico, distribuidas a lo largo y ancho del país, con bailarines virtuosos, formados en las escuelas de arte.

El Conjunto Folclórico Nacional llegó al mundo para darle voz a quienes no la tenían, las capas más humildes del país, marginadas por su procedencia de clase y por el color de la piel. Teatralizaron el folclor bajo la guía de figuras como Rogelio Martínez Furé, Lázaro Ros, Santiago Alfonso, entre otros.

Son estas las compañías danzarias nacionales de larga data y extraordinarios desempeños durante más de cinco décadas. Pero solo el BNC ha registrado su devenir, tarea que ha desempeñado con rigor y con pasión el doctor Miguel Cabrera, cuya oficina se ha convertido en punto de referencia cuando de Historia de la danza se trata. A su faena de archivar todo lo referido a la obra del BNC, Miguel ha sumado la labor de promoción de la danza. A través de la prensa plana y en la televisión, ha compartido con el público lo mejor de esta especialidad, contribuyendo a la formación del público.

Los estudios danzológicos

A muchos sorprendió la biografía de Lorna Burdsall, la bailarina norteamericana que llegó a Cuba por amor. Formada en uno de los templos del arte, la Juilliard School, se sumó a la tropa de Ramiro para ser parte del momento fundacional de la danza moderna cubana. El título, Más que una nota al pie, es ya un acto de rebeldía, pues su vida intensa solo era una nota al pie en un libro de quien fuera su marido, el legendario Comandante Barba Roja. Tras la lectura, que recomiendo a todos, se iluminan algunos pasajes de nuestra historia danzaria.

Danza Contemporánea de Cuba celebrará 60 años el próximo 2019, pues nació con la Revolución. No tienen un Miguel Cabrera allí, por tanto, no se ha escrito su Historia. Por suerte, el maestro Ramiro Guerra se ha ocupado de escribir y pensar la danza. Su abrupta salida de la agrupación que fundó no fue motivo para darse por vencido. Convirtió el revés en victoria y la escritura fue su nuevo campo creativo. A él le debemos tomos memorables. Piénsese en Calibán danzante, una mirada a la danza folclórica desde una perspectiva descolonizadora. La observación atenta de la obra de sus discípulos le llevó a entrevistarlos, a reseñar sus estrenos. Así elaboró un Cuestionario para coreógrafos, con un valor metodológico extraordinario, que ya comienza a ser referente para evaluar los montajes y para la expresión intelectual de los coreógrafos.

Las posibilidades abiertas a la comunicación por Internet han sido vehículos para promover los logros de la danza hecha en Cuba. Pongamos un ejemplo. El Encuentro de Academias de Enseñanza del Ballet, organizado por la maestra Ramona de Saá, desde la Escuela Nacional de Ballet Fernando Alonso, no tiene un sitio web que lo promueva. En cambio, el Concurso de Nueva York, con asombrosa inmediatez, anuncia cada suceso que allí ocurre. Los estudiantes de Danzología, de la Facultad de Arte danzario de la Universidad de las Artes ISA, con la guía de sus profesores, han asumido la tarea de compartir en las redes noticia del evento cubano.

Nos hemos apropiado de espacios como La Jiribilla y Cubaescena para convertirlos en voceros de la danza cubana.

Dossieres: 

Encuentros de Academias de Enseñanza de Ballet

Centenario de Fernando Alonso

Centenario de Alberto Alonso

30 años de los estudios universitarios de danza

95 años de Ramiro Guerra

55 años Conjunto Folclórico Nacional

 El Encuentro de Academias de Enseñanza del Ballet, organizado por la maestra Ramona de Saá.
Foto: Radio Rebelde

 

Esa forma es la más efectiva porque ofrece pluralidad de miradas sobre un suceso o un creador. Cada quien revela asuntos inéditos, entrevista a los protagonistas, cuestiona aspectos de su interés, hace fotos o filma un hecho. En Cubaescena se abordan asuntos especializados. En La Jiribilla, la pretensión es llegar a un público más amplio de lectores; probablemente nos leen aquí quienes no son espectadores habituales, pero a través de este medio tienen noticias de por dónde va la danza cubana.

En esa misión han colaborado estudiantes y colegas. Muchos vienen del teatro, pero van atentos a la vida cultural del país y, para ser justa con ellos, tampoco les importan las fronteras, y tienen una sólida formación intelectual. Se han sumado periodistas, jóvenes en su mayoría. Y en los últimos cinco años, los estudiantes de la carrera de Danzología, un nuevo perfil de la Facultad de Arte Danzario dedicado a los estudios teóricos de la danza, se han sumado a la tropa empeñada en registrar y pensar la danza hecha en Cuba.

La danza cubana ha realizado muchos aportes a la cultura cubana y a la cultura danzaria mundial. Por qué, entonces, no proclamar al mundo el tesoro que tenemos. Boaventura de Sousa expresa la urgencia de hablar de aquello que silencian los grandes medios. Nos apuntamos a esta corriente para recoger nuestras epistemologías, las de la danza cubana, insertada en este Sur, que existe a pesar de todo. Por ahí vamos.