Mucho conoce Latinoamérica de regímenes dictatoriales, de desesperanzas curtidas por años de deudas ajenas, de obligado desarraigo ante las fuertes tormentas de violencia, de políticas de élite para el beneficio de pocos, de expoliación, de injerencia, de represión; sitios comunes para millones de personas que se niegan a aceptar una arbitraria realidad.

Y ante tan extremas condiciones, la solidaridad mundial se alza como una bandera de lucha, como el estandarte de voces indignadas frente a la desigualdad y las recetas de dominación. Venezuela convocó y recibió muestras de apoyo y compromiso.

La hermana nación sortea con dignidad presiones internas y externas que pretenden desestabilizar al gobierno. Hasta allí también llegó el senador y candidato a la presidencia de Chile, Alejandro Navarro.

foto del senador chileno Alejandro Navarro
Senador y candidato a la presidencia de Chile, Alejandro Navarro. Foto: CNN

 

Hablar del escenario hoy en Venezuela a muchos les recuerda al Chile de 1973. ¿Qué tan parecidos son los sucesos acaecidos en ambos países?

Esa fue una mañana de un martes gris, muy helada. Mi madre nos despertó a todos alrededor de las ocho de la mañana para anunciarnos que algo pasaba, que venía el golpe. Como a las nueve y media, Allende estaba en la radio. Nos levantamos. Era una crisis, un caos en toda la ciudad de Santiago. Se nos avisó que no podíamos ir al Liceo, asistir a clases ese día.

Cerca de las 12:30 de la tarde comenzaron a pasar los aviones que iban a bombardear La Moneda. Vi el bombardeo desde el techo de mi casa con mi hermana mientras mi madre nos pedía a gritos que nos bajáramos porque nos podrían disparar. No nos bajamos y vimos el bombardeo, la humareda negra que creció allí. Lo que viví siendo un adolescente en Chile, se repite como una verdadera copia en Venezuela.

¿Esa mañana que describió tuvo un preámbulo?

Mi padre era un obrero. La familia chilena comía carne una vez al mes antes de que llegara Allende. Cuando llega el gobierno de la Unidad Popular, las familias de los trabajadores tenían pollo y carne, dos, tres, cuatro veces a la semana. Hubo que producir mucho más. Vino una guerra económica a través del paro nacional de camioneros, del desabastecimiento. Se escondían los alimentos, se instaló el mercado negro, se vendían los productos alimenticios al triple, a cuatro veces su valor. Había una campaña mediática que avisaba con carteles que arrojaban desde avionetas: “Madre, te van a llevar a tu hijo a Cuba, a Rusia”. “A tu hijo de siete años cuídalo, te lo van a arrebatar”. Muchas madres se preguntaban: ¿será cierto?

Otra campaña decía: Tienes una segunda casa, te van a quitar tu segunda casa y se la van a regalar a alguien del Gobierno. Todo eso aparejado a un enfrentamiento permanente en las calles, entre brigadas fascistas, neonazis que salían a enfrentar las manifestaciones de estudiantes a favor de Allende. Se vivía un clima de violencia impresionante.

Acciones muy similares a la que usted describe se sucedían en Venezuela previo a las elecciones que convocó el presidente Chávez. Pero como nunca antes, se concentraron con la llegada de Nicolás Maduro al poder. ¿Hasta dónde llegó este tipo de acción en el caso chileno?

Los archivos desclasificados de la CIA que se encuentran en la Biblioteca Nacional de Chile, señalan claramente el proceso. Esto no es ciencia ficción, no es Hollywood: allí está, paso a paso, cómo se intervino. La Comisión Schultz del senado de Estados Unidos evaluó el período 1963-1973. La CIA estaba en Chile mucho antes de que llegara Allende.

En octubre asesinan al Comandante en Jefe del Ejército. Allende juraba el 4 de noviembre; a finales de octubre se asesina a balazos, en plena calle, al Comandante en Jefe del Ejército René Schneider, Comandante constitucionalista, apegado a la defensa de la Constitución, es decir, no golpista. Se hicieron muchas acciones para impedir que Allende asumiera el cargo. Se creó un Estatuto de Garantías por parte de la oposición. Allende tuvo que confirmarle con un Estatuto de Garantías, ya que se decía que iba a instaurar un gobierno marxista-leninista, que Cuba y Rusia iban a tomar el país, llegarían miles y millones de cubanos, de rusos a vivir a Chile y eso generó un clima muy duro.

La campaña contra Allende también fue una campaña mediática de la prensa. Una campaña feroz contra la figura del Presidente. Lo trataban de lo peor. Lo descalificaban, lo humillaban. ¿Cómo podían decir esas cosas, en la prensa, por escrito, en titulares, del Presidente de la República? No era una tradición chilena, la tradición en mi país era de respeto a la figura del Presidente. Todos los predios a los que Allende llegó tenían detrás una tarea de conspiración permanente. Eso está reflejado en los archivos desclasificados de la CIA, que cualquier ciudadano puede ir y leer. No es una novela, es una realidad.

Son más de 200 volúmenes de información, pero ¿han sido estudiados conscientemente, minuciosamente, sobre todo para sacar lecciones para aquellos Gobiernos que en América Latina han pretendido, por la vía democrática, por la vía pacífica, llegar a transformar en alguna medida la sociedad?

Hemos tenido un déficit, una deuda. No ha habido una traducción de esos volúmenes. Allí permanecen. Los he consultado en innumerables ocasiones. Hemos construido una presentación sobre la desestabilización del mandato del presidente Salvador Allende y hemos hecho una comparación con lo ocurrido con Nicolás Maduro. Henry Kissinger y Richard Nixon, allí está, en ese tiempo se empleaban telex, no había la campaña digital de hoy, y las palabras de Nixon escritas ahí revelan que había que hacer todo para impedir la llegada de Allende o propiciar el golpe militar.

Hubo una guerra económica y creo que la diferencia enorme entre Venezuela y Chile es que las Fuerzas Armadas traicionaron su mandato constitucional. Fuerzas Armadas que provenían de una clase social única, solo las clases acomodadas podían ingresar a las Academias Superiores porque estudiar allí costaba demasiado caro. Aquí las Fuerzas Armadas Bolivarianas han mantenido su lealtad con la Constitución, con el presidente Chávez y luego con el presidente Nicolás Maduro porque son Fuerzas Armadas que tienen una extracción popular. No existe una oligarquía de clases al interior de las Fuerzas Armadas como ocurrió en Chile, rasgo que aún se mantiene, pero que ha venido decreciendo.

Se aprobó una ley que permite que cualquier joven chileno pueda ir a las escuelas matrices de las Fuerzas Armadas y el Estado le financia su carrera, que comienza a pagar cuando egresa de Subteniente. Antes, el equivalente a pagar una carrera militar, para ser General de la República, era un sueldo y medio básico de un trabajador, por lo tanto, ningún hijo de obrero podía matricular en las escuelas matrices militares para llegar a ser oficial, para llegar a ser General.

Existe una similitud enorme entre el proceso de Venezuela y el de Chile con la diferencia de las Fuerzas Armadas y la reacción del pueblo. Chile y su pueblo, sus trabajadores, no estaban preparados para defender a Salvador Allende.


El fin de su Gobierno significó la instauración de una de las dictaduras más
crueles de América Latina y que duró más de 16 años. Foto: Telesur

 

Hay a quienes no les gusta mucho hacer esas comparaciones entre el caso de Chile de 1973 y la Venezuela actual, porque el caso chileno fue una experiencia, digamos fallida, pues se logró derrocar al presidente Salvador Allende. ¿Qué otras condiciones podrían existir en la Venezuela actual que la distancian un poco del final no feliz que tuvo la experiencia chilena?

Lo que estamos viviendo en Venezuela es una Jornada Mundial, con centenares de delegados de todo el mundo, solidarizando, llevando la verdad de lo que sucede en Venezuela al mundo entero.

A Chile se le aisló, a Chile se le redujo a una burbuja, no hubo una voz internacional de solidaridad. Uno de los elementos principales es la solidaridad que Venezuela genera en el mundo, que es una devuelta de mano, porque lo que Chávez hizo en América Latina y en el mundo fue darle dignidad al pueblo, a los países, recuperar la dignidad para sus pueblos. Hoy en cada lugar del mundo hay grupos mayoritarios, minoritarios, pero existen, que se levantan para decir la verdad y denunciar la mentira, la felonía, el mentir y mentir permanentemente sobre las condiciones de Venezuela. Y además, las comunicaciones permiten que la batalla mediática también sea combativa desde dentro y desde fuera. Las redes sociales son fundamentales.

El pueblo chavista, el pueblo de Venezuela ha sabido usar esas redes sociales para decir la verdad, para frenar esa campaña mediática.

Esa solidaridad, ese acompañamiento internacional tal vez tenga que ver con lo que se está jugando en Venezuela. ¿A dónde apunta esa lucha que se está dando?

Aquí en Venezuela se libra una batalla por América Latina y el mundo entero. Lo que hizo Chávez fue despertar una semilla, plantar una semilla y despertar una consciencia. Si Venezuela cae, cae América Latina, caen los gobiernos progresistas. El imperio los va a avasallar. Esta es la barrera de contención para que Estados Unidos no pueda aplicar esta fórmula en el resto de América Latina. En el resto han empleado los Tribunales de Justicia. Ahí está Lugo en Paraguay, ahí está Dilma en Brasil, se han utilizado otros mecanismos.

Venezuela está haciendo la contención al imperio, a la lucha por la hegemonía de nuestros recursos naturales. El petróleo para Venezuela es una bendición, pero también una maldición. Estados Unidos quiere el petróleo de Venezuela. Le mintió al mundo con Iraq: no existieron armas de destrucción masiva. La única arma de destrucción masiva eran los marines que destruyeron Iraq.

Ya no son las armas de destrucción masivas, es el concepto de dictadura. Nicolás Maduro es un dictador, en Venezuela lo que hay es una dictadura. Ese es el artificio que pretende instalar en la mente de miles en el mundo entero.

¡Qué extraña dictadura que convoca una Asamblea Constituyente y a elecciones de Gobernadores! ¡Qué extraña dictadura que en 18 años tiene 21 elecciones y tiene periódicos en toda Caracas con titulares insultando al presidente! Periódicos, canales de televisión, radio. Cuando hay una convocatoria sobre la falta de libertad de expresión, hay 40 cámaras para escuchar a los que reclaman la falta de libertad de expresión.

Quisiera esa libertad de expresión en Chile. En Chile tenemos vigente una Constitución de Pinochet. Cero participación ciudadana. El pueblo no puede decidir ni en la Comuna, ni en el Estado o la Región. No hay plebiscito vinculante de ningún tipo. No existe ni un solo periódico en Chile que sea de centro o de izquierda, todos son de editorial de derecha y de propiedad de derecha.

Usted es candidato presidencial y pocas veces lo vemos en los grandes diarios, en las principales televisoras de Chile. ¿Tendría que ver con eso tal vez?

Quisiera la Constitución de Venezuela para Chile, para reemplazarla por la Constitución de Pinochet. Voy a luchar, si llego a ser presidente de Chile, para cambiar esa Constitución y convocar a una Asamblea Constituyente. El 66 % de los chilenos quiere una Asamblea Constituyente para crear una nueva Constitución. En mi país existe un uso intimidatorio de los medios. Se miente sobre Venezuela de manera descarada, incluso en la Televisión Nacional de Chile (TVN), el Canal de todos los chilenos.

Hace cerca de un año se realizó un programa sobre la delincuencia; se mostró a Caracas como la ciudad más peligrosa del mundo, y las imágenes correspondían a Río de Janeiro y a Bogotá. Hice la denuncia pública porque no se le puede mentir al pueblo chileno descaradamente. Esas imágenes eran de otros países y eso ninguna televisión puede hacerlo. Hay una ética periodística y esa ética periodística se ha traspasado en Chile, una y otra vez.


La Televisora Telesur brinda apoyo a la Asamblea Contituyente. Foto: La Jiribilla

 

Por la vía de la violencia en esta oportunidad no lograron derrocar al presidente Nicolás Maduro, ni acabar con la Revolución Bolivariana como sucedió en Chile en 1973, y a propuesta de esa Asamblea Nacional Constituyente y del presidente Nicolás Maduro, se llega a un diálogo en el cual Chile es uno de los países acompañantes. ¿Qué lectura tiene sobre este particular?

Mike Pence, vicepresidente de los Estados Unidos, fue a La Moneda —Moneda bombardeada donde asesinaron a Allende— a pedirle a la presidenta Michelle Bachelet el apoyo para las acciones militares, para la intervención en Venezuela. Podemos no estar de acuerdo con la presidenta en determinados temas respecto a Venezuela, pero quiero destacar la dignidad de decirle de manera pública: “Chile no va a apoyar ninguna intervención militar en Venezuela, ni en ningún lugar del mundo. Chile no va a respaldar ningún golpe de estado en Venezuela, ni ningún golpe de estado en ninguna parte del mundo”. Ese fue el mensaje que la presidenta Bachelet le dio al vicepresidente de los Estados Unidos, que fue a Chile solo a pedir apoyo para la intervención a Venezuela.

En Chile hay una acción que no comparto por parte de la Cancillería, que se ha sumado a muchas voces contra Venezuela; pero esta participación por la paz hay que destacarla. Chile tiene que ser artífice de la paz y, en ese sentido, creo que la participación de Chile es garante. Lo hicimos también durante el diálogo entre las FARC-EP y el Gobierno colombiano que se dio en Cuba de manera exitosa.

Espero que estas conversaciones sean fructíferas. Solo el diálogo va a permitir una salida a la crisis política que existe en Venezuela. Hay quienes critican a Venezuela, a veces de una manera muy injusta. Dejad que Venezuela resuelva su futuro. Quienes venimos a Venezuela no lo hacemos para interferir en sus procesos internos, venimos a buscar información para poder contener la canallada mediática que miente sin pudor sobre Venezuela.