Al término de la Segunda Guerra Mundial, el príncipe italiano Junio Valerio Borghese ya se veía a punto de colgar de una soga, condenado a muerte por crímenes de guerra, cuando de repente James Jesus Angleton intervino para salvarlo.

James Jesus Angleton no era su amigo ni su pariente, menos aún defensor a ultranza de la aristocracia, sino un alto oficial del Office of Strategic Service (OSS), agencia que dos años más tarde dio origen a la CIA. La OSS fue el servicio de inteligencia de los Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial, mientras Valerio Borghese, conocido como el Príncipe Negro —en referencia a las temidas camisas negras de los fascistas—, era el líder de la denominada Decima Flottiglia MAS, perteneciente a la Regia Marina Italiana de Benito Mussolini. Esa unidad, que en su inicio realizaba misiones de comando en el mar, luego pasó a cumplir acciones terroristas en tierra, en colaboración con la Wehrmacht y la Gestapo, y alcanzó triste notoriedad por sus métodos bárbaros de tortura, y por cometer atroces matanzas entre la población civil de la llamada República de Saló.


James Angleton, el alto oficial CIA. Foto: Internet

 

Hoy son conocidas las diversas acciones de terror acometidas por el Príncipe Negro en los tiempos de la Italia fascista, amén de otras en la postguerra como importante jefe de la red terrorista Gladio. Sin embargo, cardinales datos en la vida de James Angleton, el alto oficial CIA que lo reclutó, todavía son una incógnita.

En cualquier caso, Angleton no hubiera merecido la reputación de ser el más célebre The CIA’s Master Spy Hunter (Maestro cazador de espías), ni hubiera conseguido llegar al alto rango de Jefe de Contrainteligencia de la CIA, ni ganado la importante distinción militar Legión del Mérito, si hoy supiéramos en detalle el grado de colaboración que tuvo en 1945 con los criminales fascistas derrotados en la Segunda Guerra Mundial. Sin margen a dudas, los numerosos secretos en la vida de Angleton demuestran que el negocio del espionaje es antagónico al de la publicidad.

No obstante, su nombre también aparece vagamente relacionado al del general nazi Reinhard Gehlen, quien en la postguerra terminaría siendo el primer presidente del BND, aparato de inteligencia de la República Federal Alemana. Gracias a su colaboración con la OSS, a la cual suministró valiosos datos de inteligencia recogidos durante sus años de servicio en el Frente Oriental, Gehlen fue reclutado por esa agencia como parte de la Operación Paperclip, para usar su red de espías Stay Behind contra una posible invasión soviética. La organización de Gehlen empleó a miles de alemanes buscados por crímenes de guerra y miembros de las SS, a quienes ayudó a burlar la persecución proveyéndoles identidades falsas, documentos y pasaportes.

Según algunas fuentes, fue Angleton el hombre encargado de suministrar tales identidades falsas, así como de propiciar vías de escape a más de cinco mil exnazis: fundamentalmente hacia Nicaragua, El Salvador, Chile y Argentina, países donde “casualmente”, en las décadas de 1970 y 1980, se generalizaría el terrorismo y la violencia con motivaciones políticas. Ahora bien, muchos pormenores de cómo Angleton fue capaz de crear una súper organización terrorista —imbricada en los órganos de poder europeos y mantenida ajena de la luz pública durante 40 años— aún siguen siendo un misterio.

Un intento de biografiar a James Jesus Angleton —copiosa ficción mediante— fue hecho por el actor y director de cine Robert de Niro en su película El buen pastor, de 2006, donde dicho personaje fue caracterizado por Matt Damon. En este filme Angleton es presentado como un miembro de la Skull & Bones, sociedad secreta iniciática, masona y sinárquica con sede en la Universidad Yale —ya verán el porqué de esta referencia—, una versión que historiadores de la CIA se ocuparían pronta, pública y enfáticamente de refutar.

En cualquier caso, cuando en la década de 1990 el entonces Primer Ministro de Italia Giulio Andreotti dio a conocer la existencia de la Red Gladio, los miembros del Parlamento Italiano descubrieron asombrados que el servicio de inteligencia de la Fuerza Armada Italiana (SISMI) no tenía que rendirle cuenta a ellos, sino a la CIA. Gracias a la develación de un importante documento secreto fechado en 1956, así como de otros que fueron apareciendo durante la investigación parlamentaria, se pudo conocer que en todos esos años la República Italiana había estado regida por un gobierno paralelo anticomunista representado por la Logia Masónica Propaganda Due (P2), y un ejército anticomunista paralelo que respondía al nombre de Operación Gladio.

En la primera entrega de este trabajo ya vimos cómo la Red Gladio, con el fin de desacreditar al entonces poderoso Partido Comunista Italiano, fue responsable de cometer numerosos atentados terroristas, entre ellos las masacres de Peteano, de Brescia, de Piazza Fontana, del tren “Italicus Express” y, la más sangrienta, en la estación de trenes de Bolonia. Según cifras oficiales, entre 1969 y 1987 ocurrieron 14 591 actos de violencia con motivación política, donde murieron 491 civiles, y 1181 resultaron mutilados o heridos. De todos estos atentados terroristas se culpó falsamente a grupos de extrema izquierda, anarquistas y marxistas.


Película El buen pastor, de 2006, donde James Angleton fue caracterizado por Matt Damon.
Foto: elcineenlasombra.com

 

La comisión encargada de investigar esos hechos, presentó en el año 2000 un informe donde, entre otras conclusiones, apuntaba: “Estas masacres, atentados y operaciones militares fueron organizados, instigados o apoyados por individuos dentro del propio seno de las instituciones italianas y, como se ha descubierto recientemente, por individuos vinculados a las estructuras de la inteligencia estadounidense”.

Ahora bien, para comprender cómo en esta conspiración se involucra la llamada Logia P2, primero debemos hacer un poco de historia. En 1981 se destapa el escándalo del Banco Ambrosiano, cuyo principal accionista era el Banco del Vaticano. En el curso de las investigaciones, sale a la luz una trama hollywoodeana digna de un Óscar al mejor guión. Se descubren vínculos con el narcotráfico, el lavado de dinero, asesinatos, chantajes, secuestros falsos y verdaderos… Finalmente se revela la confluencia de tres vértices que se suponían opuestos: el Vaticano, la Cosa Nostra y una misteriosa logia francmasónica que respondía al nombre de Propaganda Due (P2).

En el centro de la quiebra del Banco Ambrosiano había estado su presidente Roberto Calvi, miembro de la logia P2, conocido como “el banquero de Dios” por sus vínculos con la Santa Sede. Mientras se hallaba en libertad bajo fianza, Calvi huyó de Roma gracias a un pasaporte falso, y poco después apareció asesinado en Londres. Entre los presuntos culpables de su muerte estaban Giuseppe Caló, jefe de la mafia siciliana, y Licio Gelli, venerable de la P2, a quienes se les imputaba la autoría intelectual. El nombre de Gelli sale a relucir por confesión del empresario y banquero siciliano Michele Sindona —famoso por sus vínculos con la mafia—, quien en 1980 fuera condenado en Estados Unidos por 65 cargos que incluían estafa, perjurio y falsa declaración de estados bancarios, y luego había sido extraditado a Italia para ser juzgado por el asesinato del abogado Giorgio Ambrosoli.

La policía judicial realiza entonces un allanamiento en casa del venerable Licio Gelli, y allí es descubierta una lista de 962 afiliados a la P2, entre los que se hallaban 52 oficiales superiores del cuerpo de carabineros, 50 altos oficiales del ejército italiano, 37 responsables de la brigada financiera, 29 oficiales superiores de la Marina italiana, 11 prefectos de policía, 70 poderosos industriales, 10 directores de bancos, tres ministros en funciones, dos exministros, un presidente de partido político, 38 miembros del parlamento y 14 altos magistrados. En la lista también figuraban individuos de menor jerarquía social: alcaldes, directores de hospitales, abogados, notarios y periodistas.

Entre los ilustres miembros de esa logia, que solamente reclutaba a anticomunistas comprobados, apareció el nombre de quien 12 años más tarde ocuparía el poderoso cargo de Presidente del Consejo de Ministros de Italia: Silvio Berlusconi. En cuanto a Licio Gelli, considerado el hombre de Washington en Italia, de más está decir que logró evadir la justicia y escapar a Sudáfrica. ¿Quiénes y cómo lo ayudaron? Bueno, durante la Segunda Guerra Mundial Gelli había servido como sargento mayor en la Waffen SS, y al final del conflicto también logró escapar de la justicia gracias a la protección del ejército norteamericano. Luego de esto, según Daniele Ganser, historiador suizo reconocido por sus investigaciones sobre la Red Gladio, Gelli fue reclutado personalmente por Frank Gigliotti, miembro de la logia masónica de los Estados Unidos, quien le encomendó la misión de crear un gobierno anticomunista paralelo en Italia, para lo cual recibió la ayuda de la estación CIA en Roma.

La justicia casi nunca llegó para castigar a los principales implicados en aquellos actos de terrorismo. Cuando lo hizo, fue a regañadientes, haciendo de la indulgencia, la condena de actores poco relevantes, y el sobreseimiento de causas una práctica común. Caso excepcional fue el de Vincenzo Vinciguerra, condenado a cadena perpetua por su responsabilidad en la matanza de Peteano, en 1972.

Durante los juicios que investigaban la masacre de Bolonia, en 1980 —llevados a término gracias a la perseverancia y el impulso civil de la Asociación de Familiares de Víctimas— Vincenzo Vinciguerra declaró que una poderosa estructura anticomunista estaba detrás de todos aquellos atentados. Literalmente dijo: “Existe en Italia una organización paralela a las fuerzas armadas, que se compone de civiles y de militares y de vocación antisoviética, o sea, destinada a organizar la resistencia contra una eventual ocupación del suelo italiano por parte del Ejército Rojo”.

Aquí cabe preguntarse: ¿Acaso Vinciguerra fue tan duramente condenado por su participación criminal en la matanza de Peteano, o por haber roto un código de silencio que permitió develar y establecer la conexión entre la Red Gladio, la logia masónica Propaganda Due y los servicios secretos norteamericanos?

No exagero ni pretendo sumarme a una teoría de la conspiración. Según Ganser, quien a su vez cita a Igel, Andreotti (pag. 232) “Después de comprobar la existencia de vínculos entre Licio Gelli y varios terroristas de extrema derecha, el juez italiano Carlo Palermo ordenó a la sección antiterrorista del SISMI que le aportara su ayuda a la investigación. El 16 de abril [de 1981], esta sección proporcionó información sobre la intervención estadounidense en Italia. Era probablemente la primera vez que la sección cumplía con su misión, y fue cerrada de inmediato. La prometedora carrera de Emilio Santillos, el director de la sección antiterrorista del SISMI, se vio bruscamente interrumpida y varios de sus colaboradores tuvieron un trágico destino. El coronel Florio, miembro del SISMI, murió en un misterioso accidente automovilístico; el coronel Serrentiono abandonó el servicio por “razones de salud”; el mayor Rossi se suicidó. El mayor Antonio de Salvo fue el único que salió de la sección sano y salvo y se hizo masón”.

En cualquier caso, Vincenzo Vinciguerra debió sentirse dichoso de permanecer vivo. Al menos no sufrió la suerte de Michele Sindona, quien poco después de implicar a Licio Gelli en el caso del Banco Ambrosiano, fue hallado muerto en la cárcel, envenenado con cianuro puesto en el café.