Desde su invención en la década del 30 del siglo XIX, la imagen técnica de la fotografía siempre se ha identificado con el género del retrato. Sin embargo, con bastante regularidad se obvia que la condición primera de esta imagen fue dar testimonio visual de la realidad aprehendida por la lente —al menos, hasta hace unas décadas—, lo que significó un paso gigantesco para la humanidad en cuanto al conocimiento de sí misma y del mundo en el que habita. De ahí que la pintura tuviera que cambiar su derrotero evolutivo en cuanto a la imitación de la realidad, por uno más sustentado en los presupuestos técnicos y estéticos propios del pigmento, es decir, del color. Realidad que marcaría la evolución de la manifestación desde los llamados Impresionistas hasta la pintura abstracta.


Antonio Hernández. Primer Premio del Concurso de Fotografía Lente artístico.

 

En consecuencia, la fotografía se puso al servicio del conocimiento humano más como nueva técnica para registrar la realidad, que como nuevo lenguaje visual. Este último hecho solo llegaría a concretarse con el desarrollo tecnológico y conceptual de la manifestación, así como por los logros que en el plano estético y comunicativo le aportaría un número importante de talentosos fotógrafos. La fotografía, a no dudar, propició una forma de ver para un nuevo saber. Desde entonces a la fecha, esta nueva cualidad visual ha gestado varios cauces de conocimiento, en particular, aquel por el cual ha devenido instrumento esencial para el estudio, rescate y conservación del legado de las civilizaciones que nos han precedido.

Tres buenos ejemplos nos tocan de cerca: a la develación y mejor conocimiento de las entonces enigmáticas culturas precolombinas, solo se llegó a partir de la fotografía llamada “de ruinas”. José Martí entendió la fotografía no solo como una forma de democratizar el retrato personal y de grupo, hasta entonces privilegio de las clases ricas como retrato pictórico, sino también como un lenguaje apto para dar testimonio de la diversidad de la sociedad latinoamericana y la grandeza de su paisaje, hasta entonces cuasi intocado por la pintura y, por consiguiente, aún virgen para la cultura visual universal y la de los propios americanos. Mientras que la llamada “refotografía”,  la más reciente tendencia de la fotografía, se gesta a partir del rescate de lo ya hecho por el hombre y, ¿por qué no?, de lo también deshecho por él. Surgió en Nueva York en la década del 70 del pasado siglo a imperativos de la necesidad de rescatar y restaurar los valores patrimoniales de la gran ciudad, en cierta medida alterados o destruidos por el auge constructivo que obrara en esta desde la década del 20. En razón de la fiabilidad documental de la fotografía, se volvió a refotografiar plazas y edificios desde puntos de vista idénticos a los de las fotos de época, acción visual que hizo entonces posible comparar el pasado con el presente, lo que de aquel quedaba aún en pie, en parte o en su totalidad, cuando no perdido.


Neysis Pérez González. Segundo Premio, Hacia la Luz

 

De ahí la importancia que reviste para nuestra cultura visual en particular y los valores patrimoniales existentes en nuestras ciudades en general, las tres convocatorias libradas hasta el presente del Concurso de Fotografía Lente artístico, auspiciado por la Oficina de Monumentos y Sitios Históricos de La Habana (OMSH). Si bien el título pone de manifiesto cierto carácter esteticista del concurso, más bien este interés debe entenderse en relación con la capacidad persuasiva que toda foto inteligente y bien construida tiene. Propósito más que loable, si la foto en cuestión se pone en función de dar testimonio de lo hecho durante siglos de arquitectura colonial, republicana y revolucionaria, desde puntos de vista y conceptos emanados tanto de la historia de la manifestación como de lo avizorado y experimentado por nuestros creadores desde la contemporaneidad. Pero, además de lo nuevo que nos puedan proponer tales fotos, queda la visión del presente para el futuro… El hecho rebasa el acto mismo de concursar, en tanto testimonio de lo que debemos preservar y valorar como claves permanentes de nuestra identidad.

De más de 200 obras presentadas a la tercera edición del concurso, se seleccionaron 37, lo que bien habla del rigor de la selección, de la cual salieron los tres premios y las cuatro menciones otorgadas por el jurado, además de los reconocimientos y premios entregados por instituciones afines a los contenidos y objetivos del proyecto expositivo que nos ocupa. La inauguración de la exposición Concurso de Fotografía Lente Artístico tuvo lugar en el Memorial José Martí, el 11 de julio, correspondiéndole al ingeniero Gerardo de la Llera Suárez, presidente del comité organizador del evento, la entrega de los premios y menciones. El primer premio recayó en Antonio Hernández (Sin título: Arte funerario de la Necrópolis de Colón), el segundo en Neisys González Pérez (Hacia la luz) y el tercero en Sonia Almaguer Darna (Vía Crucis). Las menciones correspondieron a Ángel Yusset Gázquez Toirac (Universos paralelos), Manuel Argelio Almenares Estrada (Origami en el Focsa), Mercy Rivadulla (Mural escultórico de Rolando López Dirube) y Leonor Menes Corona (Las alas del espíritu).


Sonia Almaguer Darna. Tercer Premio, Vía Crucis (Díptico)

 

Curiosamente, en las tres obras premiadas la escultura de función funeraria, tan antiguamente nueva como la vida, fue el denominador común. La Necrópolis de Colón, el mayor museo de escultura del país, una vez más, fue la fuente informante e inspiradora de las obras premiadas. El tríptico de Antonio Hernández asume el claroscuro como recurso expresivo esencial de su propuesta, tal y como lo hubiera hecho uno de los “tenebrosos” discípulos del pintor Caravaggio, en el supuesto de haber tenido en sus manos una cámara digital. Más impuesta de una poética de raigambre constructivista, se presenta Hacia la luz, de Neisys González Pérez. Su contrapicado en diagonal de la escultura homónima acierta en homologar título y foto. Mientras que Sonia Almaguer Darna, en Vía Crucis, asume la imagen de una Crucifixión mutilada por las piernas, para ilustrar la obra del tiempo o, quizás, una más oscura relacionada con la depredación humana. En cualquier caso, el mensaje se explicita a partir de las dos fotos a manera de díptico, lo que hace de cada una de las partes seccionadas una obra en sí, en tanto no se restaure el todo.

Lente artístico es una iniciativa loable… Y una realidad que debe de prosperar en venideras ediciones, sobre todo, en aras de “despertar el interés por la historia de la capital y un sentido de pertenencia hacia el patrimonio construido y natural”, tal y como se declara en los objetivos del comentado evento. Y, también, para beneficio de esta más que centenaria modalidad fotográfica, que la asume y testimonia.