Para Yanisbel, siempre llena de fe.


El año 2017, como todos los que llegan, trae consigo mitos, fábulas, augurios oscuros y luminosos. Se pronostican transformaciones profundas de todo tipo, nuevos descubrimientos, desastres naturales, fenómenos maravillosos. Me pregunto cuáles serán las predicciones para nuestro teatro de títeres. Es una interrogación medio en broma y medio en serio. El período que ya concluye dejó el terreno de la isla lleno de huellas titiriteras. Eso me gusta, el trabajo siempre arroja resultados. Puede que a algunos les hayan parecido pequeños, puede que a otros grandes; pero resultados al fin y al cabo, son sus consecuencias las que nos permiten al final constatar que hubo frutos artísticos.

Historias bien guardadas
Historias bien guardadas. Fotos: Sonia Almaguer


No se puede medir el crecimiento teatral como si de hortalizas se tratara, mucho menos en una pequeña extensión de tierra donde el teatro de figuras ha ido del timbo al tambo en un breve período de tiempo, si comparamos nuestra historia con la tradición milenaria de los grandes y viejos continentes. No miro a nuestra titiritería con aires de subvaloración ni sobrevalorándola, solo intento ser objetivo y, sobre todo, optimista. Creo que todos los planteamientos artísticos, por disímiles que sean, son válidos. El equilibrio conceptual de un producto teatral, el ascenso pedagógico y teórico de un colectivo de creadores, solo puede alcanzarse con el hacer, o mediante el intercambio de hallazgos y desencuentros con los demás.

Escribí a finales de 2015: “…nunca ha salido la luz si antes no hubo oscuridad, es en ese tránsito donde se alcanza el verdadero carácter de alumbramiento, sea este teórico o surgido del pleno ejercicio de la representación”. Desde el Cabo de San Antonio a la Punta de Maisí, las tropas titiriteras nacionales vienen avanzando. A la Cruzada Teatral Guantánamo-Baracoa, una experiencia singular de nuestro país, están llegando agrupaciones y personalidades internacionales que oxigenan el panorama anual de esa importante acción. En esa oriental provincia, los titiriteros más jóvenes insisten en llevar adelante la jornada escénicaTitereando en la ciudad, apoyados por los maestros, atentos a las posibles ausencias prácticas o intelectuales en el teatro con figuras de la región.

Teatro Andante, de Bayamo, estrenó el espectáculo Cuba de sol a mí, coherente con su poética montuna, llena de dicharachos, canciones populares y un ritmo a todo tren. En Las Tunas Teatro Tuyo, a la vanguardia del género clownesco en la isla, piensa en el trabajo objetual de sus montajes de una forma muy cercana a la animación de los muñecos. La Fiesta del Títere, nacida en Holguín, con el guiñol provincial como líder principal, activa zonas creativas que incluyen debates sobre asuntos urgentes de la escena. Jóvenes juglares asentados en Teatro Alánimo, Dripy, Los pintores y el Guiñol de Remedios, de la provincia Villa Clara, dan pasos promisorios que, como todo lo nuevo, lo mismo se adelantan que atrasan con inquietud reveladora.


Cuba de sol a mi. 


Retablos, de Cienfuegos, se ha mudado recientemente a La Habana; parte de su elenco integra ahora Teatro El Arca. Espero que continúen en la capital los talleres de diseño, construcción de títeres y escenografías para profesionales, instructores de arte y promotores culturales que hacían en la Perla del Sur, y sobre todo que el anunciado Taller de espectáculos unipersonales no se haga sal y agua. Christian Medina, exlíder de Retablos, posee experiencia en estas lides, además de haber conseguido excelentes resultados, aplaudidos también allende los mares.

Matanzas es la tierra de los grupos Teatro Papalote y Teatro de Las Estaciones, otra provincia que genera espectáculos, eventos, jornadas, intercambios, exposiciones y reconocimientos. Este año se organizaron los 60 años de Pelusín del Monte, y en el Taller Internacional de Títeres, el principal evento de la especialidad en el país, se entregó, de conjunto con la Uneac, la Distinción Hermanos Camejo y Pepe Carril, otorgada a la inolvidable Xiomara Palacio, irreparable pérdida de nuestra cultura, y al maestro Armando Morales, del Teatro Nacional de Guiñol.

En La Habana, una agrupación como Teatro La Proa nos regaló este año el montaje Eraseuna vez un pato, alabado y comentado por la crítica especializada, y favorecido por el respetable. Barco antillano, del maestro Julio Cordero, y Adalett y sus títeres, activan focos comunitarios en favor del conocimiento de nuestro oficio. Teatro La Salamandra, después de algunos años de reajuste, ha vuelto al ruedo con Historias bien guardadas, performance teatral para pequeños públicos, una sui génerisceremonia que muestra la historia de dos mujeres detenidas en un tiempo otro. Cajas antiguas de diversos tamaños se abren para descubrir secretos femeninos a los fisgones espectadores. Los ojos vienen y van por abanicos, piezas plegables, anillos y polveras.


Los dos príncipes


El Teatro Nacional de Guiñol organiza ferias y cursos, en un toma y daca que pudiera ser aún más provechoso para los nuevos titiriteros. En Pinar del Río, el grupo Titirivida estrena nuevos títulos comandados por artistas muy jóvenes. El Teatro Alas consolida poco a poco una estética propia, signada por el cuidado en la animación de muñecos y una literatura dramática de calidad proveniente de la zona. Están pasando cosas. De seguro que hay más. Llegan voces lejanas desde la Isla de la Juventud, entre otras actividades que desconozco. No alcanzo a medir de manera perfecta la faena titiritera nacional, ya sea por desinformación o por la pobre publicidad que las propias agrupaciones realizan de sus tareas. Nadie va a gritar a los cuatro vientos por nosotros, esa es una responsabilidad de vida o muerte en cada quien.

La Cátedra Honorífica Freddy Artiles, del Instituto Superior de Arte, y el Centro Cubano de la Unima, se hicieron sentir lo mismo en el Festival Nacional de Teatro de Camagüey, que en la Tercera Bacanal de Títeres para Adultos, en la capital. Sus directivos e integrantes han sido parte movilizadora en estos eventos, como debe y tiene que ser si aspiramos a que nuestro género evolucione. Los periodos caducan, las generaciones se recambian, los iconos son sustituidos por otros, queda el efluvio de los que se han vuelto clásicos, el buen arte posee calidad imperecedera.

Me cuestiono si ponernos al día será asomarnos a la ventana del mundo para seguir los campanazos que dan otros. Prefiero escrutar con inteligencia los sonidos de otras tendencias, economías y sociedades, para aprender a mirar nuestros propios valores, sin padecer de autofagia o ceguera inútil. Tengo la certeza de que algo se mueve en nuestro país, como una raíz subterránea que de cuando en vez deja ver interesantes arbustos. No todo está perdido. Si hallamos cada año dos o tres sorpresas escénicas en medio de una realidad difícil, es que en los 109, 884.01 kilómetros cuadrados de nuestra superficie terrestre, algo anda y crece.