Apostillas para la danza cubana. Homenaje a Umberto Eco
Fotos: Kike
 

Supe la noticia de la muerte de Umberto Eco mientras organizaba la aparición de una sección, en un sitio de prensa digital, para celebrar los 40 años de la fundación del Instituto Superior de Arte (ISA). Dolorosa variación del azar esta, pues fue en esa escuela donde aprendí a apreciar el ejercicio intelectual del escritor italiano. La fascinación por su obra es pasión que compartía con muchos de mis compañeros, y fue Eco una referencia obligada para discurrir sobre los sucesos que estremecían el arte cubano de los 80, en particular las artes plásticas y el teatro. Las Apostillas a El nombre de la rosa fue un material muy útil a la hora de analizar sucesos, por poner un ejemplo, como la aparición en escena del Ballet Teatro de La Habana, una experiencia que trascendió el momento del estreno y que aún no se ha valorado como debiera.

La fascinación por su obra es pasión que compartía con muchos de mis compañeros, y fue Eco una referencia obligada para discurrir sobre los sucesos que estremecían el arte cubano de los 80, en particular las artes plásticas y el teatro.Las discusiones sobre la calidad de las obras que presentaba la agrupación fundada por la bailarina Caridad Martínez, tras su salida del Ballet Nacional de Cuba, no se limitaban a la descripción del hecho escénico, a la simple reseña de lo ocurrido en la función. Cada uno de sus estrenos provocaba debates intensos, generaba ríos de chismes y marcaba hitos en la gestación y el pensamiento de la danza y el teatro hecho en Cuba. Sorprendió la salida del Ballet Nacional de Cuba de bailarinas como Rosario Suárez y Caridad Martínez, fue un escándalo que se quitaran las zapatillas y el tutú y se juntaran a trabajar con actores, que pusieran en escena a la Virgen de la Caridad del Cobre, que colaboraran con poetas, artistas de la plástica, músicos.

En Tablas 2 de 1989, Pedro de La Hoz se refería a Eppure si mouve, coreografía de Caridad Martínez para el Ballet Teatro de La Habana. El periodista polemizaba con otros críticos que calificaban la obra como postmoderna, y alertaba sobre el peligro de utilizar los postulados de la posmodernidad a ultranza, bajo el peligro de realizar un acto sin sentido. En la reseña Pedro cita a Eco cuando el autor de El nombre de la rosa afirmaba:

“La respuesta posmoderna a lo moderno consiste en reconocer que, puesto que el pasado no puede destruirse, lo que hay que hacer es volver a visitarlo, con ironía, sin ingenuidad”.

Y volvía De La Hoz a ocuparse de la coreografía:

Eppure si mouve incorpora de los procedimientos postmodernos la reconstrucción imaginal, es decir, cierta manera de codificar los elementos expresivos, pero en modo alguno subestima el acto interpretativo. Subraya la ironía pero desde una responsabilidad bien distante de la ingenuidad”.

Han pasado más de 20 años de aquellos sucesos y, desde entonces hasta hoy, lentamente, la danza cubana ha ido ganando espacios en las reflexiones sobre el arte, todavía no alcanza los volúmenes dedicados al teatro, pero cada vez despierta más la atención de los estudiosos. Tal conquista se debe a la fortaleza de las tradiciones danzarias cubanas que, en diálogo permanente con las últimas tendencias mundiales, se renuevan en forma creativa. El virtuosismo, al parecer inagotable de sus bailarines, es otra de las razones. La posibilidad de ver con frecuencia temporadas de la especialidad en los teatros cubanos también ha influido en el público y en la crítica.


 

Pareciera que hay más conciencia entre la gente de teatro del carácter efímero del hecho escénico, porque es vital para ellos dejar constancia de ese instante fugaz del encuentro entre el actor y el espectador. Hace ya 40 años se abrieron los estudios de Teatrología en el ISA. En el castillo diseñado por el arquitecto Roberto Gotardi, al fin agasajado con el Premio Nacional de Arquitectura, compartieron espacios toda la gente de teatro, sin distinguir especialidades, y convirtieron las aulas en talleres para trabajar hasta altas horas de la noche. Esta experiencia pedagógica, signada por la lucidez de la doctora Graziella Pogolotti, generó una práctica sustentada en la teoría. De ahí que cada gesto de nuestro teatro vaya acompañado de una reflexión al respecto. Nótese como prueba la existencia de dos revistas de teatro, valórese la cantidad de eventos que se organizan sobre teatro a lo largo y ancho del país en los cuales el programa siempre incluye un Coloquio, fíjense en la cantidad de aristas del teatro adonde ha llegado la mirada teatrológica.

Pareciera que hay más conciencia entre la gente de teatro del carácter efímero del hecho escénico, porque es vital para ellos dejar constancia de ese instante fugaz del encuentro entre el actor y el espectador. Ya sabemos con el doctor Fausto que no se puede pactar con el Diablo, que es imposible detener el instante por hermoso que nos parezca. Por eso se escribe sobre teatro, se registra el testimonio de sus hacedores con entrevistas, se organizan exposiciones de fotografías, se realizan documentales sobre las grandes figuras, se filman las funciones, se promueven encuentros para saber qué hace y cómo piensan los colegas.

La Historia es una de mis pasiones, y al adentrarme en el mundo de la danza he constatado con dolor que una buena parte de su devenir en Cuba ha pasado al olvido. Pondré tan solo algunos ejemplos. La tarde en que una de nuestras más auténticas joyas, Loipa Araújo, celebraba sus 70 años, el cineasta Fernando Pérez presentaba un documental [1] sobre la vida y obra de la bailarina, y se lamentaba de que una figura como ella hubiera recibido tan escasa atención de nuestro cine. Hace unos días organizamos un Coloquio sobre la llegada al Conjunto Folclórico Nacional (CFN) de 17 bailarines, protagonistas de los grandes hitos de esta compañía. Al revisar las páginas de Tablas apenas encontré dos textos sobre la agrupación, uno de Gerardo Mosquera sobre el montaje de Odebí el cazador, de Eugenio Hernández Espinosa, y una evocación de Isabel Monal de los años fundacionales del CFN.

En ese sentido, la trayectoria de Ramiro Guerra sigue siendo paradigmática, es el único bailarín y coreógrafo cubano que ha reflexionado sobre su práctica y sobre la de sus compañeros de manera sostenida. Infatigable a sus 95 años, Ramiro sigue pensando la danza y la pone a dialogar con otras áreas del conocimiento. Develando la danza, su libro más reciente, es un abordaje semiológico a los diferentes componentes de este arte y, cómo no, Eco es una de sus grandes referencias.


 

Todavía los estudios universitarios de danza y ballet no han rendido los frutos deseados, los trabajos emprendidos para alcanzar el título de Licenciado se quedan ahí como simples materiales de consulta de unos pocos interesados, raras veces sirven como sustento de futuras prácticas artísticas, aun cuando muchos son de alto vuelo intelectual. La reciente aparición en el panorama académico de la carrera de Danzología abre puertas a la esperanza, a estos estudiantes cabe la enorme responsabilidad de rastrear la historia precedente y dejar testimonio de lo que vivimos hoy, cuando algunas figuras van trazando un cambio generacional, en un panorama donde urge una transformación en las formas de gestionar la danza.

Todavía los estudios universitarios de danza y ballet no han rendido los frutos deseados.Se exploran escenarios no convencionales para la danza y se piensan en otras maneras de expresarse a través del cuerpo y del movimiento para dialogar con los espectadores. Pero persisten muchos estancos entre danza y ballet, aún no nos acercamos a otras zonas del arte y la cultura con la frecuencia que debiéramos, estamos muy atados a la frontalidad, la tecnología es simple telón de fondo, el ejercicio teórico marcha en paralelo con la práctica, la crítica se suscribe a la reseña del momento. Me imagino que los danzólogos serán factores de cambio en este proceso, que lo aprendido en las aulas del ISA será herramienta poderosa para acompañar a la danza en el desafío que le plantea una Cuba en proceso de transformación socio-económica, en el cual el ejercicio de la crítica también sufrirá grandes sacudidas.

Y sería muy bueno para la danza cubana que los danzólogos comenzaran desde ahora a dejar su impronta, pero antes debo advertirles que sobre el ejercicio de la crítica se han vertido ríos de tinta cuestionando su rol en el mundo, y parece que ese caudal no se detendrá. Frente a semejante embate se multiplican las interrogantes, algunas son antiquísimas, otras son de reciente aparición pero, créanme, cualquiera que sea su fecha de elaboración, pueden convertirse en estímulos para pensar la danza.

La crítica como diálogo con el otro. La ruptura de los moldes tradicionales. El sentido de la obra que se analiza. La necesidad de interpretarla. Cómo seguir las pautas de los nuevos discursos danzarios. La voz del crítico. El impacto de Internet, su inmediatez y sus posibilidades para construir la memoria escénica. La ausencia de normas para valorar las propuestas. La crítica como creadora del canon. El gusto de cada quien. El contexto en que se escribe: la sociedad, el medio, el objeto de estudio. La irrupción del mercado en el arte. La ética del crítico.


Otra vez llega para auxiliarme mi admirado Umberto Eco. En las Apostillas a El nombre de la rosa decía:

“Cuando escribía obras teóricas, mi actitud hacia los críticos era la del juez: ¿Han comprendido o no lo que quería decir? En el caso de una novela todo es distinto. No digo que el autor debe aceptar cualquier lectura, pero, si alguna le parece aberrante, tampoco debe salir a la palestra: en todo caso, que otros cojan el texto y la refuten. Por lo demás, la inmensa mayoría de las lecturas permiten descubrir efectos de sentido en  los que no se había pensado”.


 

Desde el Departamento de Danzología de la Universidad de las Artes los estudiantes lanzaron el boletín Giros, que recién comienza su andar por el mundo, entre los avatares de la cotidianidad y las insuficiencias tecnológicas que de vez en cuando nos complican la existencia, pero han sido más fuertes los deseos de estos jóvenes de insertar sus voces en el contexto de la sociedad cubana.

Toda la danza, la danza toda, será objeto de estudio en Giros, porque el pensamiento no puede tomar asiento. Sueño con la idea de que los danzólogos se enrolen en la guerrilla semiológica que imaginaba Umberto Eco, destinada a formar receptores inteligentes, capaces de detectar los mensajes insulsos y banales que emiten muchos medios de comunicación, y también de dialogar creativamente con el arte y la cultura.

Notas:
  1. Loipa, existencia en plenitud, de Gloria Argüelles.