Anna Lidia Vega, casi de cumpleaños

A las tres de la tarde del miércoles 18 de enero nos pudimos reunir con Anna Lidia Vega Serova, en el ámbito de la biblioteca Rubén Martínez Villena durante el espacio dedicado a El autor y su obra. Fernando Rodríguez Sosa sirvió de moderador y, como panelistas, tuvimos a Alberto Garrandés, Marta Rojas, Roberto Zurbano y una invisible Marilyn Bobes.

Marta y Marilyn se inclinaron en sus intervenciones por un sesgo teórico. La autora de El jardín de Oviedo señaló positivamente en la obra de Anna Lidia, hecho de no dejar fisuras para distinguir qué es verdad y qué no. También destacó el “enérgico contraste de caracteres y pasiones humanas.”

Marilyn Bobes no pudo acudir personalmente a la cita, pero sus palabras fueron leídas. Así nos enteramos cómo, según ella, Anna Lidia “tiene una visión desprejuiciada de lo femenino y parece desentenderse de lo que hasta ahora entendíamos como “conciencia de género” para plantearnos desafíos que violentan los cánones y transforman a las mujeres en sujetos enmascarados en la autoficción.”

La autora de Alguien tiene que llorar también señaló que Anna “dinamita las convenciones de la novela y las del cuento junto con las del sexo. Acude a la relatividad  de una voz que identifica procesos íntimos y reconstruye situaciones literariamente inéditas (…). Las zonas truculentas del inconsciente se enfrentan a una hostilidad exterior que la escritora nos describe con fino humor y a veces con cruel sarcasmo.”

  
Anna Lidia Vega Serova. Foto: Internet
 

Alberto Garrandés y Roberto Zurbano, por su parte, se inclinaron más por el lado anecdótico en sus intervenciones. El autor de Las potestades incorpóreas rememoró los días en que solía ser jefe de redacción de Letras Cubanas y contó sobre sus primeros encuentros con la Serova. (“Conocí a Anna Lidia Vega hará veinte años, muy cerca de aquí, en el Palacio del Segundo Cabo, cuando yo me encargaba de enrumbar, entre mediados y fines de los años 90 (la época de los novísimos), la publicación de novelas y cuentos en la Editorial Letras Cubanas. Y enseguida su forma de hablar y su aspecto se concertaron acoplándose de un modo especial. Creo que usaba trenzas y hasta un vestido no extraño, pero sí separado de lo habitual. Me traía un libro de relatos que, en lo concerniente a mi gusto, siempre me ha parecido el más inseminador de los suyos porque contiene embriones vivos, resonantes aún: Bad painting.”)

Alberto no perdió la oportunidad de comentar cómo la autora “ha creado un personaje tipológico, un personaje casi global que viene a constituirse en el centro mismo de su poética y que utiliza varios antifaces dentro de la duda vital, la ilusión, la recaída, la separación y el alejamiento, la autoconciencia, la obsesión por el cuerpo, la construcción de la amistad, el ajuste lingüístico de los diversos grados de la sinceridad, el sexo, el deseo que acaba en el orgasmo, el drama de la comunicación, la legibilidad del yo y el estilo de las confidencias. Ese personaje, claro, es una mujer, y esa mujer se refugia con intrepidez en sus estancias privadas compartibles, se ha entrenado en la tasación (y el culto) de las dádivas y los merecimientos de la existencia, y se impone a sí misma caminar por ciertos bordes donde la felicidad o es precaria o es embarazosa.”

Roberto Zurbano abandonó un rato sus predios en Casa de las Américas para venir a contarnos sobre un encuentro fortuito con Anna Lidia en las planicies invernales de alguna ciudad norteamericana. Algo hermoso y evocativo en dónde los ojos claros de una mujer y los distintos colores de la nieve pálida sobresalían. También aprovechó para disertar sobre la poesía de la invitada en cuestión.

“No es sólo una creadora de singulares personajes que hablan desde un yo cuasi exhibicionista, que irrumpen en la página como si nos atacaran o acabaran de ser atacados ellos mismos, destazados por la realidad o por la memoria. Es también autora de excelentes textos poéticos que exploran la otra cara de sus preocupaciones narrativas. Encuentro en su poesía confesiones amorosas, familiares, corporales e ideo-estéticas de esta mujer un tanto difícil de ubicar entre las clasificaciones y estereotipos con que se tratan de vender o simplemente explicar qué sucede en la narrativa cubana contemporánea.

“Anna Lidia Vega Serova no solo es parte de la diversidad que configura dicha narrativa, sino que es diversa en sí misma, ofreciendo varios rostros, voces, niveles de escritura y géneros entre los cuales prefiero hoy hablar de la poesía, menos abordada por la crítica y porque sus versos son despiadados hasta consigo misma y escudriñadores de una conciencia étnico-familiar: su conciencia eslava, a través de la cual se adentra en busca de respuestas que no la satisfacen, pero le ayudan a entender parte de sus contradicciones, al colocar sus raíces rusas en una zona conciliatoria”, concluyó Zurbano.

Para redondear la tarde, tuvimos intervenciones musicales de Marta Campos y Heidi Igualada. Después de terminar una versión de Veinte años a dúo entre las trovadoras, Anna Lidia confesó sentirse muy emocionada, casi como si fuera su cumpleaños.

Ella ha sabido hacerse de un sitio entre esta Cuba rodeada por la maldición del agua por los cuatro costados y un San Petersburgo fantasmal, perteneciente a una URSS ya lejana en el recuerdo. Se ha labrado una patria propia, a medio camino entre la nostalgia y la palabra escrita. Con ella solo nos queda adentrarnos en ese, su universo íntimo y original (su catálogo de mascotas, su imperio doméstico), e intentar crear nuestro propio mundo, nuestra patria particular, a medio camino entre la literatura y una adecuada dosis de nostalgia personalizada.