Amar sin papeles

Esta nueva crónica desde el sur quiere dar testimonio y fe de la presentación de la edición argentina del CD Amar sin papeles donde se escuchan algunos de los poemas incluidos en el libro homónimo, publicado por la Cooperativa Editorial Atrapasueños de España, y ocho musicalizaciones de esos poemas creadas con entusiasmo y con amor por Lucía Sócam, la joven cantautora/trovadora andaluza con la que realicé, a finales del 2014, en diez ciudades de la península, la gira de recitales que dio pie —más bien sonidos e imágenes— a este disco tan memorable y querible para mí.

El espacio para la presentación de Amar… fue una casa fraterna: la sede de la Fundación Mercedes Sosa para la Cultura que llevan con entusiasmo y tesón, a veces contra viento y marea, el hijo y los dos nietos de la gran cantora: Fabián, Agustín y Araceli. Juntos ya habíamos organizado el pasado año, en la Sala Majadahonda del Centro Pablo en La Habana, la exposición retrospectiva de carteles de Mercedes, una maravilla de la memoria y el diseño gráfico que forma parte del extenso inventario de la Fundación.

La presentación de Amar… el pasado sábado 9 de enero incluyó las palabras de bienvenida y afecto de Fabián Matus, algunas imágenes audiovisuales traídas desde el Centro Pablo y el mano a mano poético-musical/trovadoresco que tuve la suerte de compartir, en este orden, con Gabo Sequeira, Paula Ferré, Eloy López (acompañado por su hijo Facundo) y Aurorita Feliú (o Aurora de los Andes, como prefiera llamársele), hija del hermano Vicente y sobrina del hermanito Santiago.

La dramaturgia improvisada de este espectáculo se inició con mis palabras para/sobre el CD Amar… y su co-autora Lucía Sócam. Me alegró compartir con la gente que llenaba la sala de conferencias de la Fundación algunas noticias sobre Lucía y resaltar su espíritu de creatividad y combate que la ha convertido en una excelente activista de causas nobles como la memoria de la Guerra Civil Española, la lucha por la emancipación actual de la mujer y la búsqueda de los caminos para que este mundo sea un tilín mejor, como diría el trovador. Para presentar a Lucía, que no estaba con nosotros físicamente esa noche, mostramos un fragmento de las entrevistas que nos hizo un canal independiente en Mollet, Barcelona, donde Lucía cuenta los orígenes de esta aventura de Amar… e interpreta la canción nacida del poema “Para morir de amor cualquier lugar es bueno”.

Una noticia y un deseo que quisiéramos se cumpliera más temprano que tarde: presentaremos la edición española de este disco (probablemente junto a su homónimo literario) en la próxima Feria Internacional del Libro de La Habana, entre el 11 y el 18 de febrero próximo; quisiéramos, desde el Centro Pablo, que la obra y labor de Lucía sea conocida directamente en la Argentina; para ello haremos todas las gestiones posibles —aun en las desfavorables condiciones para la cultura que está comenzando a imponer el nuevo gobierno electo en la Argentina. La gente solidaria continúa existiendo, por supuesto, en esta nueva situación y está, además, iniciando los caminos de resistencia y lucha frente a la agresión múltiple que ha desatado, de manera relampagueante e ilegal en algunos casos, el nuevo-viejo gobierno.

Así vibraron la voz y la música de Lucía sobre la pantalla iluminada y después de ello, me acompañaron, guitarra en ristre, la gente querida que había invitado a compartir esa noche de poesía y canción. Comento breve —y agradecidamente— sobre ellos en estas líneas urgentes que siguen.

Gabo Sequeira fue el primero. Con él habíamos conversado desde principios del pasado año sobre esa posibilidad de compartir los trabajos de cada cual y los comunes en algún espacio fraterno de Buenos Aires. Gabo quería —quiere— incluso ayudarnos a establecer un espacio A guitarra limpia aquí en la capital, que homenajee y recuerde el bastión creativo que trovadores y trovadoras han construido en el patio del Centro Pablo desde el año 1998. Sería un espejo —no repetidor, sino creativo— de aquel proyecto realizado en La Habana bajo el lema acertado de “Todas las generaciones y todas las tendencias de la nueva trova”. Quizá la colaboración fraterna y solidaria de la Fundación Mercedes Sosa que cuenta con los recursos iniciales (espacio, equipos de sonido e iluminación) pudiera ser un elemento importante para iniciar este nuevo sueño, en el que seguramente participarían algunos de los artistas que han llegado a Cuba, al patio del Centro Pablo, en estos años recientes, dentro de nuestro programa Todas las voces todas, proyecto gemelo de Nuestra voz para vos, a través del cual han llegado trovadores de todas las generaciones, especialmente los jóvenes, a la Argentina en las ocho ediciones de esa gira creadora y solidaria.

Paula Ferré fue la segunda invitada que me acompañó en el pequeño escenario de este Amar… colectivo. Sobre Paula comenté, en su presentación, lo que ahora comparto con ustedes: que admiramos en ella, además de sus virtudes musicales y vocales, esa vocación de contribuir a la promoción de los mejores valores culturales, especialmente de las cantautoras a través de su proyecto Mujertrova, que conocemos a través de las redes y con el que quisiéramos colaborar, desde la distancia geográfica, a través de cualquiera de las maneras posibles. A Paula la conocí personalmente hace muy poco, en el mes de noviembre, cuando se reunieron en la casa de un amigo común, Martín Consoli, algunas de las gentes que siguen, fiel y participativamente, el blog de Silvio Rodríguez en internet, Segunda Cita  —www.segundacita.blogspot.com— que ha creado una red de gente interesada en compartir y debatir a través de los cuatro millones de visitas que ha recibido en sus cinco años de existencia audaz y comunicadora.

 

En este punto, dentro de los comentarios cronológicos que vertebran esta crónica urgente desde el Sur, me veo obligado a testimoniar una ausencia entre los invitados esa noche de la Fundación: nuestro amigo, el compositor e intérprete Federico Pecchia, no llegó en el momento de su turno de la noche… ni después. Un mensaje telefónico nos hizo saber que su auto se había fundido en el camino hacia la capital, en algún lugar de la autopista. Otro mensaje posterior nos confirmó que había regresado, grúa mediante, a Escobar, su lugar de residencia, y nos enviaba felicitaciones por la noche que él, lamentablemente, se había perdido.

Me hubiera gustado escuchar a Federico compartiendo “Desde el mismo centro de la flor”, la canción que él creó, a partir del poema homónimo, en La Habana hace pocos años, mientras participaba en el Festival Cubadisco y se presentaba, por primera vez, en el patio del Centro Pablo. Agradecí, sigo agradeciendo a Federico haberse detenido en esos versos para crear una hermosa canción que incluyó el siguiente CD que produjo en aquel momento. El poema-canción puede encontrarse seguramente en los múltiples caminos del ciber. Les invito, junto a Federico, a buscarlo y disfrutarlo —aunque ya no sea en la cálida salita de la Fundación Mercedes Sosa.

Después de los poemas que alevosamente leí entre cantante y cantante, llegó al pequeño escenario un hermano jujeño-salteño, cómplice de estas aventuras de poesía y canción: Eloy López, acompañado de su hijo Facundo, bajo en ristre. Con Eloy he realizado otros mano a mano poético-trovadorescos aquí mismo en Buenos Aires y aún en Chile, en la Feria del Libro FILZIC de Antofagasta, a la que el Centro Pablo ha asistido desde su fundación, para apoyar ese empeño cultural que se propone desarrollar la literatura y la cultura de esa región que incluye también los territorios vecinos de Argentina, Bolivia y Perú.

Con Eloy compartí, ahora en la Fundación, la canción basada en el poema “Elogio de la locura”, un llamado a la defensa de la creación, la participación, y a la reivindicación de las capacidades humanas de soñar y luchar —que debieran ir siempre juntas.

Para seguir siguiendo —no para cerrar ni terminar— compartí el texto-poema “Increpación a Víctor Casaus” que generosamente escribió nuestro hermano Juan Gelman y que aparece como prólogo del libro Amar sin papeles y entre los textos leídos del disco del mismo nombre. Con ello —al igual que habíamos hecho durante todas las actividades de la gira Nuestra voz para vos, junto al dúo Cofradía, de Cuba— quise rendir homenaje a la solidaridad y la amistad de uno de los grandes poetas de la lengua castellana, nuestro hermano Juan Gelman.

Con la presencia y la voz de Aurorita Feliú quisimos completar el gesto fraterno de recordar y homenajear los talentos y las vidas de gentes queridas que partieron recientemente. Además de Juan, la noche estuvo dedicada a Santiaguito Feliú, que brilló, una vez más, como siempre, en la pantalla de la salita semi-oscura, en un breve video-homenaje del realizador de la Televisión Cubana Roberto Arada y en las imágenes del trovador cantando, a teclado limpio, en el patio del Centro Pablo, en la presentación de su disco ¡Ay, la vida!, la canción de Silvio “¿A dónde van?”.

En la imagen cuando termina la canción, Santiago dice, susurrando: “Silvio”, y se levanta para hacer dos reverencias irreverentes de saludo al público que lo aplaude desde el patio, y sale de cuadro, hacia su izquierda, para bajar del pequeño escenario.

En el aire de aquella tarde centropabliana —y también de esta noche en la Fundación— quedaron flotando estas líneas de la canción “¿A dónde van?” que está compuesta por 27 preguntas sucesivas, incisivas y memorables:

¿adónde van ahora mismo estos cuerpos, que no puedo nunca dejar de alumbrar? 
¿acaso nunca vuelven a ser algo? 
¿acaso se van? 
¿y a dónde van? 
¿adónde van? 

Por lo pronto —ahora lo supimos— fueron aquí, vinieron aquí, estuvieron aquí en las canciones y los poemas de la presentación de Amar sin papeles, a la sombra y a la luz de Mercedes, en su Fundación, el sábado pasado, al anochecer.