AM-PM. Pitching, promoción y producción en Cuba

La promoción de artistas, uno de los puntos débiles de la industria discográfica cubana —a la que habría que señalarle la producción de discos en sí misma—, fue el tema que unió los proyectos presentados en la sesión de pitching de AM-PM. Ya fuera desde el amparo institucional o bajo el resguardo de productores independientes, los géneros musicales y los músicos emergentes cubanos determinaron el centro de las iniciativas, lideradas en su mayoría por jóvenes creadores.


Representantes de la plataforma y comunidad de música electrónica Cocuyo. Foto: Abel Carmenate


En ese sentido vale destacar el sello discográfico de gestión colectiva BanEra Studio, el cual —según explicaron sus representantes— propone ampliar la escena musical cubana a partir del lanzamiento de nuevas voces o agrupaciones que “rompan” los esquemas generalizados del consumo de música “comercial”.

Aunque suma pocos fonogramas por su novedad, vale señalar que BandEra realiza sus producciones totalmente libres de costo —algunas de ellas premiadas en el certamen Cubadisco—, cuenta con una revista (BandEra Magazine) y se halla construyendo un sitio web. Sus convocatorias son públicas y abiertas a todos los músicos del país.

Similar intención tiene la plataforma y comunidad de música electrónica Cocuyo. Este portal —que actúa como “sombrilla” para microplataformas afines— convoca a todos los productores y Dj cubanos que trabajan el género —dentro o fuera de la Isla— a “colgar” su contenido con el ánimo de intercambiar tracks, experiencias y, claro, promover sus creaciones.

Controvertida desde su conceptualización y con pocos espacios para presentaciones masivas, la música electrónica y sus cultores encuentran en esta iniciativa una vía para socializar contenidos, y en un futuro —de acuerdo con sus fundadores— comercializarlo.

La Vitrola, una aplicación para gestionar música desde dispositivos móviles, fue otro de los proyectos presentados. Su creador, Renier Ricardo, comentó que entre los aportes de esta apk figura facilitar información sobre las preferencias musicales del público y hábitos de consumo, del mismo modo que hacían años atrás, cuando contaban como un mecanismo para medir la popularidad de los artistas. De hecho, se estima que a fines de los 50 había en Cuba 20 mil vitrolas, y que en esa década se vendía a sus poseedores cerca de tres millones de discos.

A estas iniciativas se sumó la plataforma Colón Cultural que, en alianza con el movimiento SoFar Sounds, realiza una serie de conciertos con artistas emergentes en esta comunidad periférica de La Habana y otros municipios de la capital.

Igualmente meritorio resultó “Fortalecimiento de la competitividad, desempeño organizacional y capacidad de exportación de la industria musical cubana”, proyecto que llevan a cabo el Ministerio de Cultura de Cuba y la Organización de Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial, apoyados por la Agencia Internacional de Cooperación de Corea del Sur. Según trascendió, cuentan entre sus objetivos implementar estrategias que imbriquen instituciones y sujetos no estatales en aras de una producción, distribución y comercialización más expedita de la música hecha en el país.

A las sesiones de AM-PM, limitadas por la extensión del evento, pudieron faltar decenas de iniciativas como las presentadas. Lo cierto es que estas resultan una muestra innegable de la creatividad y el ánimo renovador de los productores y promotores de música cubana.