Algo no estamos haciendo bien en EspaƱa

Cada semana, entre las presiones que implica la publicación de un nuevo dossier, recibimos invariablemente un texto sobre el teatro de títeres y manipulación de objetos en Cuba. Son casi siempre valoraciones firmadas por Rubén Darío Salazar, actor, investigador y director del Teatro de las Estaciones, quien además coordina para nosotros la sección Retablo Abierto, que a veces comparte con otros críticos cubanos especializados en esta vertiente del teatro.    

Pero resulta que hoy, además de la columna de Rubén, las redes sociales me permitieron descubrir otro texto, de Yanisbel Victoria Martínez Xiqués, sobre estos mismos asuntos, solo que desde otra perspectiva. Lo curioso de este material, concebido originalmente para Facebook, es que se refiere al tratamiento recibido por el teatro de títeres en España, justo en estos días en que casi todos caemos en la tentación de resumir lo bueno y lo malo que nos aconteció durante el año que termina, y apenas unas horas después de que nuestra sección de crítica teatral diera a conocer los Premios Villanueva a los mejores espectáculos de 2016.

Caleb Casas en la obra Diez millones
10 millones, Argos Teatro, Cuba. Foto: Sonia Almaguer


Yanisbel es una titiritera cubana, residente en España, que ha colaborado otras veces con nosotros y que mantiene vínculos muy diversos con el movimiento teatral cubano; de ahí la importancia de su razonamiento, que tiene además varios puntos de contacto con el teatro que se hace ahora mismo en Cuba. Aprovechando esta feliz coincidencia, nos place mucho poder incluir en una misma entrega el texto resumen del año, escrito por Rubén Darío e incluido en nuestra sección Retablo Abierto, en diálogo con estas reflexiones de nuestra querida Yanisbel Martínez.

Sirva de una vez esta invitación al diálogo para festejar la dicha de contar con la columna de Rubén, que durante todo el año nos mantiene al día de lo que vale y brilla sobre el ambiente titeril cubano y sus más ilustres visitantes.

Aquí les dejo entonces el texto de Yanisbel:

Leo y releo las listas que hacen los periódicos y revistas sobre los mejores espectáculos del año, y algo es evidente y palpable: los títeres no existen en ellas. ¿Por qué?, me pregunto una y otra vez. Las posibles respuestas podrían ser tristemente obvias:

1. Porque en España los críticos teatrales o periodistas varios no asisten a espectáculos de títeres.

2. Porque aun asistiendo, los espectáculos del género no están al nivel de otros.

3. Porque la mayor parte de lo que se programa en temas de títeres no tiene repercusión mediática.

Todo esto me da mucho que pensar, pero sobre todo me da ganas de actuar, de acometer acciones para que la crítica teatral nos mire sin miedos, sin ascos, sin prejuicios; pero sí con conocimiento y referencias actualizadas. ¿Cómo es posible que a nivel europeo la creación contemporánea más innovadora y audaz esté signada por los títeres, y en España estemos tan lejos de eso?

No sé cuántos espectáculos vi este año —siempre menos de los que me gustaría—, pero de los que vi en varios países, añadiría solo seis a mi lista particular de 2016, y de estos solo dos serían de títeres. Estos son para mí esos espectáculos que, más allá de gustarme menos o más, se quedan en mi pensamiento, me influyen, me activan y hacen crecer:

1. La flauta mágica, de W. A. Mozart. Dirección escénica de Suzanne Andrade & Barrie Kosky (Alemania).

2. La respiración. Autoría y dirección de escena de Alfredo Sanzol (España).

3. Diez millones. Autoría y dirección de escena de Carlos Celdrán (Cuba).

4. CCPC, dirigido por Pedro Franco (Cuba).

Los de títeres podrían ser como las dos caras opuestas de una moneda, pero ambos potentes y emocionantes:

1. I Sisyphus, dirigido por Veselka Kuncheva (Bulgaria)

2. Gianduja según Bruno Niemen (Italia).

Este último no lo pude ver en directo porque nos tocaba montar en un teatro a la misma hora en que Niemen ofrecía su función; pero entrevisté al señor, vi lo que hacía, y Enrique Lanz, mi compañero y codirector de nuestro grupo Etcétera, lo vio y lo filmó. La emoción y sorpresa de Lanz ante la maestría de este titiritero popular de séptima generación fue grandiosa, y me motivó a verlo una y otra vez, gracias a su registro en video.

Algo no estamos haciendo, o no estamos haciendo bien en España. Pero como soy positiva, proactiva y me gustan los retos, sé que las cosas se pueden cambiar y sigo trabajando en ello.