Alfredo Vald├ęs Jr. para recordar
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Hace apenas unos días, en una improvisada tertulia de amantes de la tradición musical cubana que comentaban la grandeza del trompetista Alfredo Armenteros, Chocolate, a raíz de su deceso el 6 de enero de este año, alguien recordó su colaboración con Israel López, Cachao, en la grabación en Nueva York de los dos volúmenes de Master sessions, en 1994 y 1995 —el primero de ellos merecedor del Grammy al Mejor Álbum Latino Tropical Tradicional— y trajo a colación el papel del piano en esos registros. ¡Cómo no!, le respondieron, si el pianista era Alfredito Valdés.

Ninguno de los presentes podía imaginar que a una noticia luctuosa se sumara otra casi de inmediato: el sábado 23 de enero fallecía en la misma urbe norteamericana Alfredo Valdés Jr.

Este habanero, nacido el 31 de mayo de 1941, llevaba la música en la sangre. Emparentado con Vicentico Valdés, sobrino de Oscar Valdés, destacado percusionista y progenitor de uno de los fundadores de Irakere, tenía en casa el ejemplo más cercano. Su padre, Alfredo, era una de las voces soneras más representativas de la época; no por gusto Ignacio Piñeiro lo fichó para el Septeto Nacional y Cheo Belén Puig lo incluyó en su orquesta luego de la pérdida de Pablo Quevedo.

Aunque aprendió a tocar piano en Cuba, la carrera de Alfredito se desarrolló íntegramente en la escena musical latina de EE.UU., país donde residió desde 1956. Eso sí, con la música cubana por delante.

Él mismo contó sus inicios en grande: “Al llegar a la mayoría de edad en Nueva York ingresé al Conjunto de Arsenio Rodríguez y sus Estrellas en 1959. Al año siguiente grabé mi primer disco con Arsenio, Fiesta en el Harlem para el sello SMC y al año siguiente grabé otro disco con Arsenio para el sello Ansonia”.

Esa fue su academia sonera por excelencia y carta credencial para que los músicos latinos radicados en la Gran Manzana recurrieran a un pianista seguro, de buen gusto y dueño de la ciencia de los mejores tumbaos.

Por ello grabó cinco discos con Ray Barreto y su orquesta entre 1962 y 1965 y cuando ese año René Hernández dejó a los Afrocubans para trabajar con el puertorriqueño Tito Rodríguez, Machito lo llamó para llenar ese vacío.

Pero Alfredito quería experimentar nuevos horizontes y marchó en 1966 por 11 años a Los Ángeles, donde tocó con bandas norteamericanas y animó varios centros nocturnos.

Una poderosa razón motivó su regreso en 1977 a Nueva York; el llamado de Mario Bauzá para las sesiones de grabación del álbum Graciela y Mario, la botánica. Lo que vino después, sobre todo a partir de 1980 fue la época de oro de Alfredito, quien se convirtió en figura imprescindible como pianista y en más de una ocasión arreglista, de los discos protagonizados por Monguito, el Único (seudónimo del cantante matancero Ramón Quian), Roberto Torres, el salsero africano Laba Sosseh, los “ventú” de Chocolate Armenteros, Charlie Rodríguez, la India de Oriente, Jimmy Bosch y una decena más de cantantes e instrumentistas de las más diversas especies de origen sonero.

También Alfredito quiso dejar testimonio de su estilo personal de recrear la música tradicional. En calidad de líder y proyección como solista registró entre 1981 y 2006 siete álbumes; el primero, Alfredo Valdés Jr. y su Conjunto Pimienta-El Cachumbambe para el sello Picante, y el séptimo De la Habana a Nueva York, lanzado por el sello Envidia.

Con el advenimiento del siglo XXI, el músico vivió dos nuevos momentos de gloria. Uno, al participar en la grabación de Cuban Masters: Los Originales, para el sello Universal en 2001, junto al contrabajista Israel López, Cachao, el flautista José Antonio Fajardo, el trompetista “Chocolate" Armenteros, y los tumbadores Patato Valdés y Francisco Aguabella. En un corte de ese álbum alterna con otra notable pianista cubano, de larguísima estancia en París, Alfredo Rodríguez. Luego, en 2002, Cuban Dreams, La Reunión: The New York Sessions, para el mismo sello, lo unió a músicos cubanos residentes en la Isla, como los recordados Ibrahim Ferrer, Pío Leyva y Manuel Licea, Puntillita.

Su caballo de batalla en los últimos años fue la versión que realizó de “Se te cayó el tabaco”, del Benny.