Al cabo del Festival

 

 

Fotos: Kike

 

Concluyó de forma exitosa la edición número 25 de Festival Internacional de Ballet de La Habana, que en esta ocasión aportó la acertada decisión del comité organizador de otorgarle el merecido nombre de Alicia Alonso, la gran bailarina cubana, que ha sido además su principal animadora.

Una vez más, hemos vivido los momentos felices que nos brinda cada edición, con sus muchas bondades y, por supuesto, las inevitables carencias.

En más de 55 años de festivales, hemos podido ver en los escenarios habaneros a cientos de excelentes bailarines e interesantes coreógrafos que han ido dejando sus huellas en la memoria del público cubano. Las muestras de cada edición nos han enseñado cómo el arte de la danza ha variado en cuanto a su sentido empresarial y las relaciones de los bailarines con sus compañías —a veces, más de una—. También han cambiado la vida de los coreógrafos y su campo de acción, modo de hacer y poéticas.


Gala inaugural del 25 Festival Internacional de Ballet de La Habana “Alicia Alonso”.


Con funciones en cinco escenarios (Gran Teatro, Avellaneda, Covarrubias, Mella y El Ciervo Encantado), aún a muchos amantes de la danza les ha parecido poco tiempo y espacio, lo que los ha hecho clamar por más. En su ayuda vino la televisión, que en el horario de la noche ofreció sesiones de una hora de duración con algunas de las mejores entregas del programa. Como en tantas otras ocasiones, cuando se trata de danza, los teatros no alcanzan y siempre alguien se queda fuera de los coliseos.

 

Festival de directores

La presencia de un grupo de directores de importantes compañías de ballet, le otorgó una característica especial a la presente edición, lo que hace presagiar un incremento de los intercambios y la ampliación de los vínculos de trabajo.

La presencia de un grupo de directores de importantes compañías de ballet, le otorgó una característica especial a la presente edición, lo que hace presagiar un incremento de los intercambios y la ampliación de los vínculos de trabajo con algunas de las agrupaciones presentes en nuestra capital.

El gran Julio Bocca, quien muchas veces bailara en escenarios cubanos, vino en su condición de director del Ballet Nacional SODRE de Uruguay; Vladimir Issaev, director del Arts Ballet Theatre of Florida, estuvo junto a su bailarina, la venezolana Mary Carmen Catoya; también acudió Eduardo Vilaro acompañado por algunos bailarines de la compañía que dirige, el Ballet Hispánico de Nueva York; además de Janet Eller, directora de Martha Graham Dance Company, y Aurélie Dupont, actual directora del Ballet de la Ópera de París, entre otros.

 

Una fuerte impresión

La primera gran impresión del Festival nos la ofreció una compañía de danza moderna: tras 75 años de haberse presentado por primera vez en La Habana, Martha Graham Dance Company reapareció en el teatro de la calle Línea con tres obras de la fundadora de la agrupación: Dark Meadow, suite; Errand into the maze, recreación de la historia del Minotauro y el laberinto; y Diversion of Angels. Además, pudimos visionar una filmación en la que aparece la gran bailarina norteamericana y presenciar obras creadas por jóvenes coreógrafos invitados.


Errand into the maze


La excelencia de Martha Graham Dance Company no solo está basada en el acervo coreográfico que nos trajo, sino en la alta calidad de sus bailarines. Asimismo, especial fue la emoción de que el maestro Ramiro Guerra, discípulo en su momento de la Graham, estuviera presente durante la función del sábado 29.

 

Oscurio y claridad de ideas

Entre los talentosos coreógrafos congregados en La Habana con motivo del 25 Festival de Ballet ─María Rovira, Daniel Proietto y la pequeñita Ely Regina, entre otros─, llamó la atención de la prensa la colombo-belga Annabelle López Ochoa. Bien conocidas son algunas de sus piezas, como Celeste, con el Ballet Nacional de Cuba; Reversible, con Danza Contemporánea de Cuba, y Sombrerísimo, con el Ballet Hispánico de Nueva York.


Oscurio.


La gala inaugural nos mostró su última creación para una compañía cubana, Oscurio, que estuvo a cargo de Viengsay Valdés y Ariel Martínez, con bailarines del cuerpo de baile del Ballet Nacional. López Ochoa, quien trabaja con metódos colaborativos, juega con el símbolo de los cisnes y todo lo que ello puede significar en el mundo de la danza. La labor especulativa en torno a los cisnes es todo un enigma que nos propone la coreógrafa: ¿Bien y mal? ¿Un divertimento? ¿El anti cisne? Estas y otras formulaciones podrían hacerse alrededor de esta obra que nos deja ver un especial trabajo con las extensiones por parte de los bailarines. Las contrapartes negras y blancas se dejan disfrutar en una pieza muy especial, donde brillan los solistas y sus contrapartes, y por momentos el cuerpo de baile parece quedar un tanto olvidado.

Al día siguiente, en la conferencia ante la prensa acreditada, López Ochoa tuvo otro momento brillante, al explicar el estreno de la noche anterior con palabras más claras. Fue una dicha para quienes tuvimos la posibilidad de escuchar a esta creadora, una de las personalidades más importantes que nos visita con frecuencia desde los últimos años.

 

Bailarines de excelencia

De toda la oferta del festival, lo que más llamó la atención del público, como suele ocurrir, fueron los bailarines, tanto los visitantes como los del patio.

Entre quienes nos visitaron, descolló la limpieza técnica y la belleza escénica de la rusa María Kochetkova, primera bailarina del American Ballet Theatre y el Ballet de San Francisco. Del mismo modo brilló la cubanita Grettel Morejón, quien desde la gala inaugural se adueñó del público en su interpretación de Vals junto a Rafael Quenedit, el cual también la acompañó en La fille mal gardée y Romeo y Julieta.

 


María Kochetkova (Ballet de San Francisco), junto a Joel Carreño (Ballet de Noruega)
en Chaikovski pas de Deux

Las actuaciones de Joel Carreño (Ballet Nacional de Noruega), Osiel Gouneo (Ballet de Múnich) y Javier Torres (BNC y Northern Ballet) fueron muy bien recibidas por los espectadores y, de algún modo, resultaron fuente de animación para el evento.
La presencia de un grupo de varones del más alto valor, formados todos en las esencias de la escuela cubana de ballet, fue un fenómeno que valió el Festival. Las actuaciones de Joel Carreño (Ballet Nacional de Noruega), Osiel Gouneo (Ballet de Múnich) y Javier Torres (BNC y Northern Ballet) fueron muy bien recibidas por los espectadores y, de algún modo, resultaron fuente de animación para el evento.

No es posible dejar de aplaudir a la cubana Sadaise Arencibia, quien se destacó en personajes que demandaban una fuerte carga lírica, y Anette Delgado, toda una presencia en la escena del Festival.


Un festival para Viengsay

Desde su primera aparición como el cisne negro de Oscurio ─una obra con exigencias de excepción─, esta tremenda bailarina nos mostró que está en la plenitud de su carrera, con muchos matices en sus posibilidades técnicas e interpretativas. Luego vendrían Un concierto en blanco y negro, El Corsario, El lago de los cisnes, Paquita y el Don Quijote junto a Osiel.

Durante otras ediciones del evento, he escuchado decir que es el festival de Viengsay Valdés, en especial, en las ocasiones que bailó con Carlos Acosta. Es muy difícil establecer comparaciones absolutas cuando el tiempo se interpone en el medio, pero el nivel de plenitud mostrado a lo largo del festival que acaba de asumir el nombre de la gran Alicia Alonso, ha sido muy alto en todos los sentidos y merece ser referido.


Alicia Alonso, acompañada por María Elena Llorente, Félix Rodríguez, Aurora Bosch y María Rovira.


Larga vida al festival

Quienes hayan tenido la ocasión de seguir día a día las labores de esta edición número 25, habrán podido constatar la importancia de este evento para la danza nacional y la cultura cubana en general.

Es una pena que aún no existan las condiciones para ofrecer, al cierre u otro momento, una función masiva a precios módicos que pueda saciar las ansias de ver y apreciar ballet que existe en nuestra población. Si ello fuera posible, todos estaríamos más satisfechos.