Aires de Roa

Originalmente, Viento sur fue publicado en 1953 por la Editorial Selecta, de La Habana, con ilustraciones de dos grandísimos pintores cubanos: René Portocarrero y Raúl Milián. Hoy, una importante selección de aquella antología regresa, gracias al Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, integrando la colección “Homenajes”. A través de Ediciones La Memoria (donde también se ha publicado recientemente Mi desquite, cuya reseña aparecerá muy pronto), los lectores interesados en política, en estudios socioculturales, y sobre todo, aquellos ávidos por la Historia de Cuba, encontrarán valiosos testimonios.


 

 

Raúl Roa (1907- 1982), nieto del Teniente Coronel Ramón Roa, fue, para decirlo pronto, un hombre vibrante, prolífico y encantador. Amigo personal de figuras entrañables para los cubanos, como Julio Antonio Mella, Rubén Martínez Villena, Rafael Trejo y Pablo de la Torriente Brau, se vinculó al movimiento revolucionario antimachadista, y desde entonces, su carrera (su vértigo más bien) de oposición a toda manifestación de coloniaje no cesó nunca.

Fue, también, un notable escritor, y es amplia su bibliografía, de la cual sobresalen Bufa subversiva, La revolución del 30 se fue a bolina, Aventuras, venturas y desventuras de un mambí, Una semilla en un surco de fuego, la selección del libro Pluma en ristre, de Pablo de la Torriente Brau, así como la compilación, el prólogo y las notas de Con la pluma y el machete, de Ramón Roa. Viento sur, considerado por el propio Roa gemelo en su estructura y espíritu de Bufa subversiva —sobre la cual dijera Pablo de la Torriente en carta del 9 de diciembre de 1935:  “[…] Lo mejor del libro es que se parece a ti, desordenado, brillante, inquieto”—, reúne (en esta ocasión) cerca de 60 textos, agrupados en cinco capítulos: “Espíritu del tiempo”, “Desfogues tropicales”, “Vendimia en borrasca”, “Remolinos de la fantasía” y “Proa al viento”. Todos los artículos (cartas, reseñas, denuncias, declaraciones de adherencias) están fechados entre 1939 y 1953. 

Roa, llamado desde 1960 el “Canciller de la dignidad”, apelativo dado por el periodista costarricense Mario Ramírez (según se afirma en el libro Raúl Roa y la Universidad de Nuevo León, del autor Samuel Flores Longoria, publicado en el año 2013, en Monterrey), será recordado no solo por sus aportes literarios, su firmeza política y su incondicional adhesión a la revolución, sino también por su sentido del humor.

Sin esconder la vasta cultura que poseía, Roa no disimuló su apego al vocabulario y a gestos populares. En sus páginas, aun cuando narre situaciones trágicas, dolorosas, o una denuncia enfebrecida, sobresale una gracia criolla para nada desdeñable. Consciente de esta virtud, declaró a Ambrosio Fornet en la famosa entrevista que publicara la revista Cuba, en 1968, titulada Tiene la palabra el camarada Roa: “No me queda otra alternativa que reconocerlo: el tipo más simpático soy yo”. Se refería, claro está, a la generación del Treinta. En el renglón anterior, había dicho: “El mayor farsante de la generación del 30 es Aureliano Sánchez Arango”. Así de filoso es el estilo de este autor.

Viento sur, con muchos de los dibujos de Portocarrero y de Milián, y con ilustración de cubierta que reproduce la caricatura que le hiciera David en 1969, nos invita a repasar una historia donde caben Martí, España, Franco, Stalin, Vasconcelos, Martínez Villena, Pablo de la Torriente, Jorge Mañach, entre otros, y de cuyas cuartillas finales conocemos el momento exacto de la fundación del Directorio Estudiantil Universitario. Un libro, en fin, que nuestro público lector agradece, y del cual aprendemos en más de un sentido.