Adoro encontrarme las fotografías, no las planifico

No fue un bate de béisbol ni un violín lo que tomó en sus manos siendo un niño. Ni siquiera pudo dedicarse a la música como su padre, Rey Guerra, porque fue una cámara fotográfica la que le cambió la vida.

Al principio fue un juego pero después su vida se enrumbó seriamente. Y hasta la fecha, donde quiera que esté, Gabriel Guerra Bianchini descubre fotos a su paso, sin buscarlas, sin planificarlas.
 

 Gabriel Guerra Bianchini
Bianchini, entrevistado por otros medios cubanos. Foto: Cortesía de la autora
 

“Yo me caracterizo por trabajar en crudo, me encanta descubrir la luz en el momento. Adoro encontrarme las fotografías. Ni siquiera cuando me invitan a los ensayos de un concierto, por ejemplo, analizo las posibles imágenes a tomar cuando se realice.

“Mi trabajo no es planificar las fotografías, es buscarlas en el momento en que se producen”.

Corres riesgos…

-Sí, el riesgo siempre se corre. Puede escaparse alguna pero no hay nada más lindo que sorprenderte tu mismo con el lente de tu cámara. Ninguna de las imágenes que amo de esos momentos privilegiados que he tenido en mis coberturas de eventos culturales para diferentes medios fueron planificadas o previstas. Yo prefiero la espontaneidad.

Mencionarle a Leo Brower, a Santiago Feliú, (a quien desde niño conocía y le llamaba Kanki), a Pablo Milanés, a Silvio Rodríguez, a Paco de Lucía…y a otros tantos músicos es abrirle la tapa a los recuerdos. Han sido mucho los momentos emocionantes de su vida, ligados a la música, “esa que nunca pude hacer yo”.
 

La esperanza de Bianchini. Foto: Abel Rojas Barallobre / Cubahora
 

Y es cierto que a Bianchini (ya el público lo conoce por su segundo apellido) lo podemos encontrar en cualquier teatro, cine, galería, plaza…porque sus fotos aparecen en revistas y otros medios de comunicación.

“En Cuba la vida cultural es intensa, aquí pasan muchas cosas y no estoy seguro de que todos sean conscientes de eso. Se realizan conciertos, presentaciones, exposiciones, coloquios, grabaciones de discos…un montón de proyectos únicos en el mundo, y que mis fotos sean el testimonio de esos grandes acontecimientos a mí me complace mucho”.

Desde el pasado 16 de noviembre y durante un mes, la Plaza de la Catedral exhibe la mirada precisa de Bianchini en la exposición Es la esperanza. Fue un regalo a la Ciudad Maravilla, a La Habana toda, la de sus habitantes y la de quienes la visitan.

“Todo el mundo tiene sueños y utopías, y muchos en esta ciudad van a buscarlos en el mar. Se sientan en el malecón y ahí yo los encuentro. Esa fue la motivación principal de estas gigantescas imágenes que en cada arco de esta plaza preciosa sorprenden al caminante.

“Me gusta que así sea. Que el arte inunde los espacios urbanos; es maravilloso. Así lo viví en Francia durante los festivales de fotografía, y me parecía justo en el aniversario 498 de la fundación de esta villa. En una galería la exposición no hubiera surtido el mismo efecto.

“Yo también lo disfruto mucho porque nadie sabe que soy yo, el artista, quien se sienta por ahí a mirar las caras de los transeúntes. Asisto todos los días a una inauguración de la exposición, viéndolo así”.

Bianchini no cesa de crear detrás de su lente. Esparcirá esta idea de las imágenes en las ciudades. Impulsará el proyecto Mi Habana elegante, para defender el desnudo en el espacio público. Y otras ideas se escaparán de sus ojos azules y, cuando apriete el obturador, llegarán a nosotros, de otra manera.