Acosta Danza, claro que sí
Fotos: Kike
 

La aparición de Acosta Danza ha despertado grandes oleadas de emociones y opiniones. Fundada en Cuba por quien ha sido una de las estrellas del panorama mundial de la danza y conformada por bailarines de procedencia clásica o contemporánea, subió al escenario del Gran Teatro de La Habana “Alicia Alonso” en premier que ha desatado —en idénticas proporciones—, aplausos y encontronazos.

Hace muchos años Carlos Acosta soñaba con regresar a su país y fundar una compañía con talento cubano. Los aplausos recibidos en los más exigentes circuitos danzarios no le hicieron olvidar sus raíces, todo lo contrario. A sus esfuerzos debemos las presentaciones del Royal Ballet en La Habana, una de las grandes compañías del mundo, que nos trajo como regalo los clásicos en plena vitalidad, con bailarines capaces de transmitir los conflictos de sus personajes y que ejecutaban saltos espectaculares solo si la pieza lo requería, con vestuarios y escenografías sin rastros de polvo. En fin, una visión renovada del ballet en diálogo con la tradición, pero sin olvidar que vivimos en el siglo XXI.


Diana y Acteón / Selección Clásica
 

Luego llegaron noticias de la aparición de la autobiografía de Carlos, Sin mirar atrás. Supimos que era un best seller en el Reino Unido, pero solo hemos leído un fragmento publicado en la revista Tablas, a raíz de que le fuera entregado el Premio Nacional de Danza. Un amigo que lo leyó me dijo: “ese libro es la prueba de que, gracias a la Revolución, el hijo de un obrero negro pudo convertirse en una gran figura del ballet”. No entendía el por qué no se había publicado en Cuba. Hasta el día de hoy no encuentra respuesta.

Carlos era presencia esperada en los Festivales de Ballet de La Habana. El rumor de sus actuaciones corría de boca en boca porque apenas eran promocionadas. La presentación de El borracho nos permitió verlo en una cuerda bien diferente a la de El corsario, espectacular en la última, con más exigencias histriónicas la primera. En cada ocasión, los aplausos fueron atronadores.

Acosta Danza se ha materializado en pocos meses. Se ha criticado el hecho de que se conformara con bailarines de otras compañías, como el Ballet Nacional de Cuba (BNC) y Danza Contemporánea de Cuba (DCC). Aquí se han intercambiado opiniones encontradas, y me parece que hay razones de todas las partes.


Majísimo / Selección Clásica
 

Creo que es una suerte que una figura como Carlos Acosta haya decidido regresar a Cuba, y creo que al Ministerio de Cultura le correspondía apoyarlo. Si yo hubiera sido bailarina, claro que me hubiese encantado compartir el escenario con un bailarín como Carlos. Ahora, tampoco podemos darnos el lujo de contribuir a desmembrar  las compañías nacionales.

Es mejor que esos jóvenes estén con Carlos Acosta a que se vayan del país, dicen algunos, y es cierto. Mañana vendrán empresarios extranjeros en busca de nuestros bailarines y no podremos negarnos a la firma del contrato, dicen otros; y también es cierto. ¿Alguien imagina qué hubiera sucedido si el BNC o DCC hubiesen suspendido funciones porque una parte considerable de sus bailarines se fueron para Acosta Danza? ¿Quién indemnizaría a un programador foráneo si una de esas compañías tuviera que suspender una gira por esa causa?


Alrededor no hay nada / Selección Contemporánea
 

Los bailarines se forman en las escuelas, pero cada agrupación organiza un sistema de entrenamiento de acuerdo a sus aspiraciones creativas. Es ahí, en la diaria convivencia con bailarines de mayor experiencia, con la exigencia de los maitres, en el diálogo con coreógrafos de diversos signos estéticos, al calor de la Historia de la compañía, donde crecen artísticamente. Eso exige largo tiempo de trabajo duro, constancia y rigor.

Algunos se preguntan por qué Acosta Danza no fue a buscar bailarines a las escuelas. No tengo respuesta para eso, pero sé que la agrupación ya ha sido programada en escenarios internacionales, el mundo quiere ver la compañía cubana liderada por Carlos Acosta.

Estos hechos me permiten poner en blanco y negro algunas cuestiones que hace ya un rato flotan en el panorama danzario de la Isla; y es que urge analizar el estado actual de la danza cubana. ¿Cuántas compañías justifican con su trabajo la subvención que le otorga el Estado? ¿Cuántas estrenan en el año? ¿Cuántas temporadas realizan? ¿A cuánto asciende la nómina de cada una? ¿Cuáles son los derechos y deberes de los bailarines y de las compañías? ¿Son coherentes los sistemas de contratación de los bailarines con el momento que vive el país? ¿Es posible detener el éxodo de bailarines de nuestras compañías? ¿Vale la pena entrenar a un bailarín durante años para que luego se vaya a otra compañía sin tener en cuenta los compromisos contraídos?


 

Como apreciará el lector, hay mucha tela por donde cortar en este asunto. Urge buscar respuestas entre todos, pero debemos hacerlo ya: la danza cubana no puede seguir esperando, pues corre el riesgo de quedarse estática, como la muñeca de Coppelia.

Por lo pronto, Acosta Danza es ya una realidad. La temporada de premier fue un éxito de público, y muchos lamentaron no alcanzar entradas para el Coliseo del Prado habanero. Los bailarines lucieron bien, algunas coreografías me gustaron más que otras; lo cierto es que ya comienzan a hacer historia.