¿Académico?

La Academia Cubana de la Lengua ha cumplido 90 años de fundada. A propósito de ello, se ha hecho más visible en los medios de comunicación, pues habitualmente es muy poco conocida y menos recordada, aun en los ambientes intelectuales. Si alguna vez me preguntan por la institución, es porque unos la suponen sociedad secreta y otros, una especie de club británico donde se reúnen escritores que han alcanzado la categoría de clásicos vivientes.

Cuando vio la luz en 1926, gracias a las gestiones de Fernando Ortiz y José María Chacón y Calvo —quienes ofrecieron la dirección al decano de los intelectuales cubanos: Enrique José Varona—, esta fue concebida para el estudio y defensa de la lengua española en la Isla y, en segundo término, como correspondiente de la Real Academia Española, es decir, para responder a las consultas que sobre el idioma le hiciera la centenaria entidad con sede en Madrid, sobre todo para la confección de su Diccionario.

Por aquellos días, el novelista Carlos Loveira, uno de los académicos fundadores, declaró a un periodista:

Somos muchos los cubanos interesados en atajar la avalancha de anglicismos que la influencia norteamericana y el esnobismo de algunos inconscientes sin cesar arrojan sobre nosotros. La Academia correspondiente puede ser una de las armas más eficaces de que pueden disponer los elementos intelectuales de Cuba para facilitar sus esfuerzosen el sentido indicado. Lo anterior, desde luego, sin mentar el constante aporte de nuevos giros, los cuales, después de pasar porel tamiz académico, pueden enriquecer la lengua común, y la labor de aprecio y limpieza, de valorización, por mejor decir, del ya inmenso vocabulario de modismos americanos que no de modo muy correcto y acertado encierra el Diccionario de la Lengua.


Foto: Kike 


Resulta llamativo el hecho de que las preocupaciones del autor de Generales y doctores no fueran muydiversas de las actuales. A diferencia de algunos puristas de su tiempo, empeñados en que el habla cubana no se distanciara de la tradición castiza, él apostaba por una expresión constantemente renovada, en la que ciertos giros o vocablos, nacidos de circunstancias sociales y culturales nuevas, enriquecieran el idioma, a la vez que llamaba a tamizar la avalancha de anglicismos que la influencia norteamericana sobre la Isla hacía proliferar en el habla popular, por necesidad o por moda. En último término, se refiere al equívoco tratamiento de los americanismos en el Diccionario de la que lleva por lema “Limpia, fija y da esplendor” como una manera delicada de afirmar la existencia de una identidad americana que no puede volver a sujetarse a la antigua metrópoli. 
Las circunstancias de Cuba, desde 1926 a la fecha, han cambiado muchísimo. Si se vuelve la mirada atrás, la Academia puede exhibir una ejecutoria apreciable.

Las circunstancias de Cuba, desde 1926 a la fecha, han cambiado muchísimo. Si se vuelve la mirada atrás, la Academia puede exhibir una ejecutoria apreciable; baste con revisar lo escrito y publicado por Ortiz, Chacón, Dulce María Loynaz o Roberto Fernández Retamar. Sin embargo, su quehacer no es sencillamente la suma de obras individuales, por valiosas que sean.

La Academia Cubana actual, ensu sede del Colegio Universitario San Gerónimo, se reúne periódicamente ycontinúa laborando en favor del idioma de maneras diversas. Entre ellas, trabaja desde hace varios años con el Ministerio de Educación para perfeccionar la enseñanza del Español en todos los niveles. Con ese objetivo, no solo forma parte de comisiones ad hoc, sino que algunos de sus miembros han ofrecido cursos de superación destinados a profesores de esa materia.


Foto: Cortesía Academia cubana de la lengua


Además, con el convencimiento de que los medios de comunicación, especialmente la televisión y la radio, se convierten en modelos a imitar por el público, se ha vinculado al ICRT para, conjuntamente, poner remedio a los descuidos en la expresión, la chabacanería y otros males que van desde las incorrecciones al hablar de locutores y animadores hasta los disparates en algunos subtitulajes.

Hay una labor menos visible, que es la de los especialistas en Lingüística, quienes trabajan en proyectos como la confección de un diccionario escolar adecuado a las características cubanas, además de colaborar con otros empeños de la Asociación de Academias de la Lengua Española.
Si bien las sesiones ordinarias de la Academia son estrictamente limitadas a los miembros, cada año se ofrecen sesiones públicas, en las que se realizan ciclos de conferencias sobre escritores u obras relevantes de nuestra historia literaria.

No todos saben que si bien las sesiones ordinarias de la Academia son estrictamente limitadas a los miembros, cada año se ofrecen sesiones públicas, en las que se realizan ciclos de conferencias sobre escritores u obras relevantes de nuestra historia literaria.Así han sido homenajeados en años recientes Gabriel de la Concepción Valdés (Plácido), José Lezama Lima, Ramón Meza, Julián del Casal y José Jacinto Milanés. Hace pocos meses, un ciclo dedicado a ciertas revistas culturales del período republicano gozó de una amplia asistencia y fue reconocido como curso de postgrado.

A todo esto habría que sumar la labor divulgativa emprendida desde hace unos años, que incluye el funcionamiento de la página web donde se colocan materiales elaborados por los miembros y, a la vez, permite recibir y evacuar consultas del público. En la emisora Habana Radio tiene su espacio el programa Al habla con la Academia, dedicado a temas de esta asociación y al idioma en general.


Foto: Kike


En contra de lo que algunos suponen, un académico de la lengua no es alguien que pretende obligar a los demás a pronunciar la z y la j como si vivieran en Ciudad Real o en Burgos, ni se asusta de que a los pantalones de mezclilla les llamen “yins” (jeans), sino que procura cuidar, desde su formación como escritor o lingüista, ese organismo vivo que es el idioma, no para que sea puro —cosa imposible—, sino a la vez actual y lleno de rica tradición, expresivo, flexible, funcional y elegante, porque él es uno de los basamentos fundamentales de la sociedad y la cultura.