Abstractivos: poesía visual

En la sala transitoria del Museo Nacional de Bellas Artes de La Habana, se exhibe hasta febrero próximo la exposición Abstractivos, del Premio Nacional de Artes Plásticas 2015 Pedro de Oraá, único creador vivo que perteneció al grupo conocido como los Diez Pintores Cubanos Concretos.

Oraá (La Habana, 23 de octubre de 1931) es, a no dudarlo, un hombre de la cultura cubana porque, además de un significativo quehacer como pintor abstracto, ha desarrollado una intensa obra como poeta, narrador, ensayista y crítico de arte. Textos y poemas suyos, como El instante cernido, Tiempo y poesía, La voz de la tierra, Apuntes para una mítica de La Habana, Suma de ecos y la Vida secreta de La Giraldilla, entre otros, han sido publicados y traducidos al inglés, francés, alemán, polaco, ruso, búlgaro y sueco.

Premio Nacional de Artes Plásticas Pedro de Oraá
Pedro de Oraa y Elsa Vega. Fotos: Cortesía de la autora


Es realmente justo y merecidísimo haber concedido a Oraá el Premio Nacional que valida y consagra la obra de toda la vida, porque es poseedor y cultivador de una contundente obra y, además, se ha caracterizado por un quehacer sistemático, persistente, ininterrumpido y sin mucha estridencia.

“El artista tiene el don de ver con anticipación lo que sucederá a nivel social, lo que ocurre es que, a veces, la sociedad es quien no ve al artista”. Eso me dijo el Maestro instantes después arribar al Museo para el montaje de la expo: llegó sudado y en guagua —como decimos los cubanos al deficitario trasporte público—, desde la populosa y humilde barriada de Alamar, al este de La Habana, donde reside en un edificio multifamiliar, con un pequeño morral al hombro del que emergieron pequeños envases de plásticos “para dar un toque” a alguna de las piezas que pudo rasguñarse durante el traslado: una lección de ética y humildad.

Abstractivos es una muestra que —además de su excelente factura— sorprende por su desenfado, frescura, lozanía, y asombra sobremanera constatar que está realizada por un hombre que ya cumplió sus ¡muy bien conservados y lúcidos! 85 años de vida. 

La especialista del Museo Nacional de Bellas Artes, Elsa Vega —a cargo de la curaduría de la muestra—, subrayó en conversación exclusiva con La Jiribilla que “es un gran honor” para la institución recibir la obra de un verdadero maestro de la plástica cubana.

Abstractivos —comentó— comprende un poco más de 30 obras, casi todas ejecutadas en fechas muy recientes, o sea, no es una muestra de carácter histórico, retrospectivo o antológico, sino que el artista se concentró en la producción de sus últimos tiempos y, sobre todo, con una gran impronta de obras hechas, especialmente, para esta exposición.

“Pedro de Oraá se inserta dentro de la tradición de la pintura abstracta en Cuba; este Premio no solo honra una obra vasta, sólida y de probada calidad —que ha tenido por décadas—, sino es un homenaje a esa generación histórica de la abstracción en Cuba de los años 50, de la que fue un miembro activo y uno de sus máximos representantes.

exposición Abstractivos del autor Pedro de Oraá

 

¿Qué encuentra el espectador en Abstractivos?

La labor de un pintor abstracto de sobrada valía; una exposición que juega con los conceptos de lo atractivo y lo abstracto, de ahí el juego de palabras. Una obra que Pedro de Oraá ha sabido cultivar y cuidar muy bien. A partir de esta exposición se percibe cómo comienza a asomarse una nueva etapa encaminada a eliminar ese barroquismo de formas que solía tener. Se percibe que va hacia un tránsito más mínimal, incluso, con menos colorido: esta exposición definitivamente apunta hacia una nueva etapa en su obra.   

Oraá sobrepasa los 80 años de vida, y esta exposición sorprende no solo por la factura, sino por la juventud que emana de su discurso.

Pedro siempre ha sido un artista que, constantemente, ha tratado de reinventarse dentro de su propio discurso plástico, y este es un ejemplo evidente de esa transformación. Sinceramente, me sorprende la vitalidad que tiene como persona. Te cuento una anécdota muy curiosa y que dice mucho: el equipo de montaje del museo comenzó a articular la exposición sin la presencia del artista y, por el colorido y por el atrevimiento de las formas, pensó que era un pintor joven. Fue inmensa la admiración cuando vieron entrar a Pedro a la sala y constataron que tiene ya 85 enérgicos años.

Y con una lucidez impresionante.

Exactamente, y agregaría con una inteligencia extraordinaria, que lo ha llevado a ejercer la crítica de arte y a cultivar poesía. Esa simbiosis entre poesía y obra plástica es importante y, a veces, es imposible separar los límites, se confunden. La obra de Oraá es pura poesía visual.   

Morado, blanco y negro, con breves toques de rojo, son los colores que Oraá ha hecho suyos, lo que lo lleva a ser un abstracto muy constreñido.

Su paleta, efectivamente, siempre ha sido reducida y se ha movido en esas gamas. En Abstractivos están los dos últimos cuadros que ha pintado el Maestro, y nos damos cuenta de que el abigarramiento de las formas se va simplificado y su paleta se reduce aún más.

Esta exposición, además de la treintena de telas, cuenta con varios módulos…

Es que Oraá va hacia la tridimensionalidad. Son proyectos/maquetas de esculturas que él piensa materializar en un futuro, porque es un hombre que, a pesar de su avanzada edad, continúa con sueños y proyectos realizables. Eso me parece fabuloso. Son módulos escultóricos que, ojalá, se puedan realizar a mayor escala y emplazar en algún espacio urbano.


 


La abstracción en Cuba prendió en los años 50. ¿Qué ha pasado de entonces a hoy?      

Los años 50 fueron, básicamente, el momento en que la abstracción alcanzó mayor desarrollo y esplendor en Cuba, coincidiendo con lo que se hacía entonces en el ámbito internacional. Ese es el instante en que el arte cubano entra —por vez primera— en sintonía con lo que se está haciendo a nivel mundial.

“Luego, y durante unos cuantos años, la abstracción vivió un silencio: triunfó la revolución en el año 1959 y el arte fue por otros derroteros; hubo una mirada casi generalizada hacia la figuración, aunque algunos artistas —entre los que se incluyen Pedro de Oraá— continuó fiel a un discurso abstracto, como también lo fue el maestro Antonio Vidal, Premio Nacional en 1999 y desafortunadamente fallecido. En los últimos años, la abstracción cubana ha sabido reinsertarse de nuevo en el contexto de la plástica en la Isla. Hoy muchos creadores incursionan en la abstracción, y también en el mercado internacional la abstracción cubana ha cobrado particular relevancia dada su participación en importantes exposiciones que se han celebrado.

Oraá, por ejemplo, ha estado en recientes exposiciones realizadas en reconocidas galería de Londres y Nueva York. Siento que la abstracción ha cobrado revalidación como corriente artística en el contexto plástico isleño y fuera de fronteras.

Entonces, ¿puede hablarse de un abstraccionismo netamente cubano?    

Creo que sí, porque —aunque las influencias existen y en los 50 hubo muchas miradas no solo hacia la vanguardia parisina, sino a Nueva York con toda la corriente del expresionismo abstracto y del informalismo— poco a poco, dentro del grupo de los Once Pintores Concretos, cada uno logró un discurso muy personal. Por ello, sí podemos hablar de una abstracción cubana.

¿Considera que hay jóvenes que, con calidad, se inclinan hacia el mundo abstracto?

En los últimos años, muchos artistas han sabido aprovechar bien el discurso con una obra de probada calidad: Rigoberto Mena y Andy Rivero son dos excelentes ejemplos de sólidos pintores contemporáneos abstractos; y en los años 70, el maestro Santoserpa. Ahora existe un grupo de jóvenes que se inclina hacia la corriente abstracta.

Se especializa en arte abstracto, ¿por qué?

Cuando llegué al Museo —creo que por fortuna, aunque en aquel momento no lo pensaba en esos términos—, me encomendaron investigar la colección de los años 50. Desde entonces, llevo más de 20 años estudiando el tema y he intentado contextualizar el abstraccionismo cubano y darle la mayor visibilidad posible. Es una etapa del arte cubano que me encanta por su fuerza y trascendencia.

¿Proyectos profesionales más importantes para el año 2017?

En estos momentos estoy enfrascada en un proyecto internacional que lleva por título Adiós utopía, que hemos curando conjuntamente con dos prestigiosos especialistas: el crítico de arte y curador Gerardo Mosquera, y el artista de la plástica y Premio Nacional, René Francisco. Abordamos el arte cubano desde los años 50 hasta la actualidad; es un proyecto ambicioso en cuanto a la extensión del período histórico que estamos abordando. Va a itinerar por varias ciudades norteamericanas y se iniciará en marzo por el Museo de Bellas Artes de Houston.

¿Qué obras llevarán? ¿Algunas de las piezas pertenecen a los fondos del Museo Nacional de Bellas Artes?

Son piezas de colecciones privadas y de otras instituciones. Por el momento no ha sido posible incluir obras del tesauro del Museo; sin embargo, espero que en futuras ocasiones pueda ser.