A propósito del Nobel

Parece que la Academia Sueca de la Lengua quiere ponerse más a tono con el mundo patas arribas que signa a nuestra época. Hace tiempo ─desde mediados de la Guerra Fría, para ser más exacto─ viene jugando con una agenda sospechosamente política a la hora de tomar sus decisiones. Pero otorgar el Premio Nobel de Literatura a Bob Dylan supera los más osados pronósticos.  Por supuesto, si hubiera un Premio Nobel de Música, él sería uno de los candidatos obligados. Soy un gran admirador de su música, como de tantos otros autores estadounidenses, vivos y muertos. Sé también que Bob ha publicado textos bajo la influencia de la literatura beatnik, aunque desconozco esta línea de su obra. Es posible que algunos de estos textos puedan homologarse con el de otros reconocidos escritores de nuestra lengua; por ejemplo, Jorge Luis Borges, aun cuando la susodicha Academia lo ignoró todo el tiempo, como a tantos otros de relieve universal. Sin embargo, lo realmente revelador para mí del citado Premio Nobel 2016.  


Como es notorio, la Revolución rusa o de Octubre, como también se le conoce, tuvo su poeta en la figura y obra de Vladimir Maiakovski. La Revolución cubana, sin embargo, no tuvo un solo poeta, sino una cosecha de poemas de la autoría de varios autores, cuyo destaque en la literatura nacional de su tiempo atendía a diferentes tendencias y niveles de creación. Y he aquí por donde le entra el agua al coco. Si realmente existe un nombre que resume con su obra la poesía de la Revolución cubana, es el de Silvio Rodríguez, reconocido cantautor y fundador del Movimiento de la Nueva Trova.

Los cubanos, a veces, somos un poco “recorteros”, para no ser absoluto. Nadie se extrañe si un día el Premio Nacional de Literatura se le conceda a él, o a otro cualquiera que aún no tienen fichado para tal reconocimiento y no a uno de esos autores que escriben novelas y poemarios, géneros dilectos y propiciatorios para reconocer a tales elegidos. En fin, que los años que se avecinan auguran sorpresas en política, ciencia, tecnología, arte y literatura, hasta el presente impensadas por los que presumen de tener la más viva imaginación.