A propósito del concierto, de los 48 años, del homenaje Formell: ¿Profeta o renovador?

Pasando revista a los últimos cincuenta años de la música popular cubana y del mediterráneo caribeño dentro de sus fronteras y aún un poco más allá,  se me ocurre valorar los aportes que de alguna manera han hecho figuras de la talla de los Hermanos Palmieri, Juan Luis Guerra y los cubanos Chucho Valdés, Adalberto Álvarez y Juan Formell.

En espacio y tiempo creativo coinciden Formell, Chucho Valdés  y los hermanos Palmieri. Ellos comienzan sus carreras musicales justo en los comienzos de los años sesenta, coincidentemente todos frisaban los veinte años de edad y de ellos solo Juan Formell no había cursado estudios académicos de trascendencia, de hecho Formell declaró en una oportunidad que era “… el más grande autodidacta con suerte que había conocido en su vida…”. Entonces qué condicionantes hacen que estas figuras converjan en tiempo y espacio musical,  qué impacto ha tenido el aporte de cada uno de ellos ─los tres antes mencionados—dentro de la música latina y universal en general; cómo entender el fenómeno que cada uno de ellos creó y cuáles fueron las fuentes de las que partió el trabajo de cada uno de ellos.
 


 

De Chucho Valdés se han escrito tantas cuartillas, valoraciones y hasta tratados acerca de sus aportes a la música cubana de los últimos cuarenta años; en el caso de los Palmieri, se hace hincapié en Eddy, pero ellos funcionaron como un gran binomio que dejó huellas imborrables en el mundo de la salsa neoyorkina fundamentalmente. Pero Juan Formell es quizás el menos estudiado de ellos y es tal vez quien por más espacio de tiempo estuvo lejos de la atención mediática, pero sí en la órbita de estudio de los músicos.

Veamos, grosso modo, algunos de los aportes de Juanito a la música cubana y caribeña desde discretos acontecimientos musicales y/o sociales en los que se pudo haber involucrado. Este es un breve decálogo de su influencia en nuestras vidas:

En los años sesenta participa del movimiento de renovación a que se somete la canción cubana en general y que redundaría en la aparición de la Nueva Trova. Escribe canciones emblemáticas que populariza Elena Burke.

Asume sus influencias de la música norteamericana de los sesenta, de la brasileña y lleva todo eso a sus temas, donde combina elementos de la música afrocubana, dando origen a lo que él llamó  Afro Shake (más que género un modo de decir y escribir la canción).

Su experiencia como músico de sexteto primero y de atril posteriormente le llevan a combinar estructuras sonoras nuevamente que refleja en sus siguientes canciones y que de alguna manera están presentes luego en su trabajo como director de orquesta.

Una coyuntura histórica le lleva a asumir la dirección musical de la Orquesta Revé y ahí vuelve nuevamente a enrutar sus energías en la combinación de elementos sonoros, lo que da lugar a los Changüí de aquellos años tales como el Changüí Shake; el changüí 67 y los posteriores. Incorpora modificaciones en el trabajo armónico de los violines a partir de su visión del son, pero intentándose alejar del estilo de orquesta Aragón.

Su encargo creativo asume la crónica diaria de la vida del hombre común, del que cuenta sus sueños, aspiraciones, alegrías y dolores. Y así será en toda su discografía posterior.

Ha sido el único músico en la historia de la música cubana que ha logrado tener doce temas a la vez en las listas de éxitos nacionales por al menos cuarenta años… y parece que queda más…

Durante ese tiempo ha convertido los estribillos o coros de sus canciones en refranes y giros del habla cotidiana de los cubanos en cualquier lugar del mundo.

Uno de los temas de su orquesta (que no es de su autoría, pero sí su versión) fue por años el himno que identificaba a los becarios cubanos en la antigua URSS, el Guararey de Pastorita, que puede ser considerado el primer tema hit de salsa que conocieron los rusos.

Creo el Songo como estilo o forma musical, todo ello haciendo gala de una modestia tal que nunca excluyó a sus colaboradores más cercanos a quienes reconoció no solo sus aportes, sino que les agradeció haberlos acompañado en semejante aventura musical.

Es uno de los más grande soneros cubanos de la segunda mitad del siglo XX, como compositor y director de orquesta. Y ese mérito reside en el hecho de ser el que mayor capacidad de convocatoria generó en todos estos años, lo mismo a cubanos dentro como fuera de la Isla. Es la expresión completa de lo cubano hecho música. Al menos más de la mitad de la población de aquí ha bailado su música y es seguidor de su orquesta…

Hay para más…puede que sean profecías… puede que sean actos de renovación… pero de todas formas aquí todos somos Van Van… que se sepa…