26 Feria Internacional del Libro de Cuba: mejor que su ediciĆ³n anterior

Antes que Feria Internacional del Libro de La Habana prefiero llamar a este magno acontecimiento editorial Feria del Libro de Cuba, pues, como es sabido, ella llega no solo a la capital, sino a todas las provincias del país.

Aunque el tratamiento mediático sigue siendo “habano-centrista”, en esta 26 edición se prestó un poco más de atención a lo sucedido en el mal llamado interior del país sin que se lograra, es cierto, un análisis profundo que fuera más allá de la mención del número de títulos a presentar y las gastadas imágenes de los niños leyendo en los parques.


Presentación de los libros del Doctor Armando Hart, a quien estuvo dedicada la Feria, en Santiago de Cuba. Foto: Rafael Solís


Pero no cabe duda de que esta edición fue superior a la pasada. Se calcula que a ella asistieron 1 842 490 personas (117 704 más que el año pasado), lo que no quiere decir que todos estuvieran interesados en un evento que, en muchas ocasiones, se escoge para la recreación de la familia, olvidándose su propósito fundamental, que es el fomento de la lectura.

Sin embargo, las ventas alcanzaron 1 103 344 ejemplares, 239 490 más con relación al año pasado, lo cual indica que, a pesar de las quejas de algunos por los que consideran todavía altos precios de los libros en relación con el salario promedio de los cubanos, parece ser que aún se conserva en el país un alto interés con respecto al hábito de la lectura.

Preciso es recordar que, en Cuba, desde 1959, se ha publicado un aproximado de 1 107 billones de libros y que aun con el predominio actual de los audiovisuales, fue frecuente ver a los niños de todo el país, acompañados de sus padres, visitar los pabellones infantiles que se erigieron esta vez en todas las provincias de la Isla.

Pero también para los adultos hubo interesantes ofertas. Especialmente cabe mencionar los volúmenes de los autores canadienses, a cuyo país estuvo dedicada esta edición de la Feria.

Presente en el encuentro estuvo, entre otros, la notabilísima Margaret Atwood, tal vez la escritora viva más importante de Canadá en estos momentos, de quien se publicaron El quetzal resplandeciente y otros relatos, selección de narraciones breves donde la autora da pruebas de lo vigoroso de su estilo junto a su fino humor, y una Antología poética traducida por los Premios Nacionales de Literatura Cubana Nancy Morejón y Pablo Armando Fernández.

También muchas editoriales territoriales editaron y vendieron libros de importantes figuras literarias de la norteña nación, a la que nos une ese mosaico de identidades que, con su diversidad, conforman la idiosincrasia de cada uno de nuestros países.

Fue un justo reconocimiento dedicar la Feria al revolucionario y pensador Armando Hart Dávalos, de quien se publicaron un gran número de textos y a quien se dedicaron paneles en cada sitio del país que acogió a esta 26 edición del que algunos consideran el suceso cultural más importante del año en Cuba.


La Cabaña como recinto principal de la Feria en La Habana. Foto: Internet


Algunos han pensado que el programa de actividades de la Feria es demasiado abarcador y cuenta con demasiadas sedes, pero yo opino que es una manera de acercar a todos los públicos al acontecer literario de la nación, en lo que constituye el más importante punto de encuentro del libro con sus lectores y sus autores.

Buena iniciativa también me pareció la de recuperar un espacio para los recitales de poesía y la canción trovadoresca en la sede de San Carlos de La Cabaña. Aun cuando asistía poco público, resulta necesario dar un espacio a manifestaciones que parecen más desfavorecidas por la promoción tanto institucional como mediática.

El inevitable homenaje a Fidel fue también uno de los aciertos de esta edición. Muchos títulos de diversas editoriales se pusieron a disposición del público y entre ellos se destacan los dirigidos al público infantil y a los jóvenes, desde géneros como la historieta que van encaminados a proporcionar una mayor identificación con la obra y la vida del líder indiscutible de la Revolución cubana.

Con respecto a la clausura, opino que la prensa y la televisión no fueron lo suficientemente abarcadoras para un acto tan importante como el inaugural, trasmitido este último en vivo.

De lo que ocurrió en Santiago solo recibimos informaciones parciales y muy pocas imágenes de lo que, tengo entendido, fue un extraordinario colofón, donde se dio a conocer que la próxima edición estará dedicada a Eusebio Leal Spengler y a China como país invitado.

Conocemos de las limitaciones de espacio y recursos de nuestros medios de difusión masiva, pero aun así pensamos que si de verdad estamos ante el evento más importante y masivo de la cultura cubana, todavía queda a la prensa escrita y la televisión mucho por hacer en cuanto al verdadero reflejo de lo que es la Feria del Libro en toda Cuba.

Esperamos que en próximas ediciones no sea solamente el Noticiero Cultural quien cumpla la necesaria misión de mantener a los públicos informados, y profundizar con análisis y comentarios críticos sobre lo que ocurre no solo en La Habana, sino en todo el archipiélago, con este acontecimiento que comenzó en 1982 de manera bianual y que hoy se realiza anualmente con un tremendo impacto en la vida cultural de nuestra nación.